Surcando el Duero desde La Ribera hasta Arribes (I)

Javier Luengo (@JavierGuiapenin)

Los ríos, fuente inagotable de vida, pueden, con su influencia, definir el carácter y estilo de una zona vitícola. Uno de nuestros ríos más célebres es el Duero. Su recorrido por la península sirve de refugio para un número importante de zonas productoras de gran relevancia. Hoy nos proponemos surcar el Duero desde la Ribera del Duero hasta Arribes, pasando por Toro para saber un poco más acerca de la situación actual de sus vinos, aprovechando que publicamos los vinos catados de estas tres denominaciones de origen: Arribes (35 vinos), Toro (242) y Ribera del Duero (789).

El río Duero nace en Soria, en Duruelo de la Sierra, en su desesperada búsqueda del mar atraviesa directamente la Ribera del Duero, Rueda, Toro, Tierra del Vino de Zamora y Arribes, e indirectamente, a través de sus afluentes, Cigales, Arlanza, Valles de Benavente y algunos Vinos de la Tierra de Castilla y León, marcando con su presencia el estilo y la forma de ser de los vinos de cada zona de producción.

El primer punto de este viaje es la Ribera del Duero, bien conocida por todos los consumidores de España y una de las más conocidas de España a nivel internacional, con el permiso de Rioja, Cava, Jerez y Priorat.

La posición de Ribera del Duero frente a otras zonas productoras españolas es envidiable, pues sigue siendo para muchos consumidores españoles una de las dos opciones a la hora de optar por un vino tinto. Todavía es habitual ver cómo se coloca al consumidor frente a la tesitura de tener que escoger entre Ribera o Rioja cuando pide un chato de vino tinto en una taberna urbanita. Una costumbre de otra época, cuando los menos duchos en el mundo del vino desconocían la gran diversidad de zonas productoras y ni digamos estilos que pueden llegar a disfrutar. Hoy España ha cambiado, sus vinos han cambiado y el nivel de acceso a la información ha sido el principal precursor de estos cambios.

Los vinos de la Ribera del Duero no cambian todo lo que deberían. Solo algunas bodegas son conscientes de los fantasmas que aquí les persiguen: excesos de madurez y sobrecarga de madera. El Ribera del Duero de hoy sigue resaltando, al igual que hace diez años, el sello de la crianza, algo que acaba de restar importancia a su diversidad orográfica. En los últimos años hemos visto cómo algunas bodegas históricas y otras recién llegadas van ajustando más sus tiempos de crianza, una tímida respuesta que puede ser el inicio de una tendencia y por tanto un punto de inflexión de total relevancia para la zona.

No es casual que hablemos de que los dos grandes fantasmas de la zona hayan sido durante años la madurez excesiva y el abuso de la madera. Muchos bodegueros pensaban erróneamente que los altos grados alcohólicos de sus vinos debían ir acompañados de altas dosis de roble, un error conceptual cuando sabemos que cualquiera de estas dos tendencias, de forma aislada, imposibilita la lectura más importante y valiosa: la del propio terruño. Y ya no digamos si combinamos las dos.

La Ribera del Duero posee rincones muy singulares y una diversidad hasta la fecha muy poco explorada por sus productores, y totalmente desconocida por los consumidores.

Hoy les proponemos hacer una subdivisión de la región en cinco grupos en función de su posición en estos rangos de diversidad. La etiqueta global de la Ribera del Duero, el más genérico de todos, es donde caen muchos de los vinos que catamos todos los años. Los cuatro restantes son como el día y la noche, completamente opuestos y diferentes.

Mapa de la Denominación de Origen Ribera del Duero

Tenemos el interesantísimo polígono que forma La Aguilera con La Horra, Roa y Pedrosa del Duero, marcado en el mapa de color rosa. Es la Ribera del Duero de los páramos y la tierras calizas, responsable en su mejor expresión de la combinación entre contundencia, expresión frutal y una característica tensión en boca que otorga electricidad a sus vinos. Aquí tenemos productores que han dado todo el valor a esta zona, los históricos Hermanos Sastre en La Horra, Dominio del Águila de Jorge Monzón en la Aguilera o Viña Pedrosa en Pedrosa del Duero.

Nuestro tercer grupo proviene de los viñedos de altitud de Soria, marcado en azul en el mapa y también de Peñaranda del Duero (Burgos). Son vinos de inusitada frescura, gran complejidad y una capacidad de guarda todavía no muy extendida, muy a nuestro pesar. En este rincón de la Ribera del Duero, encontramos viñedos muy viejos, de los que te dejan sin habla, asentados en valles, laderas o páramos, sobre suelos arcillosos, porosos, con mezcla de caliza y arena, y sobre todo a una altitud que hace que el estilo del vino se vea notablemente alterado (próximos a los 1.000 metros). Dominio de Es, 12 linajes o Dominio de Atauta son buenos referentes de las maravillas que nos trae el terreno y su altitud si se trabaja concienzudamente.

Viñas viejas en Roa

Continuando por nuestro recorrido de zonas emblemáticas de la Ribera del Duero, hacemos parada en los viñedos de Segovia, marcado en verde en el mapa. Se trata de la zona menos conocida y explorada, apenas hay cuatro bodegas en los cuatro municipios que completan el paisaje de la denominación de origen: Aldehorno, Honrubia de la Cuesta, Montejo de la Vega de la Serrezuela y Villaverde de Montejo. Sus viñedos se encuentran también próximos a los 1.000 metros de altitud, como en Soria, y cuentan además con diversidad de suelos. Aunque se están haciendo trabajos interesantes, como es el caso de la bodega Severino Sanz, todavía falta exprimir un poco más el terreno para buscar la excelencia en este paraje tan singular.

Por último y para cerrar el círculo, nos queda el margen derecho del Duero, en el dibujo que deja la carretera Nacional-122 desde Peñafiel hasta Quintanilla de Onésimo, marcado en el mapa en naranja. Allí no solo se encuentran bodegas de gran prestigio internacional como Vega Sicilia, Pingus, Pago de Carraovejas y Abadía Retuerta (esta última fuera de la D.O.), sino que además cuentan con un viñedo que va ganando en calidad conforme vas ascendiendo en altitud hacia el sur, hasta alcanzar los 800 metros. Se trata de la milla de oro de la Denominación de Origen, un lugar donde se aglutinan muchas de las grandes y más reconocidas bodegas en una especie de Hall of Fame Burgalés.

Esta lectura de su panorama elaborador arroja la posibilidad de alcanzar grandes progresos en los años venideros. No de forma aislada a través de determinadas bodegas, sino de forma conjunta y más contundente.

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