El jardín de Rías Baixas

¿Vinos de paraje o vinos de paisaje?

En plena efervescencia de los vinos de parcela y varietales autóctonos hemos acudido a la denominación de origen Rías Baixas, con el objetivo de entender las diferentes vías de trabajo emprendidas por bodegas con estilos y visiones diferentes.

En una segunda entrega, que publicaremos más adelante, les mostraremos casas con historia en la denominación de origen. Palacio de Fefiñanes, cuyo Albariño de Fefiñanes III año 2012 se colocó como el mejor vino blanco seco de la Guía Peñín de los vinos de España 2016, Pazo de Señorans como motor de los albariños de larga vida, La Val por su excelente trabajo de lías y envejecimiento en botella de uno de los vinos emblema La Val Crianza sobre Lías 2007 y Maior de Mendoza cuyos vinos destacaron recientemente una  cata a ciegas realizada por Guía Peñín. A pesar de las diferencias en cuanto al método, todas estas bodegas poseen un denominador común, el cuidado de las viñas por encima de todo.

El camino del éxito a la hora de apostar por la elaboración de vinos representativos pasa indiscutiblemente por adentrarse en los viñedos paraje, palabra muy de moda últimamente y que representa viñedos con nombre y apellido, pero también en viñedos de paisaje, aquellos que no se enfundan en la singularidad de una única parcela sino que engloban a un buen número de ellas, todas ellas tratadas con mimo como si de un jardín se tratase. Curiosamente, en los viñedos de paraje, son los más jóvenes elaboradores y viticultores los que se adentran con más fuerza e ilusión, mientras que los de paisaje están gobernados por las casas más consolidadas e históricas de la denominación de origen.

Diferentes puntos de partida y un objetivo común, la viña

Sucede a los profesionales del vino que cuanto más profundizan en sus vericuetos, más se dan cuenta de que poco se puede pontificar. Nadie posee el gran secreto, la fórmula mágica. Lo que a uno le funciona a la perfección a otro puede no encajarle, y al revés. Variables hay muchas y formas de hacerlas frente también, lo que hace aún más especial y complejo a este sector. A pesar de los diferentes caminos que uno puede afrontar para alcanzar la excelencia y la representatividad, la viña, origen de todo, es el denominador común a todas ellas. A mayor conocimiento de viña, mayor capacidad de reacción y mayor posibilidad de éxito. El límite lo pone el viticultor.

La tradición, tantas veces mentada como valor irrenunciable a la hora de construir valor en torno a un vino, no es condición excluyente, aunque a decir verdad ayuda. El camino que ha de recorrer alguien que no proviene de una familia ligada por muchas generaciones al mundo del vino es mucho más arduo y costoso.  Primordialmente porque no se parte de un conocimiento histórico de las viñas “familiares”, como tampoco se cuenta con lazos comerciales fuertes, ni se posee una imagen de marca ya consolidada.

La falta de conocimiento histórico de un viñedo sólo se puede suplir dedicando los primeros años de trabajo a su estudio y comprensión, un conocimiento que se adquiere lentamente, cosecha a cosecha. Se trata, no solamente de entender las necesidades de cada viña, sino también de la particularidad de cada una de ellas. Las microvinificaciones suponen una excelente manera de asimilar el alcance de cada pequeña parcela. Así lo entiende el joven Xurxo Alba, propietario junto a sus padres de la bodega del Salnés, Albamar. Este joven, se ha propuesto sacar el máximo provecho de las viñas adquiridas por su padre, y para ello desde 2012 vinifica por separado sus pequeñas parcelas, intentando avanzar y actuar de forma coherente en cada uno de sus vinos con la filosofía de intervenir los justo y necesario para que los vinos expresen el tan ansiado terroir, “palabro” terrorífico que encierra dentro de sí la esencia o alma de todo gran vino. Lo que Xurxo plantea es un acercamiento a los diferentes estilos que le ofrecen sus parcelas, diferenciando entre los suelos arenosos típicos del Salnés y los arcillosos, escasos y raros en esta zona de producción. Los vinos, en función de la procedencia de las uvas se muestras más aromáticos y con una boca más vertical y fresca en los suelos arenosos y menos intensos aunque más serios en nariz y más anchos en boca en los suelos arcillosos.

 Xurxo Alba, de Albamar, en la finca O Pereiro

Este viticultor trabaja con rendimientos que van desde los 8.000 y los 10.000 Kg/ha. en las tres hectáreas de viña que controla (2 has. propiedad de su padre y 1 ha. arrendada). El resto de uva necesaria para producir los 60.000 botellas que produce al año proviene de una cuidada compra de uva a los pequeños propietarios de la zona, a los que conoce perfectamente. Para entender el contraste de estilos en sus vinos bastará con acercarnos a tres de sus elaboraciones, Sesenta e Nove Arrobas, en el que se muestra la capacidad de expresión de las viñas viejas), Albamar Edición Especial, canto al estilo del vino blanco del valle del Salnés y Albamar Finca O Pereiro como demostración de la singularidad que ofrecen los suelos arcillosos en la uva albariño.

Si Xurxo dedica su esfuerzo viticultor a la albariño, Rodrigo Méndez, propietario de Bodegas y Viñedos Forjas del Salnés hace lo propio tanto con las tintas locales –caiño, loureiro y espadeiro– como con la notabilísima albariño. La obsesión de este viticultor es ofrecer con total franqueza la singularidad de cada tipo de uva. Alejado de los patrones más comerciales, en sus vinos existe un propósito firme de representar la rusticidad de las variedades tintas, dotándolas de armonía y elegancia. Se trata de vinos cuya expresión alcanza su plenitud a partir de los 8 - 10 años, vinos rebeldes en su inicio, pero que con su permanencia en botella acaban domesticándose y redondeándose. Rodrigo utiliza la madera como un medio y no como un fin. Prescinde del uso de maderas nuevas para que éstas no interfieran en la elegancia de sus vinos, todos ellos con un denominador común: sutilidad, elegancia, frescura y también una rusticidad positiva. Pero tal y como afirma Rodrigo el trabajo más importante es el que se realiza en viñedo.

Finca Genoveva, de Forjas del Salnés

En Forjas del Salnés se da especial importancia a los rendimientos, que oscilan entre los 7.000 y 8.000 kg/ha según el año, en lugar de los 11.000 o 12.000 habituales. Rodrigo apuesta por el control de carga del viñedo para garantizar la salud de la viña y la correcta maduración, lo que le ayuda a evitar el uso de sistémicos, siempre que el año no sea especialmente complicado. El control de la carga de la planta permite, incluso en estas tierras gallegas, trabajar sólo con azufre y cobre. La apuesta por los vinos de parcelas vienen de la mano de su Goliardo A Telleira (suelos de arena y canto rodado próximos al mar), un vino marcado por la salinidad que le proporciona los vientos oeste y suroeste y Leirana Finca Genoveva (viñas de más de 200 años asentadas sobre un suelo granítico) con marcado acento mineral. Trabajando cerca de 6 has de viñedo, este joven enólogo produce al año apenas 30.000 botellas y su proyecto no espera superar las 40.000.

Para completar el círculo de vinos de paraje, no podemos dejar al margen al matrimonio formado por Rebeca Montero y Eulogio Pomares, propietarios de la bodega familiar Zárate. La refundación de su bodega familiar bajo la premisa de cuidar la viña sobre todas las cosas ha traído consigo un imponente cambio en sus vinos. La llegada en la cosecha del 2000 a esta casa de un ingeniero agrónomo de formación como es Eulogio Pomares, con independencia de sus posteriores estudios en enología en Burdeos, suponía una declaración de intenciones, y así fue. Su apuesta fue la de dar prioridad a la viña, hasta tal punto que fue haciendo lentamente un cambio en el trabajo de sus viñas, reduciendo al máximo los tratamientos de prevención habituales en la denominación. Tal y como él lo recuerda, esta apuesta fue vista con escepticismo en la zona, “la gente del lugar nos decía que con la amenaza constante del mildiu en la zona era imposible trabajar en ecológico. Sin embargo, todo el trabajo que estamos desarrollando nos ha permitido que desde la cosecha 2011 las viñas más “ecológicas” respondan mejor en añadas complicadas”. A nivel de enología, la bodega ha sufrido también una transformación. “Cuando sales de la facultad, estás obsesionado por el control de todos los procesos, sin embargo a medida que avanzas te das cuenta de que hay que ser lo menos intervencionista posible para que las viñas queden representadas en tus vinos” afirma Eulogio. 

Finca El Palomar, de Zárate

Los excelentes resultados obtenidos por los vinos de estas bodegas en la última edición de la Guía Peñín 2016 es una confirmación de que no se trata sólo de un discurso sino que detrás de las palabras existen hechos, trabajo duro y mentalidad evolucionista. Sin embargo, aunque esta sea una tendencia entre los más jóvenes elaboradores no significa que sea la única vía para alcanzar la excelencia. Existen otras formas de interpretar y plasmar esta excelencia, y así lo muestran casas históricas de la denominación de origen, aunque esto lo mostraremos en nuestro próximo artículo.

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