Los Vinos de Podio de la Guía Peñín 2020

Carlos González (@CarlosGuiaPenin) y Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

La Recata de la Guía Peñín, con la que definimos el Podio del año, ha pasado como un huracán por nuestra mesa de cata, dejando para el recuerdo un importante grupo de vinos que entrarán a formar parte de la historia del vino de nuestro país. A lo largo de tres días de gran intensidad, los cuatro catadores que forman la Guía Peñín han debatido y han expuesto el argumentario de cada uno de los vinos para finalmente establecer una puntuación definitiva. 57 vinos han visto aumentada su puntuación en esta segunda evaluación de los vinos, con subidas incluso de tres o cuatro puntos, lo que supone haber pasado por varias fases de cata, la comparativa con los vinos de 94, con los de 95, 96 y 97... De las misma manera, 76 vinos vieron también su puntuación reducida tras el ejercicio, si bien estas bajadas fueron en su mayoría de un punto de variación con respecto a su cata inicial en su zona de producción.

En esta nueva edición de la Guía Peñín 2020, con la que cumplimos 30 años de vida, nos encontramos con 254 vinos en el podio, 15 marcas más que el año pasado. Aunque pueda parecer poco, a estos niveles cada punto de diferencia es un mundo, mucho más significativo que la variación entre vinos de 88 a 89 o de 91 a 92.

Todos estas nuevas marcas y añadas contribuyen a forjar la leyenda de un país vitícola por caminos muy diferentes, lo que acaba por enriquecer la capacidad expresiva de los vinos de altos vuelos.

Definir el Podio de todo un año de catas supone establecer la fotografía actual más completa de la excelencia a nivel productor de todo un país, casi nada. Pero entremos de lleno al idílico universo de los vinos de Podio, aquellos vinos de los que siempre es un placer hablar, aunque apenas representen un 2% de todo lo catado en el año.

Seis vinos alcanzan la máxima puntuación en la Guía Peñín 2020

Por primera vez en nuestra historia, la Guía Peñín da su máxima puntuación (99 puntos) a seis vinos de muy alto espectro enológico y estilístico, cuyo gran mérito para nosotros han sido la obsesiva búsqueda de la calidad en el viñedo, la máxima expresión enológica de esa materia prima, el milimétrico criterio de elaboración afín al viñedo o a la singularidad de la elaboración que le corresponde, la capacidad de buscar la identidad y excelencia a través de diferentes interpretaciones y trabajos y, por último, su capacidad de destacar en cata comparativa entre sus iguales. Cada uno de estos peldaños es ya de por sí un mundo casi inalcanzable para los más experimentados elaboradores, pero estos seis vinos y las bodegas que los han concebido han sabido ascenderlos con total naturalidad, como si fuese lo más sencillo del mundo. Grandes vinos que quedarán en nuestra memoria.

Jerez, tan grande como es, nos ha dejado una joya máxima, un tributo al envejecimiento y a la crianza biológica y oxidativa, probablemente el vino con más vejez que se vende actualmente en España. Hablamos del Reliquia Amontillado de Barbadillo, la máxima expresión del paso del tiempo y del concepto “historia”. Lo tiene todo: tradición, tipología, vejez, complejidad. Un vino que no tiene semejante a día de hoy y que, por méritos propios, se hace con la máxima puntuación en la categoría de Generosos y Dulces.

Los vinos tintos y su abrumadora predominancia en los Vinos de Podio

Como es habitual, los vinos tintos secos siguen siendo mayoritarios en este selecto club: 115 vinos frente a 93 vinos generosos y dulces, 26 blancos o 19 espumosos. La zona de producción más representada aquí es Rioja (29 vinos), seguida de Ribera del Duero (27 vinos) y Priorat (11 vinos).

Dos vinos tintos han alcanzado este año la máxima puntuación de Guía Peñín hasta la fecha, 99 puntos, con dos concepciones y estilos radicalmente opuestos. Hablamos del prioratino  Les Manyes 2016 de la Bodega Terroir al Limit y de La Nieta 2016 de Viñedos de Páganos. Ambos vinos rozan la perfección, si es que existe, y lo hacen con dos formas de trabajar muy diferentes, uno desde la búsqueda de la identidad de la zona a través de una elaboración poco intervencionista, hablamos de Les Manyes, y el otro volcado en una enología que permita que el tiempo coloque la esencia de su terruño donde le corresponde. En ambos casos sus trabajos de viticultura son impecables y prioritarios.

Aunque aparentemente contrapuestos, los dos llegan al mismo fin, lo cual nos demuestra que no hay una única teoría para la excelencia en el vino. Para aquellos que deseen saber más acerca de los vinos que han alcanzado 99 puntos comentarles que estamos preparando un artículo donde desgranaremos los 6 supervinos del año.

 

Ocho tintos han rozado los 99 puntos, dos más que el año pasado. A partes iguales Ribera del Duero y Rioja dominan este grupo con tres vinos cada una, si se nos permite incluir Viña El Pisón 2017 -98 puntos-, que por otros asuntos ajenos a su origen etiqueta como Vino de Mesa, pero que no deja de estar donde está, en pleno corazón de la Rioja Alavesa. Las Beatas 2016 (Compañía de Vinos Telmo Rodríguez) y Quiñón de Valmira 2017 (Bodegas Palacios Remondo), ambos de la DOCa. Rioja, son una oda a los vinos parcelarios.

Ribera del Duero saca músculo en este universo de vinos cuasiperfectos con tres auténticas joyas, con estilos también contrapuestos. La finura del Pingus 2016 (98 puntos) es sobrecogedora, de las que te hacen enmudecer, probablemente la mejor añada catada hasta la fecha de esta creación universal del danés ribereño Peter Sisseck. Vega Sicilia, un icono del concepto de vinos de lujo, ha dado la campanada este año con el estilo clásico y atemporal de su Vega Sicilia Único Reserva Especial, un vino de mezcla de cosechas que construye el vino a partir de añadas complementarias, en este caso 2008-2009 y 2011. Canta la Perdiz 2015 (98 puntos) de Jorge Monzón cierra este círculo sublime con un Ribera del Duero de libro, que aúna tensión, estructura y equilibrio, en un ejemplo único de cómo debe ser un auténtico vino de la Ribera del Duero sin caer en los excesos.

La Faraona 2017 (98 puntos) de Descenciendes de J. Palacios y la expresiva cariñena de Mas Doix, 1902 Centenary Carignan (98 puntos), cierran el apoteósico universo de los mejores tintos de la Guía 2020.

Blancos eternos pero todavía escasos

Resulta abrumadora y reveladora la notable diferencia entre el número de vinos tintos de Podio frente a los blancos. En el caso de los blancos secos, solo 26 vinos alcanzan el mundo de Podio. Esta categoría está gobernada en clara dominancia por los productores gallegos. Rías Baixas y  Valdeorras representan mucho más de la mitad de los vinos en este rango de puntuaciones (14 vinos).

En esta edición 2020 de la Guía Peñín, dos vinos han alcanzado los 99 puntos y, al igual que en los tintos, lo consiguen haciendo lecturas diferentes del concepto de blanco eterno. Rafa Palacios nos conquistó con su Suerte O Soro 2016 (99 puntos), un vino que representa la culminación de una vida dedicada a la elaboración de vinos blancos universales y planetarios. La trayectoria de este visionario del vino blanco español todavía ha de traernos grandes alegrías y de servir de ayuda a todos los jóvenes que, como a él mismo le pasó, se han obsesionado por una tipología de vinos en franca desventaja frente a los tintos. La otra lectura nos la dejó el Chivite Colección 125 2005, un blanco de larga crianza que pone sobre la mesa el papel del envejecimiento de los vinos blancos, algo que el año pasado ya hizo Marqués de Murrieta con su Castillo de Ygay 1986 y que también obtuvo 99 puntos Guía Peñín. En este camino del envejecimiento de los vinos blancos y su capacidad de expresión hay, a día de hoy, una denominación de origen en clara ventaja y no es otra que Rías Baixas, aunque todavía está por extenderse entre los productores este concepto de largo envejecimiento que, en su momento, abrió Pazo de Señorans con su Selección de Añada.

Tres blancos más abrieron entre los catadores un apasionante debate. El más singular de ellos, un vino de mesa de Bodegas Arzuaga, un blanco de crianza oxidativa del todo atípico pero cargado de complejidad. Se trata del Arzuaga Albillo 2007 (98 puntos), creado en la etapa de Jorge Monzón, que ha puesto sobre la mesa un nuevo concepto de vino en el que la albillo sí es capaz de mostrar alto nivel, algo que en el vino joven todavía está por demostrar. Se trata del primer blanco de la Ribera del Duero, al menos en el origen de las uvas, en alcanzar esta puntuación. Aprovechamos para animar a la Denominación de Origen a que este año culminen con éxito su apertura a la elaboración de vinos blancos con el sello de la DO. Hoy, por desgracia, tiene que ser etiquetado como vino de mesa. El godello de la bodega Dominio de Bibei (Ribeira Sacra) Lapena 2015 (98 puntos) y el Remelluri 2016 (98 puntos) de Telmo Rodríguez y Pablo Eguzkiza, en plena Rioja, también nos hicieron enmudecer y llegaron sobrados de calidad y expresión a debatirse el cielo de los 99 puntos, quedándose a las puertas por muy poco.

El primer año en que los espumosos sin DO superan a los de Cava

El 2019 será recordado como el año que en se culminó la escisión de los grandes productores de Cava hacia la marca colectiva Corpinnat, en un acontecimiento que se veía venir desde hacía mucho tiempo. Este cisma entre los productores de vinos con segunda fermentación en botella ha provocado que, por vez primera en Guía Peñín, el Podio de los vinos espumosos este presidido por más Vinos Espumosos sin DO (10 vinos) que con denominación de origen (9 de la DO Cava). El más sublime de todos ha sido este año el Gramona Celler Batlle Paraje Calificado 2005 BR GR, un último regalo a la DO antes de etiquetar todos sus vinos con el genérico vino espumoso, algo que nos deja en la paradójica situación de que sea un Cava de Gramona el más valorado de España, precisamente el año en que han anunciado su salida de la DO.

El cielo de la DO Cava será a partir del próximo año propiedad en exclusiva de la gama alta de Codorniu, Juve&Camps y ahora también Alta Alella, si no se da otro acontecimiento especial de gran relevancia en el seno de la DO a lo largo del año que ha de entrar. Hoy por hoy, todo puede ser...

Recaredo volvió a conquistarnos con sus vinos, y no solo con su Turó d’en Mota 2006 (97 puntos) sino también  con su Reserva Particular 2007 (98 puntos) que nos acerca, como es costumbre en esta bodega, al cava catalán, perdón por el error, más auténtico y representativo en cuanto estilo y tipología.

Una recata única de vinos rosados

Fue el año pasado cuando abrimos por vez primera la recata a los vinos rosados, hasta la fecha ausentes de las grandes puntuaciones entre la prensa especializada. En los últimos años, hemos visto cómo determinadas bodegas han decidido al fin dedicarle toda la atención que esta tipología merece. Para esta recata de rosados la puntuación mínima requerida fue de 92 puntos al ser una categoría nunca representada en los vinos de Podio. Por primera vez en la historia de Guía Peñín, un rosado entra en los vinos de podio, se trata del Viña Tondonia 2008 Gran Reserva, un vino esplendoroso y complejo, que abre él solo la puerta a un terreno inexplorado por los rosados españoles a través de expresión de la vejez. Igualmente notable fue la aparición del Chivite Colección 125 2011 y el Chivite Colección 125 2017, ambos con 94 puntos, en una declaración de intenciones por parte de la bodega, lo que el vino es en su salida y lo que puede llegar a ser tras su crianza en botella.

Sobre el Autor

comments powered by Disqus