Chile: luces y sombras del gigante exportador de América (2)

Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

Continuamos nuestro recorrido por el vino chileno con nuestra segunda y última entrega del artículo “Chile: luces y sobras del gigante exportados de América del Sur”. En nuestro primer artículo, terminábamos hablando de las diferentes tipologías de productores que conviven en Chile. A nivel productor existen dos tipos de elaborador. Los grandes productores, responsables de la modernización tecnológica  de las bodegas y del desarrollo de la exportación; y los pequeños productores. Todo esto ha provocado que los pequeños productores se agrupen en asociaciones que les permiten tener una mayor visibilidad y notoriedad frente a las grandes casas, capaces de invertir en comunicación y marketing. Como es lógico, cada uno hace marcha con las herramientas que tiene. Las dos agrupaciones más importantes son MOVI y VIGNO.

Las asociaciones en Chile, la unión hace la fuerza

MOVI (Movimiento de Viñateros Independientes)

Arrancó en 2009 con 12 fundadores de diferentes orígenes (Italia, Suiza, Canadá, Francia y Chile), y hoy lo conforman 32 elaboradores. Su razón de ser no es el origen geográfico, ni el terruño, ni las variedades, ni el método de elaboración. Su nexo de unión son las personas y las proporciones humanas de sus bodegas. Tal y como nos explicó Felipe García Reyes, gerente de MOVI y también copropietario de la bodega GARCIA + SCHWADERER, “MOVI surge de la necesidad que tienen sus miembros de apoyarse mutuamente para alcanzar unos objetivos a los que difícilmente podrían llegar por separado en un sector globalizado y competitivo”.

Para entrar en esta asociación hay que estar recomendado por un socio, se elige la persona, no el proyecto o el vino. Aquí lo más importante es la voluntad y el compromiso de cooperación. MOVI es una gran “comuna” en la que todos sus miembros comparten contactos comerciales, promocionan sus vinos y los de sus compañeros, una forma coherente de convertirse en actores que puedan “codearse” con los grandes y hacerse oír; un movimiento que surge como consecuencia de las colosales dimensiones de su industria. Sin embargo, se echa en falta un cierto compromiso cualitativo que dé mayor cohesión al movimiento. Es positivo, sano y lógico agruparse para conseguir mayor notoriedad y poder tratar casi de tú a tú a los grandes grupos, pero lo que más enriquece a la globalidad de sus socios es que entre ellos exista un compromiso por hacer las cosas de una forma diferente, ya sea en la producción, o en los cuidados de la viña.

VIGNO (Vignadores de Carignan)

Esto nos lleva ineludiblemente a VIGNO (Vignadores de Carignan), un movimiento que busca mejorar el posicionamiento del Valle del Maule a través de una estrategia bien definida en torno a sus vinos, con unas premisas bien claras para cada uno de sus socios: los vinos bajo este sello deben de estar compuestos al menos de un 65% de cariñena, el 35% restante es de libre disposición, procedentes del Maule. Las viñas han de tener al menos 30 años de edad y estar plantadas en vaso y sin riego, y los vinos han de permanecer un mínimo de 24 meses en barrica y/o botella. Algunos de los elaboradores que se encuentran en MOVI también poseen algún vino dentro de VIGNO, incluso grandes productores. Lo que aquí se busca es ensalzar un lugar determinado a través de una variedad determinada y que ésta represente lo más fielmente posible su lugar de procedencia y sus suelos de origen granítico.

Chanchos deslenguados

Se trata de una plataforma que no funciona como una asociación, no está formada por socios ni existen unos objetivos comunes, lo que busca es animar las ventas de los proyectos más pequeños y personales. Alguno de los vinos que promueven se encuentran en producciones que rondan las 500 botellas por marca. Se trata de una forma muy útil de dar a conocer las pequeñas elaboraciones en forma de eventos, ferias o muestras de vino de vinos de difícil acceso.

El nacimiento de este tipo de asociaciones es algo común en países productores de vino donde existen grandes agentes productores. Generalmente giran en torno a pequeños elaboradores que carecen de grandes recursos para la promoción de sus productos, aunque también se dan casos de agrupaciones que giran en torno a la calidad y singularidad de sus vinos. En España tenemos buenos ejemplos, como Inkordia Wines o Rioja’n’Roll.

Carmenère, ¿la malbec chilena?

Originaria de la Gironda, la carmenère posee en cierta medida un desarrollo parejo al experimentado por la malbec en Argentina. Procedente del cruce entre la cabernet franc y gros cabernet, fue introducida en Chile a mediados del s.XIX, sin embargo no fue reconocida como tal hasta 1998 al ser confundida durante muchos años como la merlot chilena, por ser un poco más tardía que la merlot (“Wine Grapes” pag 191 - Jancis Robinson). La realidad es que, al igual que sucede con la malbec, la carmenére está consiguiendo excelentes resultados en Chile, lo que ha provocado que muchos consumidores la identifiquen como una variedad puramente chilena.

Se trata de una uva a la que le cuesta madurar cuando se trabaja en altos rendimientos, ofreciendo es estos casos un perfil más verde, pero que funciona muy bien cuando se cuida y se elabora en rendimientos bajos. Existen grandes exponentes que hacen del carmenère una variedad excepcional. Así lo hemos podido comprobar en Marqués de Casa Concha 2014 de Concha y Toro, procedente del valle de Cachapoal, en el Valle del Rapel. Este vino ha conseguido en nuestra reciente visita nada menos que 94 puntos, gracias a su expresividad y su singular y elegante herbalidad. Otros buenos ejemplos los encontramos en Hacienda Araucano Alka 2015 (Valle de Colchagua) de Viña Hacienda Araucano (François Lurton), Terranoble CA1 Carmenère Andes 2013 de la bodega Terranoble (Valle de Colchagua), ambos con 93 puntos. Lo cierto es que la gran mayoría de productores prefieren acompañarla de otras variedades como la cabernet sauvignon, merlot o syrah, para contrarrestar sus taninos suaves y su cuerpo medio. La gran mayoría de productores siguen viendo en la mezcla de variedades la puerta para ofrecer al consumidor los vinos de más alta gama, buscando construir a través de los aportes varietales vinos más complejos y expresivos.

Como sucede en todos los países productores de vino, la búsqueda de las mejoras de la calidad de la uva es una constante. Cada vez más productores se suman a la producción en biodinámico, aunque no todos lo certifiquen o comenten en sus etiquetas. Generalmente esta apuesta viene de las bodegas de menor volumen, que pueden incorporar el “sobre coste” de los tratamientos adaptados a cada viña a través de la venta de vinos de mayor precio.

Con la obsesión de obtener mejores uvas existe una búsqueda constante del mejor sistema de plantación y de riego para cada vid. Si antiguamente se buscaban marcos de plantación más amplios (2 x 2,5 metros), en la actualidad muchos productores del Valle Central buscan marcos más estrechos (1 X 0,80 m), de forma que se cree una mayor competencia entre las plantas al tiempo que se busca que las raíces profundicen más para conseguir el agua. El riego se utiliza de la manera más homogénea posible, intentando reproducir el efecto de una lluvia. Para ello, algunas bodegas introducen riego enterrado entre cada calle. Cada tipo de suelo es un mundo, la arcilla, por ejemplo, facilita que el sistema radicular se extienda horizontalmente, mientras que la arena posibilita una mayor verticalidad del mismo, patrones que ya todo el mundo tiene en cuenta a la hora de diseñar nuevas plantaciones de viña.

El “entry level” chileno 

Así se conoce a los vinos de entrada en exportación. Se trata de la gama de vinos más desarrollada en Chile, responsable de los volúmenes que comentábamos al abrir esta ronda de artículos. Estilísticamente bien definidos, poseen una buena calidad y buscan un acercamiento al vino rápido, agradable y poco reflexivo, a través de una disminución de los costes de producción, lo que les ha llevado a sobrexplotar las viñas o utilizar maderas viejas en algunos casos, lo que dificulta la construcción de una imagen fuerte en torno a sus vinos y a su diversidad.

La gran mayoría de estos vinos acaban en los lineales de EE.UU. debido a su buena relación calidad precio y son, por tanto, una exposición de la realidad del vino chileno para los consumidores que acuden a él. Lo habitual es que pertenezcan al grupo de grandes productores, si bien algún productor mediano también ha buscado crecer en esta línea de vinos. El cierre habitual de estos vinos es rosca o corcho. Resulta llamativo que un país productor de tan clara vocación exportadora no cuide expresamente el encorchado de sus vinos. Muchos de los vinos descorchados en nuestras sesiones de cata acabaron con el corcho destrozado, algo que no nos ha sucedido de forma tan repetida en ningún otro lugar del mundo.

Al estar las bodegas vinculadas a grandes producciones, no se aprecia el trabajo con parajes particulares y diferenciados a través de microvinificaciones, una tendencia para todos aquellos países que buscan construir su imagen vínica a través de los vinos que se encuentran en punta de la pirámide. Estos argumentos ya los explora Chile, será cuestión de tiempo que empiecen a ser tendencia entre la gama alta de sus vinos.

 

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