Valdeorras en el punto de mira

Javier Luengo (@javierguiapenin)

Hemos vuelto un año más a hacer un recorrido por los vinos de Galicia. A lo largo de una semana hemos podido catar los vinos de las denominaciones de origen Valdeorras, Ribeira Sacra y Rías Baixas, a través de cerca de 400 muestras, una semana intensa que nos ha mostrado las fortalezas y debilidades de estas singulares zonas productoras.

Nuestra primera parada en Galicia tuvo lugar en Vilamartín de Valdeorras, allí se encuentra la Denominación de Origen Valdeorras, una de las zonas que más ha crecido cualitativamente en los últimos años gracias a la singularidad de sus vinos blancos con la variedad godello como protagonista.

La clave del éxito comercial de estos vinos blancos obedece a un cúmulo de situaciones. Por un lado, el hastío de muchos consumidores por los vinos blancos más comerciales que inundan las tabernas de media España, con precios, dicho sea de paso, imposibles de combatir para el común de los productores. El boom del blanco comercial fue todo un éxito para muchas bodegas capaces de mecanizar hasta el último de sus procesos. La tecnología, como no, ha contribuido a este fenómeno, pues permitió a determinadas zonas de producción amplificar su producción, homogeneizando productos y dando un valor importante a las levaduras comerciales, responsables de muchos sabores y olores en el vino. Esta excesiva homogeneización de producto hizo que una pequeña parte de consumidores de vino blanco se aburriesen soberanamente del efecto mil vinos y un sabor, y cayeran en brazos del godello valdeorrés, y eso a pesar de que los precios de producción y, por tanto, de venta de una botella de vino en Valdeorras son ampliamente superiores a los de estos vinos comerciales.

La segunda cuestión que convirtió a Valdeorras en el nuevo dorado del vino blanco fue la singularidad de su paisaje y su estilo diferenciador. En Guía Peñín fuimos testigos de las primeras señales de que el cambio se iba a dar en esta pequeña zona productora y asistimos con complacencia a un nuevo éxito comercial del vino español. Sin embargo, en este último repaso a sus vinos empezamos a encontrar señales de que algo no funciona como debiera.

Valdeorras no puede, por mucho que quiera, competir con los vinos blancos de altísimas producciones de otras zonas de España. Y no puede porque la compleja orografía de su viñedo se lo impide. Otro aspecto a tener en cuenta es que Valdeorras está encajada geográficamente, por lo que no tiene capacidad de crecimiento en superficie de viñedo. Este factor limitante afecta a dos variables:

El éxito comercial que esta viviendo la zona, los altos precios que se pagan por el kilo de uva de godello (1,5 euros aproximadamente), y la incapacidad de plantar más viñedo, a veces les llevan a un exceso de carga productiva en las cepas, por lo que los vinos van perdiendo la capacidad de expresión que los ha hecho famosos. Para solventar este problema de expresión aromática y gustativa están cayendo en un uso excesivo de levaduras seleccionadas que empiezan a marcar otros patrones aromáticos en los vinos, como la aparición de notas tropicales antes poco representadas en sus vinos.

El segundo factor que supone un escollo a superar, y este parece menos fácil de solventar, es el sometimiento de los productores a las leyes del mercado, que demandan, cada vez antes, los vinos del año, desechando los vinos de añadas más viejas si en su etiquetado no indican como poco una crianza en barrica. Se puede llegar a entender que el mercado manda, sin embargo el modelo sería más sostenible si se pudiese establecer una ruptura parcial con los vinos del año, guardando buena parte de su producción para sacarla con algo más de tiempo en botella y, por tanto, mucho más hechos y expresivos. Porque recordemos que los vinos gallegos tienen el don de mejorar en botella, algo que no en todas las zonas productoras de España sucede.

Esta coyuntura del vino de godello made in Valdeorras la está sabiendo aprovechar muy bien una denominación de origen vecina como es Bierzo, que están trabajando intensamente en desarrollar vinos blancos de godello y, todo hay que decirlo, cada vez con mejores resultados, por lo que la urgencia en replantearse el modelo de negocio empieza a ser evidente.

Valdeorras es un lugar impresionante, mágico, con una capacidad de mejora indiscutible si se enfoca hacia el modelo correcto, y el mejor ejemplo de lo que aquí exponemos lo encontramos en uno de los más notorios productores de vino blanco de España, Rafael Palacios. En nuestra visita tuvimos oportunidad de recorrer con él las viñas del Valle de Bibei y O Bolo y entender un poco mejor la infinita capacidad expresiva de los vinos que allí nacen. El apellido Palacios es, sin duda, toda una institución en cuanto a vinos singulares se refiere y lo es por méritos propios, pues han querido trabajar en favor de la diferenciación allá donde se encuentra la familia, Priorat, Rioja, Bierzo y, lógicamente, Valdeorras.

Lo suelos de composición granítica, junto con los pizarrosos, son los más característicos de la DO

Rafael Palacios llegó hace más de 19 años a Valdeorras, muy pocos si se tiene en cuenta que en el mundo del vino cuesta mucho tiempo convertir un proyecto en mito. Sin embargo lo consiguió, cosecha a cosecha empezó a hacerse notar y sobre todo a ubicar en el mapa vitícola mundial a esta pequeña denominación de origen. El éxito acumulado por sus elaboraciones fue construyendo su seguridad y fortaleza, y fueron forjando la figura del elaborador de prestigio. Sin embargo, en este dulce camino hubo un punto de inflexión, un hecho que marcó un antes y un después en su forma de entender el vino. En la cosecha 2017 se dio de bruces con una helada devastadora que le hizo perder más de la mitad de su producción. Charlando con él pudimos apreciar cómo este acontecimiento le ha marcado profundamente, entendiendo que el hombre no es nada si se compara con la fuerza de la naturaleza. Ahora se le ve más tranquilo, más observador, menos impetuoso, y es que el campo transforma a las personas como lo hace con las propias uvas. 

Viñedo O Soro de Rafael Palacios, próximo a O Bolo

Trabajando más de 30 hectáreas de viñedo, con diferentes suelos y exposiciones, entiende que las viñas han de permitirle solventar los problemas climáticos en determinados momentos. Interpreta con maestría la esencia de cada viña, con la finalidad de embotellar vinos únicos, elegantes y representativos. Este camino le ha llevado a trabajar en biodinámica y a creer que hay que recorrer todos los caminos que te acerquen al viñedo, pues es ahí donde se encuentra el secreto del éxito. Tampoco Rafael Palacios se aleja del dictamen comercial, y necesita poner a la venta las nuevas cosechas, a pesar de que sus vinos se encuentran sobradamente preparados para aguantar el envite del tiempo. Con todo, las nuevas cosechas que pudimos catar con él son 2017 y 2016, además de la más actual añada de su Louro do Bolo, 2018. También tuvimos oportunidad de repasar la evolución de alguno de sus vinos a través del tiempo.

Es llamativo y esclarecedor ver cómo su Louro do Bolo 2016, al que hace dos años valoramos con 92 puntos, está a día de hoy vigoroso y expresivo, transformando el vino joven y sencillo de entonces, en un fuera de serie de 94 puntos, y con capacidad de seguir creciendo en el tiempo. ¿No les entran ganas de conservar un tiempo estas botellas en su bodega para ver lo que sucederá? 

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