Navarra, el eterno hermano pequeño de Rioja

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La denominación de origen Navarra ha sido considerada durante años la hermana pequeña de la todopoderosa Rioja con la que está íntimamente relacionada. Es tal su hermandad que si no tuviésemos la división política entre ambas, prácticamente no habría diferencia entre una y otra, especialmente entre la rebautizada subzona de Rioja Oriental (históricamente conocida como Rioja Baja) y las dos riberas de Navarras. Y es que la Sierra Cantabria y su todopoderosa influencia, pasa su lengua caliza también por Navarra en su vertiente más oriental, en la transición entre el País Vasco y Navarra. Concretamente por los municipios navarros de Marañón, Meano y Lapoblación. La Sierra de Codés, la del Perdón, Izco y Leire, no son más que una extensión de su mayor (Sierra Cantabria), con una composición muy similar, lo que significa que, en igualdad de condiciones, las uvas crecerán muy parejas a sus hermanas riojanas. Y así sucede que cuando catamos los vinos de Navarra vemos que su estructura y estilo se acerca y mucho a la de los vinos de Rioja.

Con todo Rioja es una marca mejor posicionada que Navarra. La ventaja se debe en parte al desarrollo vitícola experimentado por Rioja, que fue mayor que en Navarra gracias al impulso dado por los enólogos franceses de Burdeos tras el ataque de la filoxera en sus viñedos, y en parte por el mayor desarrollo de las vías de comunicación de Rioja con el resto de España. Estos ingredientes y la labor de las grandes familias del vino de Rioja crearon el caldo de cultivo para su rápida expansión. 

    

Calicata en viñedo de Domaines Lupier

Poco o muy poco se parece la Rioja de antes a la de ahora, igual que poco o nada se parece la Navarra de antes a la de ahora. El gran cambio lo encontramos en sus viñas, primero por la desaparición de grandes viñedos viejos como consecuencia de la absurda política europea de subvención en el arranque y replantación a variedades más productivas. Poca fuerza de voluntad tuvieron los viticultores de aquí y del resto de España que acudieron a ella como quien se agarra a un salvavidas. Ni que decir tiene que toda esta operación de arranque perjudicó y mucho a la garnacha y favoreció a otras mal llamadas “mejorantes” como la cabernet sauvignon, merlot, etc… El segundo gran cambio viene motivado por la construcción del Canal de Navarra en 2011, un importante canal de riego para conducir las aguas del río Irati a las zonas central y meridional de Navarra.

Esta gigantesca obra hidráulica ha generado nuevos patrones de trabajo, especialmente en la viticultura de la zona. Y es que esta obra ha dado acceso a los viticultores a un riego antes inaccesible, permitiéndoles que en situaciones de nerviosismo, como las vividas por la sequía en 2017, puedan pulsar el botón y solventar de un plumazo todos sus problemas de agua.

Desgraciadamente para todos aquellos que pulsaron el botón en la cosecha 2017 en los momentos de máxima sequía, vinieron lluvias tardías y esto hizo engordar sus uvas y que perdieran concentración. Solo así entendemos que en los vinos de la cosecha 2017 catados en nuestra reciente visita  a la denominación de origen los matices aromáticos y gustativos de muchos de sus vinos blancos y tintos apareciesen tan apagados, y eso siendo una añada cálida y por tanto de concentración.

El rosado made in Navarra

El rosado de Navarra, intenso de color, muy frutal y exuberante en nariz y en boca, continúa aguantando a la invasión azuroprovenzal de vinos más pálidos y sabores y olores más sutiles. Aunque el número de vinos de corte francés empieza a ser cada vez más numeroso, el estilo navarro sigue siendo el más cuantioso y representativo.

A pesar de la supremacía del estilo navarro, la opción provenzal se está asentando como una opción seria para el consumidor, lo que propiciará que coexistan en el mercado diferentes estilos y elaboraciones. Sin embargo, ante tal desarrollo estilístico y a tenor de los argumentarios de las denominaciones de origen del siglo XXI, será mejor no caer en las modas puntuales y mantener los estilos que a la larga se puedan identificar como autóctonos y típicos de cada zona.

Podemos decir a tenor de los rosados catados este año, más de 60 referencias, que el 2017 no ha perjudicado en absoluto la calidad de sus vinos rosados. Es más, se trata de una buena cosecha, lo que ha permitido que muchos de sus vinos escalen puntuaciones respecto al paño pasado. Cuatro son las marcas mejor valoradas en esta edición, Inurrieta Mediodía, Albret, Príncipe de Viana Edición Rosa y Pago de Cirsus Rosé Gran Cuvée Especial, todos ellos calificados con 91 puntos.

Navarra es, junto a Cigales y Utiel-Requena, un referente en la elaboración del vino rosado de calidad en España. El consumo de vino rosado con denominación de origen en los hogares españoles está experimentando un aumento de un 19% en volumen y más de un 10% en valor, según un informe del Observatorio Español del Mercado del Vino. Más del 30% del vino rosado comercializado en el mercado nacional es de Navarra, aunque en los últimos años la DO Ca. Rioja también está entrando con fuerza en la comercialización de este tipo de vinos.

Viña de Aranbelza de Emilio Valerio

Hace unas semanas tenía lugar un accidentado Congreso Internacional del Vino Rosado, la segunda edición, en el castillo de Peñafiel (Valladolid), un foro que pretendía afrontar los retos a los que se enfrenta el vino rosado y en el que poco positivo se pudo escuchar sobre el vino rosado español cuando, curiosamente, en tan solo cinco años Guía Peñín ha visto cómo los rosados a partir de 90 puntos han pasado de tener 20 referencias (GP 2013) a 45 (GP 2018), lo que supone un crecimiento en esta tipología de vinos excelentes del 125%. En este encuentro se puso de manifiesto la necesidad de adaptarse a los consumidores, aunque es preciso aclarar que en esta adaptación cada zona productora de rosados, al menos las más importantes como es el caso de Navarra, no pueden permitirse el lujo de prescindir de lo propio de cada uno, de su propio estilo.

Navarra cuenta con una división de 5 subzonas, Tierra Estella, Valdizarbe, Baja Montaña, Ribera Alta y Ribera Baja, una subdivisión coherente que muestra diferenciación entre sus vinos, algo que no en todas las denominaciones de origen puedes encontrar y que les permite trabajar en la diferenciación de sus etiquetados, algo que de momento no han llegado a explotar en profundidad.

Estilo Navarra

Son muchos años los que llevamos acudiendo a catar los vinos de la denominación de origen y en todo este tiempo no hemos podido apreciar una línea de trabajo más o menos voluminosa de productores que, unidos, construyan el estilo Navarra. En su lugar encontramos trabajos aislados, de gran calidad y proyección, que a nivel individual fijan el techo de lo que puede llegar a ser un vino navarro. Hablamos de cazadores de terruños, como Domaines Lupier, Emilio Valerio o Azul y Garanza, por citar solo tres ejemplos. Aunque esta tipología de bodegas apenas influyan en las cifras globales de las denominaciones de origen, ayudan a visualizar el potencial máximo de la región, además de aportar un buen discurso y una línea de trabajo a seguir entre la heterogeneidad de muchas zonas productoras.

Viñas viejas de Domaines Lupier en San Martín de Unx

El matrimonio formado por Elisa Úcar y Enrique Basarte, son, a día de hoy, la mejor carta de presentación del viñedo navarro. Enamorados hasta la médula de sus viñas, fueron desde 2006 adquiriendo pequeñas viñas viejas de garnacha, 27 en total, muchas de ellas al filo de ser arrancadas, que fueron seleccionando mediante el método más científico que pueda existir, la cata de uvas y raspón. Oirles hablar sobre sus “criaturas” es ilusionante, pues refleja fielmente el cariño y la obsesión que ambos tienen por este pequeño mosaico de parcelas a las que han entregado su vida. Aunque de momento sólo elaboran dos marcas, La Dama y El Terroir, no descartan ampliar su número de marcas, aunque, como dice Elisa, “cuando sea el momento, todavía es pronto” y eso que vinifican todas sus parcelas por separado y les podemos asegurar que la expresión de cada una de ellas es bien diferente, a tenor de haberlas podido catar por separado en su pequeña bodega, ubicada en el sótano de su casa en San Martín de Unx, en la subzona de Baja Montaña, zona de transición entre la montaña y las riberas.

Enrique Basarte y Elisa Úcar, Domaines Lupier

Aunque no les gusta alardear de ello, trabajan en biodinámico, pero no se consideran radicales, ni obsesivos, simplemente ven que esta metodología de trabajo les funciona y en parte gracias a ella sus vinos expresan mejor su lugar de procedencia.

San Martín de Unx

El proyecto personal iniciado por el que fuera fiscal Emilio Valerio Martínez de Muniaín en Carcastillo, Navarra, Bodegas Emilio Valerio, apostaron desde su inicio por la vinificación por parcelas. Asesorados en un primer lugar por el enólogo Olivier Riviere y en la actualidad por Jean François Hebrard -quien desde su llegada ha marcado un pequeño giro a los vinos de la bodega, centrándose más en el viñedo-, tal y como ellos mismos dicen su trabajo se basa en “una agricultura de estudio y de observación”. Lo cierto es que la gama de vinos de la casa se centra en pequeñas producciones de sus pequeñas parcelas. Como es el caso de Leorín y San Martín, dos pequeñas viñas muy próximas entre sí, con orientaciones diferentes y con ritmos diferentes, que dan dos vinos totalmente diferentes que pueden ser catalogados como muestras inequívocas de un vino con terruño. Los vinos en particular son Viña de Leorin 2014 (92 puntos) y Viña de Aranbelza 2014 (93 puntos).

La representación del pasado navarro

Garnachas aparte, existen otras vías de trabajo que están dando buenos resultados, como sucede con la bodega Pago de Larrainzar, perteneciente al empresario Miguel Canalejo Larrainzar. Esta bodega nos ha dejado un Pago de Larrainzar Reserva Especial 2010 excepcional (93 puntos), un vino elegante, con finos matices de reducción, que nos muestran el camino del vino de Navarra clásico, un vino de ensamblaje de merlot, cabernet sauvignon, tempranillo y garnacha. Igualmente el vino LaA 2014 de Pago de Cirsus, nos traslada a este otro concepto de vino navarro de altos vuelos con una mezcla de cabernet sauvignon, tempranillo y syrah, también capaz de mostrar terruño, un vino de gran personalidad (92 puntos).

Bodega Emilio Valerio

Tal y como ya habrá podido comprobar el lector, muchos de los grandes vinos catados en esta  nueva entrega de los vinos navarros provienen de la cosecha 2014, una cosecha compleja, pues tuvieron un verano frío y lluvioso en sus inicios y lluvias a mitad de vendimia. Con todo, esta cosecha supuso un reto y una oportunidad para muchos viticultores ya que les permitía conseguir frescura y estructura pulsando las teclas correctas. Laderas de Inurrieta 2014 y buena parte de la gama ya mencionada de Emilio Valerio son buenos ejemplos de lo que un buen viticultor puede conseguir en una añada compleja. Habrá que seguir la evolución de estos vinos, pues este tipo de cosechas más frescas sirven como aliado para el envejecimiento en botella. La bodega Finca Albret, el proyecto personal de los enólogos de Bodegas Príncipe de Viana, es también un buen ejemplo de cómo sacar partido a grandes viñas de variedades extranjeras, como la cabernet sauvignon y la merlot, así lo han demostrado con su Albret La Viña de mi Madre en su complicada cosecha 2013 (92 puntos) una viva demostración de que no siempre lo local es la única vía de trabajo.

Olite

A lo largo de dos días, Guía Peñín tuvo que hacer frente en Olite, a más de 360 muestras, cuyas puntuaciones y descripciones están desde hoy disponibles para todos los suscriptores a la Guía Peñín 2019 . Pero nuestra vida en Olite va más allá que la simple cata de  los vinos navarros, allí aprovechamos para visitar a algún productor de la zona y también, como es lógico, para acercarnos a la gastronomía local. Y es que en Navarra se puede disfrutar de una variedad de productos gastronómicos de gran interés culinario, como sus verduras (alcachofas, borrajas, espárragos, etc..) y también sus carnes, pongamos como ejemplo la ternera navarra. En nuestro caso no es raro volver de estas tierras a casa con el maletero del coche cargado de productos de la tierra.

Antonio Domínguez

En uno de nuestros primeros viajes a tierras navarras tuvimos ocasión de conocer al gran Antonio Domínguez, dueño de la pequeña carnicería familiar José María Domínguez Gambarte (Calle Mayor, 32, Olite) y con un carisma igual de grande que su estatura. Todos los años hacemos un encargo en condiciones a este carnicero vocacional, afable y carismático, con dos productos que no se deben dejar escapar: la chistorra y las chisalchichas, salchichas rellenas de queso de oveja Idiazábal, un manjar que merece la pena probar aunque no sea precisamente dietético. Pero, ¡qué diablos! el vino y la zona lo merecen.

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