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Para muchos de ustedes Cava es un conglomerado de bodegas y zonas productoras, pues se trata de la única denominación de origen que ampara a zonas de producción a cientos de kilómetros de distancia unas de otras. Es decir con un origen muy disperso. Se extiende por determinados términos municipales de las provincias de Álava, Badajoz, Barcelona, Girona, La Rioja, LLeida, Navarra, Tarragona, Valencia, y Zaragoza, es decir norte, sur, este y oeste de España, aunque más del 90% se elabora en Cataluña. Toda esta dispersión confluye en torno a la segunda fermentación en botella, el auténtico leitmotive y nexo de unión entre todo este conglomerado productor que hoy día marca el rumbo del Cava.

Jerez y Manzanilla de Sanlúcar están de moda. Llevan años de moda y sin embargo comercialmente sus vinos no despegan. A lo largo de los dos últimos años hemos podido leer en infinidad de medios que los vinos de ambas denominaciones de origen atraviesan un dulce momento, pero lo cierto es que comercialmente no parece todo lo dulce que cabría esperar. La historia cambia cuando diriges la mirada hacia el producto, entonces sí que te das cuenta de que en los vinos del Marco algo se está moviendo.

Por fin se está consolidando, ha tardado, y no será porque muchos llevamos años dando la vara y hablando maravillas de estos vinos, desde 2008 en mi caso. Me refiero a los “Jereces” en rama, bota punta, single cask, palmas, antique, crianza estática, etc.; en definitiva, los vinos “puros” del marco pero cada uno con su nomenclatura identitaria. Vinos que están en las botas y que se trasladan al consumidor con la menor interacción humana (sin filtrado, sin estabilizado, etc..), así de simple y de complicado a la vez.

México está muy cerca de dar el paso definitivo para que su industria vinícola inicie su despegue mediático. El pasado mes de octubre se aprobó por mayoría absoluta la Ley de Fomento a la Industria Vitivinícola, tras años intensos de trabajo y de infructuosas tentativas.

En estas fechas navideñas abundan innumerables listados de sugerencias sobre qué cavas comprar, firmadas por revistas generalistas, dominicales, blogs y prensa de información general. Imperan las marcas más conocidas, excepto que el firmante sea un gran experto en la materia por lo que posiblemente estará más al tanto de las novedades. No dudamos de la capacidad sensorial de los autores en lo que concierne a la calidad de las marcas aconsejadas. Pero estamos completamente seguros es que ninguno ha podido o ha sido capaz de catar durante este año los 740 cavas, 42 adscritos a “Vinos Espumosos” y 25 a las distintas DO. De estas cifras (prácticamente el 90 por ciento de la producción nacional) y gracias a la cibernética de la base de datos de la Guía Peñin 2018, han salido sólo 6 únicas marcas con una calificación mínima de 93 puntos y que no cuesten más de 15 euros la botella.