Chile: luces y sombras del gigante exportador de América (1)

Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

Guía Peñín aterrizó otro año más en Chile. Fue el noviembre pasado cuando el equipo de cata visitó Argentina en su primera etapa del viaje, seguido de Chile. Fueron cerca de 15 días en los que se pudieron visitar viñas y productores al tiempo que se evaluaban más de cuatrocientas muestras de vino chileno, 430 para ser más exactos. Pueden consultar en abierto las puntuaciones de los vinos de Argentina y Chile registrándose aquí.

Chile es, por méritos propios, el gigante exportador de vino en América y cuarta potencia exportadora de vino a nivel mundial después de Francia, España e Italia, según datos de la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino). Las razones de su excelente posicionamiento en la balanza exportadora (801.000.000 litros) son fáciles de comprender: poseen un nivel de consumo interno relativamente bajo, 14 litros per capita, lo que desde un principio obligó a las bodegas a centrarse en la exportación como fuente principal de ingresos en su balanza comercial. Su modelo comercial está basado fundamentalmente en el efecto de una exportación centrada en el volumen a precios francamente competitivos, un modelo similar al que domina en España. De hecho, uno de los grandes retos a los que se enfrenta Chile a día de hoy es conseguir que sus pequeños productores sean capaces de posicionar sus vinos de mayor calidad en un segmento de precios mayor. Al tiempo que escribimos estas líneas se ha producido el peor incendio forestal de la historia de Chile. Más de 160.000 hectáreas de bosques y cultivos calcinadas, especialmente cruento en el Maule, uno de los corazones productores de vino en Chile donde se encuentran algunas de las pocas cepas centenarias del país. Habrá que esperar para ver la envergadura de la catástrofe, pero es seguro que los más afectados serán los pequeños productores y terratenientes.

Influencia geoclimática

A nivel estilístico, las viñas chilenas poseen poderosos argumentos para ofrecer diferenciación en torno a sus vinos. Hay, pues, tres factores que marcan el carácter chileno. Hablamos no sólo de sus disposición norte-sur (calor-frescura) –recordemos que el país posee más de 6.400 kilómetros de costa– sino, sobre todo, de la disposición del viñedo de este a oeste en cada latitud, ya sea en costa, entrecordilleras o Andes, mención aprobada ya en 2011 y que lamentablemente a día de hoy tiene muy poca repercusión en el etiquetado de los vinos.

Tres vinos en los que sí se indica la mención Costa, Entre Cordilleras y Andes. 

Se trata de la mayor influencia a la que se ven sometidas las viñas, no sólo desde el aspecto climático, influencia del Pacífico (clima mediterráneo) o de los Andes (clima continental), sino también desde la composición de los suelos, ya que entre la cordillera de la costa y la de los Andes hay una diferencia de edad de 300 millones de años, siendo la cordillera de costa la más anciana del lugar, contrariamente a lo que popularmente se piensa. Sin embargo, todo esto cae en saco roto cuando se somete a las viñas a una sobreproducción, como ha sucedido en algunos de los vinos que hemos podido catar en este viaje. Este suele ser el coste de los bajos precios en la venta de vino. Pero no todo es así en Chile ni mucho menos.  

Francia y el vino chileno

Ningún país productor de vino en el mundo ha podido escapar a la influencia del vino francés. Tampoco Chile, que trasladó también las principales variedades francesas, como la cabernet sauvignon, merlot, syrah, sauvignon blanc o chardonnay, así como el modelo de chateau bordelés a sus tierras. El desarrollo de este modelo productor se lo debemos a las grandes familias del vino chileno, empresarios que conocieron el modelo bordelés en sus viajes y que, arrastrados por la imagen y calidad de estos vinos, quisieron reproducirlo en su país de origen. El mejor ejemplo de este estilo de vinos lo tenemos en Viña Almaviva, una bodega que proviene de una join venture entre el grupo Concha y Toro y Chateau Mouton Rothschild, y que arrancó con la cosecha 1996. El éxito de Viña Almaviva se debe, en gran medida, al carácter y conocimiento de su enólogo Michel Friou, que ha sabido trasladar a la perfección la esencia bordelesa a tierras chilenas. Almaviva 2013 (96 puntos) ha sido el vino mejor valorado en nuestro último viaje y ha sido así gracias a su elegancia y sutileza, pero también la contundencia y la estructura tan características de los vinos de Burdeos.

Otro gran ejemplo de este estilo bordelés lo encontramos en el vino El Principal 2013 (95 puntos) de la bodega Viña El Principal. Fundada en 1992 por los socios Jorge Fontaine, dueño de la Hacienda El Principal, y Jean Paul Valette, enólogo francés y antiguo dueño de Château Pavie en Saint-Émilion. La bodega fue adquirida en 2005 por el empresario y naviero alemán Jochen Döhle y la familia chilena Said Handal. En los mandos técnicos se encuentra el enólogo chileno Gonzalo Guzmán y el asesor francés Patrick Léon, antiguo Director Técnico de Château Lascombes Crus Classé en Margaux y Château Castera en Lesparre-Médoc.

Aunque muchas bodegas se centran en este estilo bordelés, también se están realizando excelentes vinos con cortes más próximos al Ródano y al sur de Francia, como sucede en el Gran Reserva Syrah – Mourvèdre Las Niñas 2014 (94 puntos) de Viña Las Niñas, bodega fundada por tres familias francesas: Cayard, Dauré y Bournazeau-Florensa.

Si Burdeos ha sido desde siempre la referencia a tener en cuenta de buena parte de los productores chilenos, los más jóvenes han desviado la mirada hacia otras zonas también francesas de mayor frescura, como Borgoña o el Valle del Loira. Cautivados por la frescura, acidez y poca concentración, se ha profundizado en la elaboración de vinos con éstos parámetros. Para conseguir esta frescura hay que regular el viñedo, el riego, la edad y los rendimientos, un tema estructural para lo que no basta con vendimiar antes, ni reducir la extracción.

Por poner algunos ejemplos, los blancos de sauvignon blanc son intencionadamente de expresión más tiólica (recuerdos a espárragos verdes), algo que se ha convertido en un estilo francamente interesante dentro de los vinos blancos chilenos, especialmente los que provienen de costa. Longavi Sauvignon Blanc 2015 - Valle de Leyda (93 puntos) de Bouchon Family Wines o Casa Silva Cool Coast Sauvignon Blanc 2016 (92 puntos) de Casa Silva son dos buenos ejemplos de lo que aquí hablamos.

     

Como se puede apreciar, las cosechas de estos vinos son recientes, faltaría comprobar la capacidad de guarda de éstos vinos, una cata interesante que esperamos podamos hacer en la próxima visita a Chile.

En tintos también encontramos excelentes ejemplos de pinot noir en diferentes zonas de producción de Chile, tanto en la Región de Aconcagua (Bill Limited Edition Pinot Noir 2016 - 93 puntos o Refugio 2015 - 93 puntos ambos de Casablanca), como en el Valle Central (Emoción Starry Night Pinot Noir 2014 - 93 puntos en Maipo) o en la Región Sur (Sol de Sol 2012 - 91 puntos en el valle de Malleco).

Grandes y pequeños productores 

A nivel productor existen dos tipos de elaborador. Los grandes productores, responsables de la modernización tecnológica  de las bodegas y del desarrollo de la exportación; y los pequeños productores.

Es importante saber que las grandes familias del vino desarrollaron la industria del vino chileno, siendo durante décadas los únicos actores relevantes del país, hasta que en 1980 la industria se sobredimensionó debido al “fondo de utilidades tributables” que permitía a los elaboradores de vino no pagar impuestos siempre y cuando se reinvirtiesen los beneficios en la propia bodega, lo que provocó que las grandes casas se hicieran más grandes todavía. Seis bodegas concentran gran parte de la producción de vino embotellado y de las exportaciones de vino chileno: Santa Rita, Concha y Toro, Santa Carolina, San Pedro, Undurraga y Viña Errázuriz, viñas históricas que han cargado bajo sus espaldas gran parte del peso de la industria vinícola patria.

Todo esto ha provocado que los pequeños productores se agrupen en asociaciones que les permiten tener una mayor visibilidad y notoriedad frente a las grandes casas, capaces de invertir en comunicación y marketing. Como es lógico, cada uno hace marcha con las herramientas que tiene. Las dos agrupaciones más importantes son MOVI y VIGNO.

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