Recorriendo los vinos de Rueda, Castilla y León y Cigales

(English version)

Seguimos de ruta por el viñedo español acercándoles las últimas novedades en las zonas catadas. Hoy paramos en algunos rincones de Castilla y León, cuna de grandes vinos. Concretamente les vamos a mostrar las catas de los Vinos de la Tierra de Castilla y León (160 vinos), Rueda (278) y Cigales (43), a través de las luces y sombras de cada una de estas zonas de producción, capaces de tanto muchas veces y tan poco en otras. Esta nueva entrega de catas nos obliga a empezar por la Denominación de Origen Rueda, ya que sólo atendiéndola a ella primero podremos entender y comprender el alcance o la repercusión que ha tenido en el desarrollo de los VT de Castilla y León.

Rueda y el modelo industrial

El fenómeno de la denominación de origen Rueda debería estudiarse en alguna escuela de negocios, pues seguro que el atiborrar a la gallina de los huevos de oro hasta que deja de producir oro es algo más habitual de lo que nos creemos. Una parte importante de Rueda es así, un éxito pero también un fracaso. Un éxito porque hoy por hoy todo el mundo gana, viticultores y bodegueros, al menos los más grandes, y un fracaso porque en el modelo de éxito de la Denominación de Origen se están dejando por el camino los valores de la producción de calidad y la defensa de su singularidad y diferencia.

El estilo del Rueda industrial lleva tantos años centrado en la dualidad verdejo y sauvignon blanc,  en el exceso tropical y en la búsqueda del varietal por métodos industriales, que casi ni nos acordamos de cómo era el verdejo primigenio. Lo mismo debió pasarles a muchos de sus catadores de calificación al hacer frente a las más singulares elaboraciones de verdejo y no saber discernir si obedecen o no a lo que este varietal y su terreno deben aportar. Son cosas que pasan, el tiempo acaba comiéndolo todo, hasta el estilo que te hizo grande.

No queremos mostrar un lado del vino de Rueda tremendista, ni mucho menos. Como siempre hemos dicho, Rueda dio con la clave cuando vio que podría tecnificar su proceso de elaboración hasta convertirlo en un modelo industrial. Y es que si alguien es capaz de aguantar esta sobrecarga productiva y seguir ofreciendo calidad esa es la variedad verdejo. No se nos ocurre otra uva blanca capaz de mostrar su singularidad aun siendo sometida a grandes rendimientos y a la automatización en su elaboración. Así es como el modelo del vino de Rueda industrializado pudo cuajar, llegando al consumidor a precios nunca antes vistos y con una calidad sobrada para su precio. ¿Quién puede competir contra todo esto?

En este “desarrollo” productivo también entraron en juego las levaduras comerciales. El abuso de éstas para la producción de vino de forma masiva dio lugar a un inusual verdejo tropical. Inusual porque se trata de una variedad que, de forma natural, se acerca más a los rasgos herbales que a los frutales. Alguien ha debido pensar que lo que el consumidor busca en un vino blanco y fresco es el aroma tropical. Y a por ello que fueron. Fue tal el abuso que pronto llegaron los detractores de esta tendencia y la gran industria volvió su mirada al estilo verdejo más puro y lo reprodujo, lo embotelló y lo vendió barato.

El crecimiento de la DO Rueda en número de hectáreas ha sido exponencial y con él también el crecimiento de marcas presentadas al examen de la Guía Peñín, cuyo techo alcanzamos en la edición 2017 con cerca de 360 muestras catadas, cuando apenas un lustro antes catábamos poco más de 230 muestras (Guía Peñín 2012). Rueda es la denominación de origen donde más “por paras” se elaboran, es decir, vinos elaborados por bodegas de la zona para empresas que los comercializan como propios, y esto es así porque sus vinos se venden muy bien, sobre todo en España.

El Consejo Regulador se está planteando a día de hoy volver a incluir la categoría del Rueda Superior, una categoría que podría proteger los vinos más especiales y singulares de la DO. Desde nuestro punto de vista sería un acierto pues supondría una oportunidad para blindar los vinos más singulares que se producen en la DO.

En el grueso de vinos catados en nuestra reciente visita a la D.O. hemos podido comprobar como a nivel de añada se aprecia que la cosecha 2017 ha sido muy seca y madura, pues los vinos evaluados han mostrado fielmente el carácter maduro de este tipo de años. Los más homogéneos han sido los verdejos, léase por su capacidad de aguante antes mencionada, cuyos matices poco a poco se aproximan más al carácter herbal de la variedad, que al tropical por el uso y abuso de determinadas levaduras comerciales.

Mientras que en los verdejos existe un carácter y estilo más unificado, en los vinos de sauvignon blanc domina la heterogeneidad. Es así como a nivel de cata algunos vinos pivotan entre los matices más frescos y atlánticos y los más maduros y continentales. De los dos estilos es en la vertiente más fresca donde mejor valoración hemos podido encontrar en esta última cata de los vinos con el sello DO Rueda.

En los vinos de elaboraciones especiales, como en los fermentados en barrica, la presencia de la madera acaba dominando sobre el conjunto del vino. Algunos bodegueros conscientes de ello han aminorado la presencia de la madera añadiendo un porcentaje de vino criado sobre lías o añadiendo directamente vino que ha fermentado únicamente en inoxidable, lo que ha terminado por beneficiar al producto final. Es especialmente llamativo como en esta tipología de vinos muy pocas bodegas han apostado por cosechas algo más viejas. Únicamente se ha catado un 2014 fermentado en barrica, mientras la gran mayoría pertenecen a la cosecha del 2016. Y es que muy pocas bodegas apuestan por la crianza en botella por no ver más que problemas en el paso del tiempo. ¿Tendrán algo que ver los altos rendimientos y las elaboraciones más industrializadas? ¿Se trata de una vía de trabajo destinada a los productores más artesanales?

El mejor trabajo con barrica de entre los más de 270 vinos catados hasta el momento ha sido de José Pariente, una bodega que desde hace muchos años siempre está ahí, entre los mejores, gracias a un trabajo coherente y fiable. El José Pariente Fermentado en Barrica 2016 (94 puntos), es un vino soberbio, potente, estructurado y muy bien elaborado y a un precio de 16 euros. Su final es portentoso y largo un vino que ya está en un momento óptimo de consumo a pesar de su juventud. Parece que la cosecha 2016 no será muy larga para su consumo.

Otro fermentado en barrica digno de mención ha sido el de la Bodega Cuatro Rayas, Amador Diez Cuvée Especial 2015 (93 puntos), un vino que proviene de una selección de viñedos viejos prefiloxéricos de más de 100 años situados en la parte Segoviana, Aldeanueva del Codonal. La zona de Segovia, la menos explotada de Rueda nos trae siempre muy grandes vinos como el Blanco Nieva Pie Franco 2016 (92 puntos) o los de Ossian Vides y Viñedos, etiquetados como Vino de la Tierra de Castilla y León, Ossian y Ossian Capitel 2015, ambos puntuados con 94 puntos pero con posibilidades de mejorar puntuación en la recata comparativa que realizaremos en el mes de julio junto a los mejores vinos de España.

En la línea de los vinos con crianza sobre lías nos ha sorprendido mucho la línea V de Javier Sanz (Javier Sanz Viticultor), su Javier Sanz Viticultor V1863 cosecha 2014, un vino que proviene de El Pago de Saltamontes, en el municipio de La Seca, 2,27 hectáreas de una viña familiar superviviente a la filoxera, asentada sobre el característica canto rodado de la zona, toda una demostración de lo que puede llegar a ser un verdejo de Rueda, más allá de las elaboraciones industriales.  

Francois Lurton con su Campo Eliseo 2016 (93 puntos) nos ha dejado una deliciosa representación del viñedo en La Seca con un vino con una crianza sobre lías y en barrica elegante y nada invasiva, lo suficientemente presente para darle un mayor peso y soportar la estructura que aporta el clima castellano, una buena representación del viñedo de la zona, con matices a piedra seca y por tanto un excelente trabajo de interpretación. También desde La Seca han destacado otro año más dos vinos de la Bodega Naia, Naia 2017 y Naiades Fermentado en Barrica 2014 (ambos con 92 puntos).

Los “para….por”, vinos elaborados por bodegas de la zona, para otras empresas, elaboraciones muy presentes en la DO Rueda por el éxito comercial de esta denominación de origen en España, no gozan del nivel cualitativo de otros años. Da la sensación de que las bodegas han decidido guardar sus mejores uvas para sus marcas propias, destinando las uvas menos expresivas a la elaboración de estos vinos, algo que parece haber afectado a las puntuaciones globales de estos vinos.

Pero el vino más puntuado en estas sesiones de cata con sello DO Rueda la ha dejado el histórico vino dorado de Rueda, un vino tradicional, cuya recuperación se está viviendo en estos días, gracias al trabajo desempeñado por la bodega Hijos de Alberto Gutiérrez, cuyo De Alberto Dorado, nos ha vuelto a cautivar (95 puntos) gracias a su expresión de historia y a su gran complejidad. Este año hemos visto con alegría como se están elaborando más dorados, sin duda un acierto ya que estos vinos son los primigenios de la zona antes que los blancos de verdejo.

Pero debido a las sombras que la DO Rueda ha ido mostrando en el último lustro, muchas bodegas, muchas de ellas plenamente involucradas por la elaboración de blancos de verdejo de calidad, han decidido abandonar el barco para etiquetar sus vinos como Vinos de la Tierra, por entender que Rueda no solo no les aporta sino que les perjudica. Ya fue llamativo que el año pasado Marqués de Riscal, una de las bodegas fundadoras de la denominación de origen, lanzase en la Guía Peñín 2017 su vino de más alta gama, Barón de Chirel Viñas Centenarias Verdejo como Vino de la Tierra, justo después del triste rifirrafe que se montó en la DO en torno a la desgraciada cosecha 2013. Bajo este sello de Vino de la Tierra de Castilla y León, además de los ya mencionados Ossian Vides y Vinos, hoy propiedad de Pago de Carraovejas, hay que destacar a otro histórico de Rueda, uno de los más célebres proscritos de la DO, Bodegas Menade, capitaneada por los hermanos Sanz y cuyos vinos siempre se encuentran entre los mejores verdejos puntuados por la Guía Peñín, como su vino La Misión 2015.

Este año nos ha llegado una grata sorpresa desde La Seca, se trata de Isaac Cantalapiedra Viticultor, del cual habíamos oído hablar y cuyos vinos nos han cautivado en su primera año de cata. Se trata de otro gran proyecto etiquetado fuera de la denominación de origen Rueda en el que se aprecia un serio compromiso por la viticultura a través de una gama de vinos franca, expresiva y bien diferenciada. Fue un acierto que Manuel e Isaac Cantalapiedra, padre e hijo, decidieran elaborar sus propias uvas en 2014, antes destinadas a otras bodegas, pues nos han dejado un pedacito de La Seca en el que se aprecia un especial cuidado por la viticultura. Su Majuelo del Chivitero 2016, que proviene de la parcela El Chivitero, viñedo plantado en 1981 de apenas una hectárea de extensión, un vino sincero y expresivo, de los que dan ganas de compartir.

A nivel de tintos, el sello de Vinos de la Tierra de Castilla y León es también sede de muchos inconformistas de otras denominaciones de origen y también espacio de creación para otros muchos que sólo ven en ella la salida digna a un etiquetado que podría percibirse carente de valor comercial. Sea por el motivo que sea, a nuestra copa han llegado vinos espectaculares, de los que emocionan. Así es como sucedió al menos con la gama Galia de Bodegas el Regajal. Se trata de un proyecto que une las inquietudes de Daniel García Pita, responsable de la bodega, y Jerome Bougnaud, al frente de la enología y viticultura y que busca vinificar terruños especiales en Soria, Burgos y Valladolid, como es el caso de Galia Clos Santuy 2015 (95 puntos) y el Galia La Viña del Dean 2015 (94 puntos).

La heterogeneidad de la marca VT Castilla y León nos lleva a parajes tan dispersos como el ubicado a medio camino entre Cacabelos y Villafranca, en el alto de Pieros. Es en estas tierras del Bierzo, donde se encuentra el proyecto Losada Vinos de Finca donde su enólogo Amancio Fernández Gómez da vida a vinos de parcela con estilos bien diferenciados. El vino Altos de Losada La Senda del Diablo 2016 (93 puntos) nos ha vuelto a cautivar pues refleja no solo su origen varietal de garnacha tintorera a la perfección sino también el paisaje que lo ha visto crecer. Un vino con nervio pero con un carácter mineral y rasgo balsámico que lo hacen especial. 

Entre los numerosos proyectos que cada año inician su andadura en el complejo mundo del vino nos ha llamado la atención la Enológica Wamba de Phillippe Cesco y Alfonso Sicilia. Un proyecto que, como ellos mismos indican, “no pretende revolucionar el mundo del vino, tampoco sacar la bandera de la tradición, sino hacer cosas nuevas y ser transgresores para disfrutar del vino de otras maneras y ponerlo al alcance de todos”.

En esta línea va su vino tinto Friki de Burgos 2016 (91 puntos), una mezcla de variedades tempranillo, syrah, merlot y garnacha, procedente de un viñedo de Pampliega (Burgos), del que apenas se elaboran 2.700 botellas.

Cigales, ejemplo de calidad del rosado español

Esta denominación de origen se extiende por la franja norte de la Depresión del Duero, por una superficie de 574 km2, a ambos márgenes del río Pisuerga. Los viñedos se encuentran a una altitud media de 750 metros y comprende desde parte del término municipal de Valladolid (Pago “El Berrocal”), hasta el palentino de Dueñas, incluyendo además Cabezón de Pisuerga, Cigales, Corcos del Valle, Cubillas de Santa Marta, Fuensaldaña, Mucientes, Quintanilla de Trigueros, San Martín de Valvení, Trigueros del Valle y Valoria la Buena. Cigales es como Navarra y Utiel, un referente en la elaboración de vinos rosados.

Y es que la calidad de estos vinos ha sido siempre reconocida por todos aquellas personas que amamos esta tipología de vinos. Entre sus vinos puede encontrar auténticos tesoros vendidos a precios ínfimos, fiel ejemplo de la desgraciada situación en la que se encuentra el vino español tan poco sostenible para muchas de las familias que viven del campo. Bodegas Salvueros podría pasar por ser una bodega desconocida por el gran público. Una de tantas que elaboran vinos placenteros pero sin grandes pretensiones. Sin embargo, sucede que poco a poco en el proceso creador de sus vinos van alcanzando cotas de calidad que los aproximan a las grandes bodegas. Y este es sin duda el ejemplo de su vino rosado Salvueros 2017 (92 puntos tempranillo, albillo y verdejo) un vino frutal, sabroso, fresco y goloso que supera la barrera del placer para acercarlo al modelo de vino disfrutón. Esta casa dirigida por los hermanos Raúl y Rafael Gómez Panedas,en Murcientes (Valladolid) elabora también un delicioso Salvueros Garnacha Gris Edición Limitada 2017 (91 puntos), un vino especial con una vocación de consumo inmediato e igualmente placentero que su vino rosado. Merece la pena acercarse a las elaboraciones de esta tercera generación de elaboradores de vinos tan sinceros.

En Cigales también existen grandes y reconocidas firmas como César Príncipe, hoy una referencia en la zona. Su crianza César Príncipe 2015 (94 puntos) llegó a nuestra copa lleno de energía, y se convirtió en el vino mejor valorado de toda la denominación de origen. Se trata de un tempranillo 100% de viñedos de entre 70 y 100 años, de las parcelas El Negral, La Parada, La Majada y El Velero, situados en ladera con poca pendiente en Fuensaldaña. El resultado es un vino serio, de los que invitan a la reflexión, largo y perfectamente equilibrado, una gran obra de Ignacio Príncipe, tercera generación familiar dedicada al cultivo de la vid en la zona.

La familia Moro en su trayectoria vitícola en Rioja y en buena parte de la geografía española, nos ha dejado una nueva cosecha de su emblemático Finca de Valdehierro 2015 (92 puntos), la mejor cosecha que hemos podido catar hasta la fecha de este gran vino. El viñedo se encuentra en Cubillas de Santa Marta (Valladolid), en la cuenca del río Duero, a 750 metros de altitud sobre el nivel del mar, en una zona con clima continental y gran oscilación térmica entre el día y la noche. Es un vino serio, de los que gozan de buena estructura y tanicidad. En él aparecen notas torrefactas del roble, todavía muy presente en el vino y que sin duda terminará por domesticarse con el paso del tiempo. Lo que hay en el fondo de este vino y que nos ha entusiasmado es una presencia de fruta madura y un fondo calizo sutil y elegante. El tanino sedoso termina por cerrar el círculo de un vino largo, sabroso y expresivo.

Traslanzas, Lezcano Lacalle o Bodegas Museum son también casas cuyas referencias merece la pena no perder de vista si lo que se quiere es adentrarse en el vino cigaleño. Como es habitual todas las puntuaciones de estos vinos y sus catas ya pueden consultarse a través de nuestra suscripción a la Guía Peñín 2019 accediendo a ella a través de este link.

comments powered by Disqus