Guía Peñín 2017, la mayor representación de vinos de nuestra historia

Más de 11.500 muestras catadas para la Guía Peñín 2017

Cerrado el periodo de catas de la Guía Peñín 2017, es tiempo de reflexionar sobre lo más destacado de nuestro año de catas, un viaje que ha durado más de seis meses, y ha supuesto miles de kilómetros, por carretera, avión o tren, y también unos buenos paseos por viñedos de todo tipo. Un apasionante recorrido por nuestra geografía con charlas con bodegueros y viticultores que han tenido la generosidad de compartir sus experiencias con nosotros, y sobre todo sus vinos. Han sido más de 11.500 muestras las que se han catado para esta nueva edición de la Guía Peñín, un nuevo techo para esta casa, y una cifra difícilmente superable en las futuras ediciones.

Más de 4.200 vinos jóvenes de la cosecha 2015

Es evidente la importante presencia de los vinos del año en la Guía cuando casi un 37% de los vinos catados son jóvenes. Aunque es siempre injusto una calificación de cosechas realizada de manera global, lo cierto es que el 2015 guarda unas características comunes a un buen número de zonas del territorio español. Hablamos de una cosecha con una madurez considerable, el año fue caluroso y en algunos puntos de España bastante seco, pero esto no ha impedido que los productores hayan sido capaces de encontrar el equilibrio. En líneas generales no será una cosecha de larga duración, sus vinos serán más inmediatos y de rápido consumo por su buena madurez y su potencia y estructura. Esta buena sintonía entre la cosecha 2015 y las puntuaciones medias obtenidas por sus vinos, ha hecho que comparativamente, y por supuesto siempre con notables excepciones, los vinos jóvenes de 2015 tengan mejores puntuaciones que los de 2014 el pasado año.

Las Denominaciones de Origen que mayor puntuación media han obtenido en sus vinos jóvenes han sido, Valdeorras (89,4 puntos), seguida de Ribeira Sacra (88,78) y Priorat (88,6).

Racimos de albariño en Rías Baixas

Utilizando las puntuaciones medias de todos los vinos catados en cada zona de producción, donde incluimos todas las cosechas catadas en cada zona, obtenemos el Ranking de las Denominaciones de Origen. Así, las cinco Denominaciones de Origen más valoradas han sido en esta nueva edición de la Guía Peñín; Jerez (91,75 puntos), Priorat (90,26 puntos), Valdeorras (89,83), Ribeira Sacra (89,42) y Rías Baixas (89,18). No nos resulta llamativo, ya que venimos anunciándolo desde hace más de un lustro, que Galicia y sus denominaciones de origen están encaminándose a convertirse en uno de los grandes referentes cualitativos de nuestro país. No tanto por sus blancos, cuyo futuro se adivinaba ya hace muchos más años, sino también por sus vinos tintos, cuyo singularidad y creciente expresión y frescura están haciendo de zonas como la Ribeira Sacra, Valdeorras, Monterrei y Rías Baixas un territorio de notable calidad y sobre todo con una gran capacidad de crecimiento. Los años aquí están sirviendo para domesticar la salvaje rusticidad de muchas de sus variedades, como la brancellao, sousón, caiño o espadeiro entre otras. Todo un ejemplo de tesón, esfuerzo e inquietud por avanzar en la investigación de sus castas tintas que está obteniendo excelentes resultados.

Elaboraciones poco convencionales

A lo largo de este año hemos podido comprobar el notable incremento de vinos de elaboraciones poco convencionales, especialmente en la concepción de los ambiguamente llamados vinos naturales.​

Viñedos en torno a Porrera, Priorat

No podríamos decirles con exactitud el número de vinos naturales que hemos catado este año ya que no todos los productores indican en su etiquetado esta tipología de vinos, con la confusión que esto puede generar en el consumidor final. Lo cierto es que aunque no se indique en muchos de sus etiquetados, sus rasgos aromáticos y gustativos son evidentes en la cata, y no cabe duda de que en los últimos años esta tipología de vinos crece. Este crecimiento es especialmente llamativo en Cataluña, donde existe una especial sensibilidad hacia estos vinos, póngase como ejemplo los vinos blancos del Penedès o de Priorat, donde ya se han convertido en un estilo propio de la zona. Con independencia de su filosofía y método de elaboración el equilibrio manda sobre todas las cosas, incluso sobre la singularidad que indudablemente muestran estas elaboraciones. Se trata de vinos que reflejan su diferenciación a través de un aroma o sabor poco habituales para el consumidor, muchas veces incluso difíciles de entender por un consumidor no experimentado. Aunque existen vinos de estas características que gozan de buenas puntuaciones, muchos de ellos ubicados en la producción de vinos biodinámicos, lo cierto es que una inmensa mayoría se queda a las puertas de obtener mejores puntuaciones por la poca diferenciación existente entre sus semejantes, ya que este tipo de elaboraciones estandarizan los aromas y sabores de tal forma que resulta imposible entrever las uvas utilizadas o su lugar de procedencia.

Viñedos de Montsant

Algo parecido les sucede a los vinos que provienen de las nuevas tendencias en la elaboración, póngase la maceración de vinos blancos con sus pieles durante la fermentación o la utilización de raspón en los vinos tintos, a veces en porcentajes demasiado altos. Al igual que en los vinos naturales, estos vinos cuentan con un rasgo diferenciador, sin embargo también nos damos cuenta de que esa diferenciación acaba dominando sobre el vino, restando nuevamente importancia al concepto terruño. Efectivamente el abuso de estas técnicas de elaboración, conste que no son de reciente creación, acaba enmascarando el origen de los vinos y homogeneizando sus rasgos dentro de sus inusuales características, aunque también aquí tenemos auténticos maestros que saben cómo trabajar con estos elementos más como un medio que como un fin.

¿Qué más nos depara el vino de Jerez?

En nuestras catas en la DO Jerez - Manzanilla de Sanlúcar  tuvimos una revelación. Con la inquietud y el escepticismo como bandera, algunos elaboradores del Marco, se están cuestionando si los vinos de Jerez están donde deberían estar. Se plantean la siguiente cuestión, si suelo, clima y variedad son los tres ingredientes que definen a la elite productora del vino de calidad en el mundo ¿por qué en Jerez se siguen construyendo los vinos en torno a su singular proceso elaborador? Así pues la misión que se han encomendado es la de construir en torno al viñedo y darle nuevamente la importancia que merece a las cosechas. Una vía de crecimiento no excluyente con los excelentes trabajos que históricamente se realizan en la DO. La vía de trabajo de estos idealistas pasa por cambiar las crianzas dinámicas -el tradicional sistema de criaderas y soleras, con su mezcla de añadas- a ser estáticas, es decir, que cada cosecha viva su propio proceso de crianza de forma independiente. De igual manera se apuesta por la utilización del velo de flor en los vinos de crianza biológica como un medio para representar un determinado viñedo, y no como un fin en sí mismo, como puede apreciarse hoy día en muchos de los finos y manzanillas que se comercializan. Jerez vive su propio proceso de revolución interna, y vuelve la vista al pasado para aportar otro pedacito más de su increíble historia y patrimonio vitícola.

El podio y su amplia representación de la diversidad del vino en España

Este año el podio de la Guía, los vinos calificados como excepcionales  (95-100 puntos) cuentan con una mayor representación que en la pasada edición. Hasta 173 vinos han conseguido entrar en este singular Olimpo, vinos que representan la alta diversidad de estilos que imperan en nuestro país, contrariamente a lo que se piensa algo no tan común en el reto de productores mundiales. Hasta 20 zonas productoras están representadas en este selecto grupo, un grupo responsable de abanderar en el 2017 la calidad de nuestros vinos en el resto del mundo.

Viñedos en Valtuille, Bierzo

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