Majuelo Los Picones 2016, primer nominado a Vino Revelación 2020

(Javier Luengo @JavierGuiaPenin)

Cerradas las catas de la Guía Peñín 2020 y a las puertas de que salga a la venta el nuevo anuario de la Guía Peñín con el que cumplimos los 30 años de vida, nos proponemos acercarles algunos de los vinos que más nos han sorprendido a lo largo del año. Se trata de los candidatos a convertirse en el Vino Revelación de la Guía 2020. Este reducidísimo grupo de vinos deben cumplir dos requisitos indispensables para optar a la candidatura  de Vino Revelación: por un lado, que hayan sido catados por primera vez por el equipo de cata en la presente edición y, por otro, que representen algo relevante en el mundo del vino.

No resulta fácil localizar un Vino Revelación, requiere en gran medida estar al día en todas las elaboraciones presentes en el mercado y sobre todo tener la capacidad de ver en determinado vino ese halo de atrevimiento y determinación que caracteriza a estos aventureros. Como bien sabemos los amantes del vino, no existe un único camino para conseguir un gran vino. Lo habitual es seguir uno ya conocido, abierto hace mucho tiempo por bodegas de larga tradición, pero abrir uno nuevo es algo mucho más complejo, pues no suelen tener la certeza de que la ruta emprendida de forma aislada y sin la protección de un grupo termine en éxito.

Los nominados a vino revelación del año son siempre vinos de gran calidad, con la salvedad de que su llegada al panorama vitícola puede servir como referencia y marcar un punto de inflexión en las tendencias actuales de elaboración, curiosamente muchas veces sin ser realmente conscientes de ello. 

Nuestro primer nominado, Majuelo Los Picones 2016 B (93 puntos) de la bodega Isaac Cantalapiedra, reúne dos conceptos ansiados por los más modernos elaboradores y por los llamados wineloveristas: el “poco intervencionismo” y “la representación del territorio”. Lo curioso de los vinos de mínima intervención es que la gran mayoría, a medida que los dejan a su libre albedrío, se van alejado de su vinculación del origen, pues afloran en el vino otros matices derivados de la no intervención, especialmente potentes. Si quiere conocer un poco más acerca de las complejidades a la que estos vinos tienen que hacer frente, le recomendamos leer este artículo. Sin embargo, en este Majuelo las cosas se han hecho especialmente bien.

La bodega Isaac Cantalapiedra es una figura a tener en cuenta en lo que a verdejos se refiere. Podríamos hablar de que se trata de un productor de Rueda si hubiera decidido embotellar con el sello de la denominación de origen, pero no es así, en su lugar, como muchos otros ya hicieron, optaron por el contraetiquetado de Vino de la Tierra de Castilla y León. Para este pequeño productor el gran trabajo se centra en la viña, viticultores de hace varias generaciones, poseen un viñedo de gran valor enológico en la milla de oro del viñedo de Rueda, en la Seca, con suelos pedregosos.

 

Lo más llamativo de esta bodega y del vino que hoy les presentamos, Los Picones 2016, es que se adentra con pulcritud en el mundo de los vinos poco intervencionistas, y lo hace con cabeza, con limpieza y con mucha supervisión. Sólo así consigue acercarte al concepto puro del verdejo, planteándose el vino como un producto que posea frescura y longevidad.

En la bodega, trabajan padre e hijo: Isaac Cantalapiedra, cabeza de familia, siempre ha sido viticultor, al igual que lo fue su padre, así que toda la parte de campo recae en sus espaldas; y Manuel Cantalapiedra, el joven que se encarga de la enología y de todo el trabajo menos agradable que hay detrás de toda bodega, la comercialización. Con una gran energía vital, Manuel tiene su ideal de vinos puesto en los vinos borgoñones de Mersault y Puligny-Montrachet, en los blancos de Loir o los riesling de la Mosela, referentes que poseen un nexo común: la frescura y verticalidad del vino. La Seca no es la Mosela, pero su objetivo es encontrar toda la frescura posible en cada una de sus elaboraciones. Para ello, según nos comenta, cada vez vendimia antes. Su trabajo en bodega limita el uso del sulfuroso como agente protector del vino, limitándolo a tan solo 45 miligramos que añade en el embotellado en el caso de este Majuelo Los Picones. Pero, ¿cómo es posible que el vino aguante?. Para Manuel tiene una explicación: “nosotros no trabajamos en atmósferas inertes, dejamos que durante la elaboración se oxiden las partes oxidables y luego las sacamos. Al vino hay que acostumbrarlo a que tenga relación con el oxígeno. Si lo aislamos, en cuanto el vino toma contacto con el oxígeno, sufre más. Sin embargo, si ya le has sometido a un proceso de oxidación controlada, su posterior contacto con el oxígeno no se deja sentir tanto”.

A nivel de cata, este Majuelo Los Picones 2016 B arroja los matices poco intervencionistas de su elaboración y también aromas producto de su fermentación con pieles, posee un aroma a frutas maduras, que recuerdan al membrillo y ricas notas de levaduras. Igualmente se aprecia un fondo a piedra seca y ligeros aromas cítricos a bergamota madura. La boca es sabrosa, envolvente y fresca. Su final es mineral y persistente. Es un vino que no deja indiferente, con expresión varietal de fondo y un final que goza de tensión.

De esta cosecha, apenas se han elaborado 3.014 botellas, así que, si quieren probarlo, deberán darse prisa porque con total seguridad durará muy poco en el mercado.

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