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Continuamos nuestro recorrido por el vino chileno con nuestra segunda y última entrega del artículo “Chile: luces y sobras del gigante exportados de América del Sur”. En nuestro primer artículo (link al artículo), terminábamos hablando de las diferentes tipologías de productores que conviven en Chile. A nivel productor existen dos tipos de elaborador. Los grandes productores, responsables de la modernización tecnológica  de las bodegas y del desarrollo de la exportación; y los pequeños productores.

Les invitamos ahora a cruzar la cordillera con nosotros para seguir la crónica gastronómica en Santiago de Chile. Veremos una cocina diversa que planta un pie en el Pacífico y otro en los Andes, tomando con una mano ingredientes de países vecinos y, con la otra, de países lejanos.

Guía Peñín aterrizó otro año más en Chile. Fue el noviembre pasado cuando el equipo de cata visitó Argentina en su primera etapa del viaje, seguido de Chile. Fueron cerca de 15 días en los que se pudieron visitar viñas y productores al tiempo que se evaluaban más de cuatrocientas muestras de vino chileno, 430 para ser más exactos.

Una de las mejores puestas en escena dentro del gran escenario vinícola argentino la encontramos en los grupos de elaboradores y viticultores más irreverentes, los reaccionarios del vino. Detrás de la imagen más inconformista que ofrecen existe un profundo conocimiento y respeto por el trabajo pasado. Se trata de aprovechar la historia, interiorizarla y desgranarla para saber qué parte es la consecuente con las viñas y mantenerla, y si es posible mejorarla.

Retomamos nuestra crónica gastronómica sobre Mendoza allí donde la dejamos en la entrega anterior, evitando las meriendas y reservando la capacidad digestiva para las cenas de Argentina que, además de empezar bien tarde -muchos comensales llegaban cuando nos íbamos sobre las 23.00-, son abundantes, intensas y distendidas.