Ribeira Sacra, la eterna promesa toma fuerza

Javier Luengo (@javierguiapenin)

Existe una delgada línea divisoria entre el viñedo de Valdeorras y Ribeira Sacra. Tan delgada como la silueta serpenteante del río Bibei a su paso por el Valle do Bibei. El río divide a ambas denominaciones de origen, dibujando una estampa sobrecogedora.

Nuestro recorrido por la Denominación de Origen Ribeira Sacra, arrancó con la cata de cerca de 60 vinos de la DO. Lo más llamativo de los vinos de la Ribeira Sacra es el salto cualitativo que han dado en los últimos años. En nuestras visitas anuales de hace más de siete años los vinos adolecían de un exceso de rusticidad, verdores astringentes, acidez descompensada y también una excesiva reducción. La fotografía de hoy día es bien diferente. En pocos años los productores han sabido dar un vuelco a sus elaboraciones para transformarlas en vinos más equilibrados y expresivos, algo no exento de complejidad en un entorno tan salvaje como este.

Nos encontramos en una zona donde el trabajo en viña es heroico por las grandes pendientes de su viñedo. Aquí, la viticultura es muy cara, no hay posibilidad de mecanizarla, al menos allá donde siempre hubo viña. La singularidad del paisaje, la diversidad de suelos, y la riqueza varietal que aquí existe son únicas. Algo que saben muy bien un grupo de selectos elaboradores de la zona, capaces de dar un notorio salto cualitativo a los vinos con el sello de la Denominación de Origen.

Sistema utilizado para transportar la uva en vendimia

Hasta hace muy poco tiempo en la Ribeira Sacra se daba especial importancia a la elaboración de vinos tintos del año, de hecho todavía son mayoría en sus embotellados. Muchos de los bodegueros elaboraban para consumo propio o para comercializarlo a nivel muy local, por lo que su intención era darles salida lo antes posible para disponer de espacio en la bodega para la siguiente cosecha. Sin embargo, hubo quien ante la dificultad de hacer rentable tanto trabajo en viña con la simple venta del vinos jóvenes, entendió que la singularidad del paisaje y su diferencial frescura les permitirían hacer vinos de mayor envergadura. Atrapados por el enigmático paisaje empezaron a trabajar de diferente manera, con mucha pasión y esfuerzo, pues el entorno no es apto para viticultores y bodegueros acomodados. Uno de ellos fue Fernando González de Adegas Algueira, quien hace 30 años empezó a andar un camino casi inexplorado, convencido de las posibilidades que encerraba aquel entorno mágico. Tenía razón aquel soñador que decidió abandonar su confortable trabajo en Madrid para deslomarse en el campo y empezar a escribir la historia de una bodega única. Sabe como nadie que las verdades absolutas en el mundo del vino no existen, y que la experiencia en cada viña es la única forma de comprender el alcance de un vino.

Fernando González, de Adegas Algueira

A pesar de llevar la bodega desde hace más de veinte años, está convencido de que queda un mundo por recorrer para comprender todo lo que la Ribeira Sacra puede llegar a dar. Estos mismos argumentos mueven a otros importantes proyectos en la zona como Dominio do Bibei, Guimaro, Envinate, Fedellos do Couto, Millara o Adegas Moure. Todos ellos representan el futuro más plausible de una zona que todavía no ha tocado techo y a la que le esperan años apasionantes.

Poco a poco se van incorporando bodegas convencidas de que lo mejor está por llegar, si bien los avances aquí son lentos. Las condiciones de suelo de muchos de sus viñedos, en especial en el Valle do Bibei, hace que la naturaleza se tome su tiempo. Los suelos de esquistos, muy poco profundos, hacen sufrir a las plantas jóvenes que necesitan muchos años de aclimatación y lucha para salir adelante. Solo un ejemplo, en esta fotografía, podemos ver una cepa minúscula, que nadie podría pensar que tiene ya 5 años de edad.

Los vinos resultantes de estos trabajos son muy singulares y raciales. El tiempo se mide aquí con otro baremo, no sólo en la viña, como ya habéis podido observar, sino también en el vino. Fernando nos dio a probar vinos de añadas más viejas, como su Algueira Merenzao 2009, esplendoroso a día de hoy y sin atisbo de vejez ni en nariz, ni en boca.

Llegará un momento en que en muchos rincones del mundo empezaremos a ver instagramers colgar fotos sobre vinos de más de 20 años, acompañados de comentarios elogiosos, si bien todavía queda un mundo por recorrer.

La Ribera del Miño

Los ríos Miño y Sil son dos de las grandes influencias climáticas de la zona. Si en todas las grandes zonas vinícolas del mundo tienen un río, aquí en Ribeira Sacra tienen dos. Como es lógico, el río influye en el desarrollo de los suelos, que aquí son de carácter aluvial y de origen granítico y pizarroso, llegando a formar grandes desniveles a ambos márgenes.

El río Sil, antes de su unión con el Miño, dibuja un pasillo de viñas en ambos márgenes en lo que se denomina la subzona de Amandi, donde se encuentran las viñas de la Bodega Algueira. Por su parte, el río Miño, antes de absorber el agua y el nombre del Sil, forma la subzona Ribeiras Do Miño.

Adegas Moure, meandro de orientación sur en Cova

El paisaje allí también es espectacular, suelos de esquistos, graníticos en algunas partes, pendientes vertiginosas que hacen el trabajo mecánico literalmente imposible, y viñas que luchan por crecer en un suelo casi imposible. Este es el entorno de los cañones de la Ribera del Miño y un punto de encuentro para Adegas Moure. Se trata de una bodega familiar durante generaciones vinculada a la destilación y elaboración de vinos. Evaristo Rodríguez, propietario de la bodega, entiende la Ribeira Sacra como una zona en constante evolución y no le falta razón, pues se evoluciona en la comprensión de la viña al tiempo que entran en juego nuevos parámetros antes no explorados. “Climáticamente las cosas han cambiado, inicialmente costaba que las uvas madurasen, mientras hoy día has de tener cuidado para que tus uvas no sobremaduren”. Tal y como reconoce Evaristo, “se está evolucionando en el envejecimiento de los vinos de la Ribeira Sacra, con el uso muy medido de las crianzas en barrica y también con la ayuda de la crianza sobre lías en los blancos.  Los rendimientos en esta zona oscilan entre los 5.000 y 7.500 kilos como máximo, por lo que las producciones difícilmente pueden alcanzar los valores de zonas menos escarpadas y más mecanizables de la península.

Detalle de los suelos de esquistos, característicos de la zona

Gracias a todos estos trabajos, la DO se sustenta a día de hoy sobre unos sólidos pilares que permitirán, si el hombre no lo impide, el crecimiento sostenido de este rinconcito productor. Así es como, poco a poco, asistimos a una proliferación de bodegueros, muchos jóvenes, especialmente centrados en el trabajo en viña, y con unos embotellados que contribuyen a dar valor al conjunto. Sabemos que el tiempo en la Ribeira Sacra funciona de otra manera, la forma en que a nivel organizativo se afronten los cambios y la capacidad de adaptación a ellos y al entorno serán vitales en los próximos años, así pues seguiremos muy atentos a todo lo que allí se está haciendo.

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