Argentina a paso de gigante (2)

 Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

Altamira y el cono aluvional del río Tunuyán

Tras la primera parte del artículo donde repasamos la actualidad del vino argentino, continuamos nuestro viaje  donde lo dejamos. La IG Paraje Altamira, es para muchos un ejemplo de construcción de una zona de producción limitada gracias a que su delimitación se centra exclusivamente en torno a la diferenciación real de suelo y clima. Supuso un gran esfuerzo crearla, pero su nacimiento cambió las reglas de juego en el devenir de las IG’s de Argentina (actualmente 195).

El buen nombre de la zona ha corrido como la pólvora, siendo reconocido tanto nacional como internacionalmente, hasta tal punto que la discusión actual se centra en cuáles han de ser los limites geográficos para poder etiquetar como Paraje Altamira. La respuesta es clara, el suelo y el clima son factores determinantes, dato importante si tenemos en cuenta que a medida que nos alejamos de la cordillera el clima cambia. En la medida en que Altamira responda a las presiones e intereses geográficos sin ceder un ápice ante las demandas que no tengan justificación argumental se garantizará su lugar privilegiado en el cielo del vino argentino, convirtiéndose en el primer cru de Argentina y no por ello el único.

Cantos rodados de granito cubiertos de polvo calizo en el suelo del viñedo de Altamira.

La construcción de la IG Paraje Altamira, ha sido relativamente rápida (menos de tres años) si lo comparamos a los tiempos necesarios para implantar una nueva zona de producción en Europa. Luis Reginato, Director de viñedos de la bodega Catena Zapata, Bodega Reginato y Bodega Chamán, conoce bien lo que fue crear esta IG ya que estuvo involucrado en su proceso desde el inicio. Bajo su mano se han presentado ya otras futuras Indicaciones Geográficas (IG) como Los Chacalles, El Cepillo (al sur de Altamira) y  hace escasas dos semanas Gualtallary. Para todas estas futuras indicaciones se estima que se necesite mucho menos tiempo para  crearse, cerca de seis meses. También será dentro de poco cuando Sebastián Zuccardi presente toda la documentación necesaria para postular a San Pablo como una nueva Indicación Geográfica. Todo un hervidero de nuevas propuestas que da idea del momento creador que atraviesa el país.

La lógica racional impone que tal y como sucedió en Altamira las futuras adiciones se ciñan exclusivamente a cuestiones edafológicas y no administrativas. Aunque la lógica no siempre triunfa sobre las imposiciones políticas se espera que los que están por llegar se sumen a una tendencia decisiva para el futuro vinícola del país. Lamentablemente en España, tenemos buenos ejemplos de cómo las divisiones políticas acaban limitando el desarrollo vitícola de una zona.

Luis Reginato, viticultor involucrado en la creación de distintas Indicaciones Geográficas argentinas.

Gualtallary, el nuevo El Dorado argentino

Más allá de las lecturas técnicas sobre Paraje Altamira, lo que finalmente da sentido a ésta u otra nueva zona de producción es la diferenciación de sus vinos. Si el año pasado ya avisábamos sobre la llegada de vinos de esta zona con un estilo definido basado en la elegancia y sutileza, este año se aprecia una mejora cualitativa. Existen más y mejores vinos centrados en reflejar su lugar de procedencia. Ahora sí empiezan a aflorar matices grupales, más calizos, bocas estructuradas pero elegantes y bien balanceadas, con un tanino fino y una buena acidez. Se trata de características que se contraponen a las encontradas en los vinos elaborados en Gualtallary, donde la mayor altitud de alguna de sus viñas (1.600 metros) y sus suelos confieren a los vinos más nervio, siendo más silvestres, balsámicos, potentes y estructurados que los de Altamira, pero igualmente deslumbrantes. Es en este departamento donde hemos encontrado nuevamente una tendencia grupal. Aunque más tímida y menos desarrollada que en Altamira, Gualtallary posee un gran potencial de crecimiento, algo que bien saben Alejandro Vigil y Adrianna Catena con su Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary 2011 o Sebastián Zuccardi con su Zuccardi Aluvional Gualtallary 2014, dos vinos que con cada nueva cosecha crecen cualitativamente debido al mayor conocimiento que va existiendo de cada parcela, de cada departamento. En el ideario de muchos productores está que Gualtallary llegue a subdividirse en cinco apelaciones o subzonas, aunque habrá que ver si tanta subdivisión tiene justificación a través de sus vinos.

Movimientos ecológicos en tierras sanas

Si en algo destaca el viñedo argentino además de por su altitud es por su salud y no es de extrañar si observamos su escasa pluviometría media, entre 200 y 250 mm anuales, salvo en los años en los que actúa el fenómeno del Niño en la costa chilena, donde se incrementan las lluvias sin llegar a ser excesivas (340 mm. anuales). Las autoridades argentinas se esfuerzan por controlar la posible entrada de enfermedades con un sólido control de entrada de frutas, vegetales y plantas, sin embargo a pensar de todos estos esfuerzos Mendoza se ha visto afectada recientemente por una plaga de polilla de racimo (Lobesia Botrana) que entró en el país desde Chile a través de maquinaria de labranza mal saneada y que está afectando al 80% del viñedo mendocino.

Rosado de syrah biodinámico, sin filtrar ni calificar, certificado Demeter.

Salvando esta situación excepcional, pocos productores se ven en la necesidad de tratar ecológicamente sus campos. Sorprende que con estos antecedentes surjan productores vinculados con la enología y viticultura ecológica, dado que es precisamente en este viñedo donde menor repercusión tienen los trabajos de viña más ‘convencionales’.

Muchas bodegas trabajan en este línea, más por una filosofía y forma de pensar que por una necesidad urgente por salvaguardar la sostenibilidad de sus viñas. Lo más llamativo en estos trabajos es que a nivel de cata los vinos “naturales” conservan aquí un buen equilibrio, y no adolecen de muchos de los defectos que podemos encontrar en otras partes, como en Europa, donde conviven vinos naturales bien elaborados y correctos, con otros con defecto de elaboración y conservación. Resulta paradójico que algunos concienciados con la ecología defiendan el sistema de riego por inundación ante sistemas aparentemente menos agresivos en un momento de escasez hídrica.

Viticultura y agua para hacer mejores vinos

Hoy día nadie discute que para hacer grandes vinos es necesario tener buena uva, y para ello solo cabe centrarse en la viticultura. Teniendo como tienen la obligación de utilizar el agua a través del riego, muchos elaboradores se están centrando en el estudio de los diferentes sistemas de riego. Sorprende ver como el sistema de riego por inundación es un sistema no solo viable en esta región vinícola sino coherente si lo que se busca es que las raíces profundicen en el suelo. La idea según Sebastián Zuccardi, es imitar en la medida de lo posible el comportamiento de una tormenta. Se satura de agua la tierra, para que ésta, gracias al buen drenaje existente en gran parte del viñedo mendocino caiga al subsuelo y sea la planta la que tenga que localizar esta agua en lo más profundo una vez saciada su sed inicial.

Viñedo biodinámico en Gualtallary, conducido en 'gobelet' y alta densidad de plantación.

El agua es una preocupación a nivel global, y lógicamente también lo es en Argentina, a pesar de que cuenten con capas freáticas a poca profundidad, de 5 a 10 metros en San Carlos y a partir de los 110 metros en Gualtallary. La actual ley de aguas de Argentina impide realizar más pozos, y aquellos realizados con anterioridad pertenecen al viñedo o cultivo para el cual fueron realizados. El agua pertenece a la tierra, si vendes dicha tierra la vendes con su derecho de agua. Parece lógico, sin embargo esta acotación al uso del agua también está generando preocupaciones a la hora de hacer frente a la colonización de nuevas zonas de producción, ya que no cuentan con la garantía de poder abastecerlas de agua.  

Puede continuar la lectura de la tercera y última entrega de 'Argentina a paso de gigante' pinchando aquí.

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