Argentina a paso de gigante (3)

Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

Los reaccionarios del vino

Retomando la segunda etapa de nuestro viaje por Argentina (leer aquí), una de las mejores puestas en escena dentro del gran escenario vinícola argentino la encontramos en los grupos de elaboradores y viticultores más irreverentes, los reaccionarios del vino. Detrás de la imagen más inconformista que ofrecen existe un profundo conocimiento y respeto por el trabajo pasado. Se trata de aprovechar la historia, interiorizarla y desgranarla para saber qué parte es la consecuente con las viñas y mantenerla, y si es posible mejorarla.

Nunca los más jóvenes estuvieron tan cerca de sus antepasados y ésta es ya una tendencia no sólo en Argentina sino en el resto de mundo. No hay tema que no sea replanteable, como la idoneidad de algunas de sus variedades históricas como la merlot, o la búsqueda de variedades teóricamente con mejor adaptabilidad a sus climas, como hace la bodega Ver Sacrum y sus vinos a base de monastrell y garnacha, una apuesta que abre nuevas vías de crecimiento estilístico en los vinos argentinos y que por tanto son positivas para el conjunto de elaboradores.

Vinos de variedades mediterráneas no tradicionales, poco empleadas en Mendoza. 

En esta línea se están haciendo también serios trabajos de desarrollo de variedades denostadas en por su pasado granelístico, tal y como se hizo en su momento con la bonarda con excelentes resultados como lo demuestran el Via Revolucionaria Bonarda Pura 2016 de Passionate Wines o Emma Zuccardi Bonarda de Zuccardi Valle de Uco entre otros. Hoy en día este trabajo parace orientado al desarrollo de otra uva calumniada como la criolla chica (listán prieto). La bodega Zuccardi tiene mucho que decir en estos trabajos y es cuestión de tiempo que empecemos a encontrar también muy buenos resultados.

A nivel estilístico la bonarda ofrece singularidad. A pesar de su rusticidad, esta variedad es capaz de mostrar una extrema floralidad y expresión frutal, compitiendo en cierta medida con la pinot noir, aunque su factor limitante sea su final en boca, poco estructurado y algo amargoso en aquellos vinos elaborados al 100% con esta variedad, por eso algunos productores apuestan por acompañarla con algo de cabernet franc. Sin embargo existen ejemplos cien por cien bonarda donde la boca posee equilibrio y sutilidad, lo que demuestra que esa línea sí que es posible.

Los vinos de bonarda mejor puntuados en la Guía Peñín Vinos de Argentina 2017.

Buena parte de los nuevos trabajos que están rompiendo moldes en Argentina vienen de elaboraciones realizadas en hormigón, o como allí le llaman concreto. Existen de todo tipo, con equipos de temperatura incorporados pero con limitaciones en las temperaturas a utilizar para evitar roturas y grietas, sin opción a controlar la temperatura, con revestimiento de epoxi o sin él. Ubicados en bodega o a pie de viña al viejo estilo de las elaboraciones de Georgia. La madera es vehicular, no una imposición sobre el vino, es así como se usa un bajo porcentaje de madera nueva y mucho mayor de barricas de dos, tres o hasta cuatro vinos.  

Huevos de hormigón, en el pasado elaborados por el bodeguero debido a las restricciones de importación.

El efecto Michelini en el vino argentino

Guste o no la familia Michelini ha tenido una gran responsabilidad en los cambios que están aconteciendo en la viticultura y enología argenta. Su concepción menos intervencionista, roza la radicalidad irracional, aunque si se observa con detenimiento nunca llega a pisar el terreno de la irracionalidad o el desequilibrio. Apuestan por una intervención mínima, por trabajar las uvas de cada parcela de tal forma que cuando lleguen a bodega solo tengan que controlar la transformación de mosto en vino. Su apuesta es la del suelo con la frescura y la búsqueda de esa frescura a través de los límites de la acidez. A través de las bodegas de estos cuatro hermanos Matías, Juan Pablo, Gerardo (Bodega Gen) y Gabriel y de la bodega SuperUco que les aglutina a ellos cuatro junto a su socio y amigo Daniel Sammartino, trabajan por la identidad de los diferentes parajes o terruños en los que se encuentran, Gualtallary, Vistaflores y Altamira. A pesar de la juventud de esta familia sus trabajos se han convertido en una cantera de nuevos y desenfadados proyectos que trabajan la misma “alocada” idea de hacer el vino sin pensar demasiado en el consumidor. Sabemos bien los caminos que estos emprendedores pueden llegar a abrir en cualquier parte del mundo. Hablamos de gente como Mauricio Boullaude y Marcelo Franchetti con su proyecto Underground en Gualtallary, Cristian Morelli, encargado de Bodega Zorzal también en Gualtallary o Giuseppe Franceschini  en la subzona de Agrelo (La Giostra del Vino).

Los hermanos Michelini, cada cual con su proyecto, y todos involucrados en la bodega común.

Lucha por la capitanía en la elaboración de vinos blancos

En la elaboración de vinos blancos argentinos son tres las variedades que conviven con fuerza: chardonnay, sauvignon blanc y torrontés. Tres variedades que aunque consiguen alcanzar altas cuotas de calidad, 93 puntos, no acaban de conquistar puntuaciones de podio (mínimo de 95 puntos). Haciendo una breve parada en esta situación, entendemos que los mejores ejemplos de chardonnay no llegan a cotas más altas cuando su madurez y su crianza en barrica, acaban por ofrecer una visión de este varietal madura y un tanto golosa, más próxima a la universalidad de los blancos continentales de chardonnay de cualquier parte del mundo, en lugar de hacer suya una interpretación más personal. La otra cara de la moneda la encontramos en el sauvignon blanc, una variedad que busca su expresión en la altitud, encontrando su máximo exponente en tierras salteñas a una altitud fuera de lo normal. A pesar de tener excelentes ejemplos con este varietal, a los mejores vinos de sauvignon blanc todavía les falta algo, y ese algo es que el vino no sólo ofrezca sus evidentes matices varietales, fácilmente identificables y muy dominantes sobre el resto, sino que además sea capaz de ofrecer rasgos de suelo y una elegancia digna de los grandes vinos blancos del mundo. Es sin duda un camino todavía por desarrollar para muchos de los grandes elaboradores del país.

La torrontés, encuentra su máxima expresión en la Rioja y en los viñedos de altura de Salta, en Cafayate, en los valles Calchaquíes, donde desarrollan sus rasgos aromáticos (florales, próximos a los de la variedad moscatel) y encuentran una buena corpulencia debido al efecto del sol, todo ello acompañado de una buena acidez fruto de la mayor integral térmica.

Patagonia y sus futuros vinos de guarda

Es en el sur del país, en Neuquén, Río Negro y Chubut, zonas que poseen una gran frescura, donde se pueden buscar una línea de vinos más verticales, más ácidos y afilados y por qué no que permitan jugar con los envejecimientos en botella, una línea que no hemos podido localizar todavía entre los vinos catados. Lo cierto es que las bodegas que ya están trabajando allí, como la Bodega del Fin del Mundo están consiguiendo excelentes resultados en los últimos años con variedades como la pinot noir y la tannat, aunque también con la omnipresente malbec. El gran reto aquí era el agua, ya que nos encontramos en pleno desierto, pero el acceso al riego por goteo ha permitido explorar y desarrollar los vinos de calidad en la región, todo un logro para los productores y todo un lujo para los consumidores que tenemos oportunidad de probar los vinos de latitud sur.

El camino andado hasta la fecha por la industria vitivinícola de Argentina ha sido espectacular. Los próximos años vendrán cargados de novedades por lo que merece la pena permanecer atentos al desarrollo y al cambio que ya se está produciendo en el viñedo argentino.

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