Komokabras amarillo 2016, paisaje líquido de Barbanza e Iria

Vino de la Tierra Barbanza e Iria /I.G.P
100% albariño
Bodega: Adega Entreosrios

Que el vino en Galicia atraviesa un buen momento es innegable y así se viene reconociendo cosecha tras cosecha, guía tras guía, a través de sus altas puntuaciones. Conocíamos el trabajo de algunas pequeñas bodegas de la jovencísima I.G.P. Barbanza e Iria (2007) como la responsable de nuestro siguiente nominado a vino revelación Guía Peñín 2019: Adega Entreosrios.

Komokabras Amarillo 2016, es una apuesta franca y llena de valor. El vino llegó a nuestra copa de forma sincera, fresca y directa. Se aprecia en él una exquisita sencillez, pero no nos confundan, que cuando aquí hablamos de sencillez lo hacemos apreciando la grandeza que puede llegar a tener el mostrar un vino sincero, desnudo, que busca cautivar al consumidor sin ornamentos.  Su afilada acidez vino precedida de una gran frescura en nariz, con ligeras notas a hierbas de monte, como si algo de su entorno estuviera adherido a nuestra copa. La boca entró directa, como una flecha, al tiempo que poco a poco el vino se iba haciendo más grande en boca conforme pasaba el tiempo. Fue sin duda un flechazo entre el vino y los catadores y esa es la razón de que hoy lo encuentren aquí. Komokabras Amarillo 2016 representa los ideales de los jóvenes enólogos de ahora pues conjuga tradición y cierta osadía en su elaboración.

Muchas veces tan importante es la calidad del vino como la historia que subyace detrás de él. Un vino, si es elaborado con mimo y pasión posee algo de sus creadores. Y los creadores en el vino son, a partes iguales, su entorno, su variedad y las personas que lo elaboran, es decir el terruño + la energía vital de su creador.

Les invitamos a trasladarse a un idílico lugar llamado A Pobra do Caramiñal en la comarca de Barbanza, junto a la orilla norte de la ría de Arosa. Allí hace más de 42 años Francisco Crusat, abogado de profesión, se enamoró de una casa de campo, donde se imaginó viviendo rodeado de campo y viñas. Un lugar en el que “cuando llegó la familia apenas se podía acceder en coche y obligaba a hacer a pie el último tramo para poder llegar a la casa….”.

Adega Entreosrios

Amante del vino, Francisco se vio en sus primeros años comprando vino a los lugareños y al poco tiempo se planteó, por qué no, elaborar él mismo el vino, sin más pretensión que hacerlo lo mejor posible para su familia y amigos. Y así fue como se fue moldeando la Adega Entreosrios. Inicialmente empezó a comprar uva a los vecinos y poco a poco a adquirir pequeñas parcelas de su entorno hasta juntar las 3 hectáreas de viñedo que trabajan a día de hoy y que suponen el 70% de la uva que trabajan. El otro 30% restante la adquieren a dos viticultores de la zona desde más de doce años. Las cosas funcionan así en Barbanza, y que así sea. La bodega es un mano a mano entre padre e hijo, entre Francisco y José. Cada uno aporta su sensibilidad y su gusto por diferentes trabajos. Así es como en la bodega podemos encontrar vino que llevan un estilo más tradicional como podría ser Altares de Posmarcos (94 puntos en su cosecha 2013) y estilo más afín a la filosofía de Francisco y otros más raciales, afilados y atrevidos, como la línea Komokabras que llevan el sello indiscutible de su hijo José.

Komokabras, una nueva línea de vinos

Se trata de la versión más informal y atrevida de la familia. Aquí el padre decidió dejar hacer a su hijo José. El nombre viene como un homenaje a su padre pues “fue un loco al ir a la aldea cuando la tendencia era abandonarla e ir al pueblo más cercano, comprando una casa donde no había ni luz, ni camino y también porque esta línea rompe un poco con lo que se hacía en la bodega hasta la fecha”, dando paso a una etapa librepensadora y menos convencional.

Entraron pues en escena acideces más altas, vinos menos gordos y menos ornamentales. Como todo joven elaborador las inquietudes de José estaban ahí, así que pronto empezó a transformarlas en realidad. El primer Komokabras que salió al mercado (Komokabras Blanco) fue de la cosecha 2014, un blanco oxidativo que todavía no se ha vuelto a elaborar, ya que al siguiente año se apostó por explorar un nuevo vino que llevaría por nombre Komokabras amarillo, y no contaban con espacio suficiente para elaborar los dos vinos a la vez, así que sacrificaron el blanco por el amarillo, así de sencillo. Este vino fermenta en barricas usadas de 2, 4, 6 u 8 vinos, “dependiendo de cómo veamos cada barrica”. El vino no hace maloláctica así que conserva intacta su brutal acidez de forma que sea ésta y el paso de tiempo (microxigenación) la que haga el trabajo de darle volumen y cuerpo al vino, pero siendo afilado y directo. Como para muchos otros bodegueros para José la acidez es imprescindible para garantizar un buen envejecimiento. “Todavía no sé cuánto tiempo aguantará este vino en botella porque me falta experiencia pero podría decirte que cinco años los aguanta de sobra…”.

Francisco y José Crusat, padre e hijo al frente de Adega Entreosrios

Los primeros pasos que la bodega dio en viticultura fueron una premonición de lo que habría de llegar. La familia empezó a seleccionar las cepas más viejas del lugar para recoger madera y poder clonarlas. Aunque hoy día estos trabajos son asumidos con normalidad por muchas importantes bodegas, no lo eran en absoluto en el entorno y en la época en la que empezaron a hacerlo.

Entreosrios no elabora vinos de parcela, fermenta toda la uva junta y a mitad de proceso deciden qué porcentaje de vino utilizarán para una u otra marca, añadiendo u omitiendo pasos en su elaboración: maloláctica, crianza con lías, barrica, tinaja…

De esta cosecha 2016 han elaborado únicamente 950 botellas, si bien en la 2017 ya han embotellado una cantidad algo superior (3.000 botellas) aunque todavía escasa para que puede llegar a buen puñado de amantes del vino.

comments powered by Disqus