Grandes vinos para estas fiestas sin dejarte un dineral

Javier Luengo (@JavierGuiapenin)

Ya estamos en la cuenta atrás y aunque nos parezca mentira en un santiamén estaremos nuevamente celebrando la Navidad. Pero que no cunda el pánico, todavía hay tiempo si nos organizamos bien. Tenemos que planear cuál será nuestro recorrido de vinos de estas fiestas, tenemos que acertar y además debemos intentar no morir económicamente en el intento. Aquí les dejamos algunas ideas para disfrutar al máximo de nuestros vinos estas navidades, se trata de un recorrido de 7 vinos por diferentes tipologías, variedades y estilos.

Los eventos familiares que se concentran en Navidad, algunos deseados cuando se trata de nuestra propia familia y otros no tanto, son un buen momento para poner en la picota la increíble variedad de vinos que tenemos en España. Como en la música, muchas veces nos centramos únicamente en las marcas y canciones que conocemos, pero conviene salir de la atonía de consumir siempre el mismo vino y estilo. Vamos a dar un repaso a cómo podría ser una clásica velada navideña, y qué vinos podrían acompañarla. Hemos escogido los vinos que por categoría mejor calidad precio tienen, a partir de 93 puntos, es decir vinos que se salen de lo común.

El vino de entrada o aperitivo (consumimos en la cocina)

El vino de entrada es aquel con el que empezamos la jornada, al que podemos acceder una vez hemos apilado todos los abrigos, bufandas, guantes, etc., en alguna habitación de la casa y hemos besado a todos los presentes. Es el punto de partida de una larga, larguísima, noche familiar.

Este vino nos prepara para los primeros momentos del encuentro, esos en las que te acercas a tu cuñado para preguntar qué tal le va todo; o cuando asaltas la cocina para olisquear y meter la mano en algún plato antes de tiempo. Aquí les proponemos entrar por todo lo alto con un vino único por su tipología, un fino de Jerez, con sabor a espuma de mar, almendras y monte bajo, con una sensación salina agradable, fresca y con una boca compleja, con un fino amargor y una sensación punzante y seca al final. Y para ello nos vamos a un vino tan tradicional como reconocido, el Fino La Ina, que este año valoramos en la Guía Peñín 2020 con 95 puntos y que tiene un P.V.P completamente inconexo con su calidad, 6,19 €.

Segundo round, todavía no nos hemos sentado (tomamos posesión del salón)

A esta altura, si algún tipo de pereza le asaltaba antes de acudir a la casa de sus parientes, esta se ha disipado. Ya ha recorrido parte de la actualidad familiar de aquellos a los que hacía tiempo que no veía y probablemente esté a punto de cometer el clásico error de asaltar algún tema político. En este momento, y pasado el fino de entrada, podemos empezar a bucear en el mundo de la fruta, y para ello le sugerimos dejarse llevar por un rosado de la Ribera del Duero. Sí, ha leído bien, un rosado, ¡quítese ya esos prejuicios!. Nuestra propuesta es de color rosáceo pálido, al más puro estilo provenzal. Elaborado con tinto fino (así se llama al tempranillo en la comarca) y un pequeño porcentaje de la blanca albillo mayor. Se trata de Roselito 2018 RD (93 puntos) 10 €, uno de los rosados mejor valorados este año por el equipo de cata. Un vino soberbio en su categoría, con aromas a fruta roja bien presente, hierbas de tocador, lías finas y flores; y con una boca carnosa y sabrosa. 

Llega el momento de tomar asiento, arranca el espectáculo

Es probable que antes de tomar asiento ya tenga su propia estrategia para sentarse al lado de sus afines. Si no es así, le vendrá especialmente bien esta propuesta de vinos que viene a continuación y que le trasladará a las costas gallegas y a su frescor marino o quizá a las estribaciones de la Sierra de Gredos. Todo depende del camino que escoja a continuación. Así es, esta próxima propuesta es doble, una atlántica si la jornada gastronómica gira en torno al mar, y una continental, si la mesa se centra en platos de montaña.

Si entre mariscos y peces anda el juego, le proponemos un Rías Baixas excepcional, a un precio también excepcional, Eidos de Padriñán 2018 B (93 pts) 10 €. Se trata de un albariño que proviene de la zona más septentrional del Valle del Salnés, en la villa de Sanxenxo, donde se encuentra una pequeña bodega familiar que embotella poco más de 50.000 botellas al año. Este vino posee la frescura atlántica de los albariños de Rías Baixas, con un fondo mineral y de lía fina muy interesante que le aporta algo más que un trago fácil y fresco. Posee matices a fruta de hueso, cítricos, hierbas de tocador y flores. Su boca es fresca, sabrosa y llena, con lo cual no se quedará corto ante la tanda de mariscos que probablemente le acompañarán.

Si la mesa se centra en animales terrestres, les proponemos un tinto como alternativa, y no uno cualquiera, sino uno que destaca por su finura, elegancia y profundidad. Hablamos de Jiménez Landi Sotorrondero 2017 (94 puntos) 16 €, DO Méntrida, un vino elaborado al 70% con garnacha del pueblo de El Real de San Vicente y un 30% syrah de las parcelas de la casa situadas en el pueblo de Méntrida. Es un vino complejo, con notas de fruta roja madura, especiado, balsámico y con una rica acidez. Puede parecer sutil en un primer acercamiento, pero tiene una gran tensión y profundidad. Se trata de un vino que a pesar de sus 14,5º hará que la botella se termine en un santiamén. 

 

Hace entrada el plato principal

Llegados a este punto, hace entrada el plato principal, los niños de la casa ya deambulan nerviosos y ruidosos de un sitio a otro, mientras los adultos nos entregamos con generosidad a esta pantagruélica hazaña gastronómica. Los habrá que continúen centrados en el mar y sus riquezas y otros que opten por seguir hacia el ritual carnívoro. Si es de los primeros le sugerimos continuar por tierras gallegas, a través de uno de los más famosos albariños que se conocen, hablamos de Pazo Señorans. Concretamente de su Pazo Señorans Colección 2015 (94 puntos) a 18 €, un homenaje al blanco envejecido en botella. Se trata de un vino que no ha tenido contacto alguno con barrica, su complejidad viene de la mano de la crianza en botella, que asciende aproximadamente a dos años y medio. Al haber sido criado con sus propias lías, el vino posee una rica sensación grasa, un volumen que gana en complejidad con el paso del tiempo. En nuestra última cata de este fuera de serie, pudimos comprobar el excelente estado en el que se encuentra y su predominancia a mostrar fruta escarchada y notas de pastelería. Este vino es excepcional en todos los sentidos, y si fuese un blanco de centro Europa probablemente valdría hasta cuatro veces más de lo que cuesta.

En caso de saltar hacia una carne muy sabrosa, nos vamos a ir a un rinconcito de Castilla y León, para muchos lamentablemente desconocido, pero capaz de ofrecernos vinos con un alto significado del concepto tradición. Nos encontramos ahora a Fuensaldaña, Valladolid, donde unas ancianas cepas de tempranillo de entre 70 y 100 años crecen sobre suelos de arcilla y arena, protegidos por una capa de canto rodado en su superficie. Allí nació César Príncipe 2016 (95 puntos) 20 euros, un vino contundente y muy complejo, mineral en aromas, especiado, con ligeros matices lácticos y con una fruta negra y roja madura. La boca está muy equilibrada, con un tanino maduro, un fino amargor y un final muy persistente.

 

Brindis – una tradición indigesta

Ya casi lo tenemos, llevamos unas cuantas horas rodeados de nuestro familiares, y para cumplir con la tradición nos falta el postre y el brindis. Sabemos que en este último tramo muchos abandonan la contienda, sin embargo siempre nos quedará el brindis, el broche final a una jornada de excesos. Hedonísticamente hablando, el espumoso en este preciso momento no sería lo más aconsejable. Debemos de tener en cuenta que muchos ya habrán llegado a una sensación de hartazgo, por lo que la burbuja no nos ayudará precisamente. Si finalmente lo vamos a hacer sí o sí, conviene llegar a esta recta final lo menos lleno posible para disfrutar de un espumoso con complejidad. Para este momento hemos optado por Rimarts 2015 BN Gran Reserva (93 puntos) 14 euros, a pesar de un gran reserva se trata de un cava fresco, con notas florales y hierbas de tocador. La boca es sabrosa, con una buena acidez, acompañada por una burbuja fina y persistente. No se trata de un espumoso muy intrusivo, es sabroso, pero sutil, así que caerá de la mejor manera, teniendo en cuenta las circunstancias.

Nuestra velada nos ha permitido recorrer Jerez, Ribera del Duero, Rías Baixas, Méntrida, Cigales y Cava y todo ello sin alejarnos de los que se dice más nos quieren, la familia.

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