Guía Peñín, 30 años de Historia: 1990

Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

La historia de Guía Peñín es la historia del vino español en los últimos 30 años. A través de las más de 28.000 páginas escritas hasta la fecha y más de 200.000 catas de vino español publicadas, este manual se ha convertido en cronista imperturbable del devenir cualitativo del vino en España. Hablar del origen de la Guía Peñín es hablar de José Peñín, quien personalizara en los primeros años de su historia el concepto de la prescripción propia del vino en España, algo solo reservado para los gurús de otros países. Pero también es hablar de un buen puñado de valientes, catadores, coordinadores, redactores, que en un segundo plano hicieron posible que todo estuviera ahí. Hoy la Guía Peñín es una guía de referencia para profesionales de dentro y fuera del país, y para consumidores que buscan una orientación ante la gran afluencia de marcas que copan las estanterías de las tiendas, sean especializadas o no, grandes o pequeñas superficies.

A lo largo del año me he propuesto resaltar todos los hitos vividos por el vino español y retransmitidos en directo por la Guía Peñín. Resultan reveladoras todas las líneas que de este estudio han salido, y muestran el calado de una publicación de origen español, que ha sabido abrirse un hueco a base de seriedad y cordura, a pesar de no ser originalmente de habla inglesa, y, por ende, más expuesta a la crítica y a las supersticiones propias de nuestro país, donde lo mejor siempre viene de fuera.

Como quedará reflejado en estas crónicas históricas de la Guía Peñín, esta publicación ha ido por delante de muchos otros medios internacionales, algunos de los vinos más reconocidos internacionalmente han sido avalados previamente por la Guía Peñín, algo que nos deja un gran sentimiento de orgullo. Aquí tienen la historia del vino español de los últimos treinta años, la hemeroteca de la que no debemos prescindir para entender el porqué de cada puntuación y de cada cambio. Los puntos de inflexión que llegaron y los que nos permiten intuir los que vendrán.

1990, el principio del viaje

En 1990 éramos modernos, o así nos considerábamos. Pagábamos en pesetas, y en música andábamos algo dispersos, Technotronic publicaba su famoso “Get up” (before the night is over), Sinéad O'Connor nos impactaba con su “Nothing Compares to You” y su video en el que se le escapaba una lágrima tan sentida como real, según los expertos. En mundos paralelos, la banda australiana AC-DC publicaba nuevo disco, con una canción que se convertiría en parte de la historia del rock de finales del siglo XX, “Thunderstruck”. En la televisión empezábamos a ver el Príncipe del Bel-Air, aunque algunos seguían aferrados a la seriedad impresa por Documentos TV, en aquel entonces bajo la batuta de Pedro Erquicia. En la gran pantalla se estrenaban películas como Ghost, que a muchos les hizo añorar el tradicional oficio de la alfarería, y muchas mujeres suspiraban por la elegancia y saber estar de Richard Gere en Pretty Woman.

Algunos jóvenes rompían sus vaqueros con la única finalidad de estar a la última y para los adultos, mostrar una imagen sería y profesional sólo se conseguía con una americana y una corbata de amplio espectro, amplias en el largo y en el ancho.

En esta época José Peñín lucía un actual look de los 90, con una poblada melena. Su deambular era más nervioso que de costumbre, algo se traía entre manos. Llevaba unos años metido en el mundo del vino como propietario de un Club de Vinos que le hacía moverse de aquí para allá en búsqueda de cosas diferentes, y este deambular le dio la idea de aventurarse a hacer un proyecto más ambicioso y personalmente mucho más atractivo. ¿Por qué no crear una guía de vinos con todas sus catas y valoraciones? Tras analizar los pros y contras, se decidió a dar el paso, y para ello necesitaría un buen equipo detrás.

La primera edición de la Guía Peñín se publica bajo el nombre Vinos y Bodegas de España. Aunque fundada y dirigida por José Peñín, contaba con otros catadores, como era el caso de Ana Sandoval y Antonio Morales.

Esta Guía, como bien cuenta José Peñín en su blog, nacía como respuesta a una creciente demanda de contenidos relacionados con el vino. Por aquel entonces, existían 36 denominaciones de origen reconocidas, frente a las 70 de hoy día, sin tener en cuenta las otras categorías como Vino de Calidad, Vinos de Pago y Vinos de la Tierra, hoy día presentes.

Antonio Morales y Luis García Torrens, catadores en la primera etapa de Guía Peñín

El sistema de puntuación iba de 0 a 10 puntos. Siendo el rango mostrado en la guía de entre 4 (Vino Corriente) y 10 (Vino Excelente), por no considerarse interesante mostrar los vinos de menor puntuación y, por tanto, no recomendables. Desde la primera edición ya se establece como premisa que las descripciones de los vinos no sean pomposas, ni largas, sino que simplemente remarquen lo más llamativo del vino, a fin de acercar al lector fácilmente el estilo de marca evaluada. En la primera Guía Peñín se cataron más de 2.400 vinos.

Eran tiempos en los que en Alicante se centraban en sus variedades locales, merseguera y moscatel para las blancas y monastrell, garnacha y bobal para las tintas, y se mantenía su fondillón como historia viva de sus vinos tradicionales. Nada hacía presagiar que en años venideros se impulsarían otras variedades como la cabernet sauvignon, syrah, pinot noir  o chardonnay, un efecto que pronto se dejaría notas en todo el viñedo español.

Años en los que el negocio de la venta a granel, obsesionado por el color y el grado en el vino, era más lucrativo y accesible para el común de los productores y que su presencia masificada impedía que buena parte de los productores se centrasen en el embotellado. La D.O. Empordà aparecía reflejado como Ampurdán (Empordà) - Costa Brava, esta última parte sería eliminada en el año 2006. También era el año en que Calatayud empezaba su andadura como Denominación de Origen. De ella se escribía entonces “que existía un horizonte prometedor para los rosados y tintos de garnacha, que podrían frenar la recesión sufrida durante años por esta comarca”.  Cariñena se adentraba hacia nuevas plantaciones de tempranillo para dotar a sus vinos de capacidad de envejecimiento. Costers del Segre, creada en 1983, debía su existencia al impulso de una sola bodega, Raimat, que contaba en los 90 con más de 1.000 has. de viñedo, suficiente para impulsar una D.O.

Bierzo, con apenas un año de vida como denominación de origen, se presentaba como “poco organizada vitícolamente”, y sus vinos no eran tan llamativos como lo son ahora. A  Jerez y a Montilla ya se las distingue como las zonas vinícolas más elevadas de España, especialmente de la primera, como fruto de la una experiencia de siglos. Los vinos más puntuados de esta edición fueron el PX 1830 de Alvear (9,5 puntos), que por aquel entonces costaba 3400 pesetas; Fino La Ina (9 puntos, 700 pesetas); Sibarita Palo Cortado (9 puntos – 1700 pesetas); Venerable PX (9 puntos-1500 pesetas), de Pedro Domec; PX Añejo (9 puntos – no indicaba precio), de Scholtz Hermanos; y Fino Gran Barquero, de Pérez Barquero (9 puntos – 400 pesetas). Precisamente el PX 1830 de Alvear extendería entre las bodegas con más antigüedad el embotellado de vinos dujo, de viejas soleras que se mantenían escondidos en las bodegas. 

La Mancha de entonces, tan plurivarietal como es ahora, estaba centrada en el cultivo de la uva airén, a la que se dedicaban casi en exclusividad, con la salvedad de una cencibel (tempranillo) que en estos años va creciendo considerablemente en “fincas modélicas de gran extensión”. Es interesante el descontento de sus productores por haber quedado fuera de la región delimitada por el cava. Precisamente las primeras palabras escritas acerca de Cava hacen mención al “extraño mapa integrado por áreas tan dispersas como Aragón y Rioja”, al tiempo que productores de otras zonas reclamaban para si el concepto de cava como sistema de elaboración.

Rioja, “envidiada, prestigiosa, histórica, estandarte de los vinos españoles de calidad” se mantenía al margen de cualquier incursión varietal que no fuesen sus uvas autorizadas. Qué paradójica vemos ahora la aceptación de la verdejo con las premisas que marcaban su dirección de entonces. Sin embargo, con todo, ha sido junto a Jerez, la D.O. que más ha protegido sus uvas históricas hasta la fecha.

En los 90 la obsesión de Rioja era la exportación y se realizaban importantes esfuerzos por abrirse camino en los mercados externos, todo un acierto y un trabajo que le daría un fuerte impulso en los años venideros. El reinado de los mejores tintos de la zona giraba en torno al concepto clásico riojano, con  excelentes ejemplos en Viña Albina Gran Reserva 1982, Monte Real Gran Reserva 1970 o Imperial Gran Reserva 1981, todos ellos con una magnífica puntuación (8,5 puntos sobre 10). Se embotellaban algunos vinos de parcelas determinadas, pero aún no habían llegado los tiempos en que las viñas con nombre y apellido se convertirían en protagonistas del vino.

Ningún vino blanco, tinto o espumoso alcanzó los 9 puntos en esta edición. Resulta llamativo que ya en la primera edición de la Guía se mencionase Cebreros como Denominación Específica Provisional. Desgraciadamente la falta de determinación y quizá también la desidia, les impidió ser más resolutivos en su búsqueda por la obtención del calificativo Denominación de Origen Calificada, que consiguieron finalmente hace bien poco. Vega Sicilia enviaba en esta primera edición Vega Sicilia Único, aunque no como mezcla de añadas, como lo conocemos ahora, sino como Gran Reserva de 1979 (8 puntos – 5.000 pesetas).

Dado que la primera edición de la Guía fue comprada por Banesto casi en su totalidad –de 25000 ejemplares impresos tan solo nos quedamos con 500– la segunda edición se dio por descontada, con la salvedad de que en ella ya no contaríamos con un mecenas, lo que hizo que la Guía se convirtiese en bienal y abuscara un sustento económico con la venta de etiquetas dentro del manual y con la venta de ejemplares en las librerías de nuestro país.

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