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En nuestra última visita a Olite, una de las principales arterias del vino navarro donde se encuentra la sede del Consejo Regulador de la denominación de Origen Navarra, tuvimos la oportunidad de catar las últimas añadas de sus embotellados: más de 350 vinos, entre tintos, rosados, blancos y dulces, todos ellos accesibles a través de nuestra suscripción online a la Guía Peñín 2020.

Lo que empezamos a ver hace más de siete años llegó tímidamente a través de elaboradores aislados y poco a poco fue convirtiéndose en una tendencia, zonal, pero tendencia. Ahora, nos hemos propuesto aunar criterios y establecer los límites cualitativos que todo buen vino natural no ha de traspasar y, para ello, hemos realizado una cata temática de vinos “sin sulfitos”.

Rioja, la región del vino española más conocida del mundo, continúa en su afán por descubrir el punto de convivencia armónica entre los diferentes niveles cualitativos que allí se dan. Sin embargo, la música que escuchamos no acaba de sonar a la perfección, pues conviven muchos estilos musicales y  armonizar esto en un mismo LP suele ser más que complicado.

Se suele pensar erróneamente que el panorama productor, especialmente a nivel de denominaciones de origen, suele ser estático. Nada más lejos de la realidad, pues las bodegas, al menos muchas de ellas, trabajan cada año para mejorar sus productos. De la misma forma, algunos consejos reguladores buscan adaptar sus categorías de vinos a través de una segmentación más rigurosa, algo costoso de modificar y que requiere tiempo, determinación y sobre todo consenso. Bierzo es un buen ejemplo de ello y así es como en los últimos años hemos visto como la denominación de origen ha dado importantes pasos en favor de la diferenciación de viñas y parajes.

Existe una delgada línea divisoria entre el viñedo de Valdeorras y Ribeira Sacra. Tan delgada como la silueta serpenteante del río Bibei a su paso por el Valle do Bibei. El río divide a ambas denominaciones de origen, dibujando una estampa sobrecogedora.