La grandeza en la diferencia

Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

¿Qué tienen en común el Mosela alemán, con Tokaj y Montilla Moriles? ¿Son la riesling, furmint y pedro ximenez variedades comparables? ¿Y si además las situamos en sus suelos naturales de procedencia, pizarras grises o albarizas, no han de arrojarnos vinos absolutamente diferentes? Bajo el titulo “La grandeza en la diferencia” la embajadora de Hungría, Enikő Győri, invitó a un selecto grupo de periodistas y bodegueros a una cata tan especial como singular.

El acto tuvo lugar en la residencia de la embajadora y estuvo gobernado magistralmente por el sumiller Josep Roca y el que fuera export manager de Vega Sicilia, Rafael Alonso, quienes apoyados puntualmente por los bodegueros Fernando Jiménez de Alvear, Janos Arvay, dueño y enólogo de las bodegas Arvay y Begoña Jovellar, enóloga de las bodegas Vega Sicilia, fueron hilando minuciosamente las diferentes elaboraciones que allí se pudieron catar.

Cuatro bodegas, Egon Müller Scharzhof, Árvay Pincészet, Alvear y Oremus, y siete vinos, servidos en dos tiempos, con un primer bloque de “secos”, aunque no en el sentido literal teniendo en cuenta los vinos que se cataron: Scharzhofberger Kabinett 2015, Tokaji Szabi Furmint 2013 y Alvear Criadera A y un segundo bloque de "dulces".

Scharzhofberger Kabinett 2015 (Egon Müller Scharzhof) - 94 puntos

No todos los días uno puede probar un vino de Egon Müller, ni mucho menos uno de los que allí afortunadamente encontramos. Para el que firma estas líneas, fue el primer contacto con este elaborador más allá de las interesantes lecturas que se encuentran sobre esta mítica bodega. Este contacto no ha defraudado. “Pitu” Roca es un gran conocedor de esta bodega y fue el encargado de ponernos en situación, mediante una formidable exposición de lo que esta casa es y lo que representan sus vinos en cuanto a historia, caracterización de sus viñas y, por qué no decirlo, a la eternidad de muchos de sus vinos, loados en medio mundo por prescriptores de toda índole, raza o religión. Este Kabinett 2015, todavía un bebé para lo que puede llegar a desarrollarse con el paso de los años, es un vino muy fresco, singularmente fresco y mineral. De refrescante nariz cítrica (pomelo) y sutil floralidad, se muestra franco, sincero, pues se presenta con toda la grandeza de sus sencillez, tal y como sucede con la sobriedad arquitectónica del románico, de líneas tan austeras y tan grandes a la vez. El tiempo le aportará sin duda una gran complejidad.

Tokaji Szabi Furmint 2013 - 92 puntos

Szabolcs Árvay, hijo de Janos Árvay, hizo el primer vino dentro de la bodega en 2009. Este Tokaji lleva su sello. Se trata de un 100% furmint que proviene de Középhegy, situado entre los pueblos vitícolas de Rátka y Mád, en la sierra de Zemplén, con unos suelos volcánicos de exposición sur-suroeste. De un color amarillo brillante, ya empieza a mostrar ligeros matices de hidrocarburo, más parecidos en su estado inicial al olor del neopreno. Su nariz conjuga una singular fruta madura acompañada de una fina mineralidad. En boca es sabroso, equilibrado, expresivo y complejo. Posee también una rica acidez y unos ligeros matices oxidativos en boca acompañados de un fino amargor y un toque especiado. Este vino no ha sido criado en barrica a pesar de contener en su interior una sensación grasa y voluminosa muy agradable. El futuro irá acentuando los matices a hidrocarburo y todo el vino se sostendrá gracias a su excelente acidez de 8,2 gr/l. Un sorprendente descubrimiento para esta casa.

Alvear Criadera A - 95 puntos

La bodega montillana Alvear nos tiene acostumbrados a elaborar grandes vinos, por algo es una de las bodegas más emblemáticas de la denominación de origen Montilla Moriles. Se trata de un fino que por su vejez casi se ha convertido en un amontillado. Se encuentra en pleno cambio de identidad, con matices de su crianza biológica bajo velo de flor, pero a la vez matices oxidativos de sus más de 12 años de crianza. Es de color yodo con un borde ambarino. La nariz conserva sensaciones punzantes y salinas de su crianza biológica, con toques avellanados más propios del amontillado. La boca es plena, sabrosa, especiada y larga. Nuevamente nos encontramos con una rica acidez y una mineralidad propia de la albariza que sostiene la estructura completa del vino dotándole de una gran complejidad.

El segundo tiempo de esta maravillosa cata recibió el título de “Vinos Dulces” y estuvo protagonizada por otros tres vinos:

Scharzhofberger Eisweien 1998 Goldkapsel - 98 puntos

Hay vinos cuyo recuerdo se queda grabado en la memoria del catador y éste es uno de ellos. Aunque 1998 no fue un año de botritys, fue sin duda un gran año para los vinos hielo (Eiswein) y así lo demostró este gran vino. Su color dorado brillante nos mostró su vejez.  El punto cítrico viene de la mano de un aroma a piel de naranja madura, acompañada de membrillo y un punto todavía débil de hidrocarburo (aroma a neopreno), todo ello acompañado de un sutil punto mineral que proviene de sus suelos de pizarra desmenuzada. Su acidez es vibrante, diría que hasta conmovedora, ya que ensambla a la perfección la boca, donde domina la fruta entre madura y confitada, con un un dulzor sutil y agradable. A pesar de sus 19 años de vida este eiswein tiene todavía ante sí un gran recorrido, siendo muy difícil pronosticar cuantos años le quedan por delante. 

Tokaji 6 Puttonyos Aszú 2011- 95 puntos

Árvay nos vuelve a mostrar músculo con un Tokaj de libro, de gran acidez y complejidad, todavía joven y con el característico potencial de guarda de estos vinos. Arvay nos traslada con este vino a lo que debieron ser los vinum regum del rey Luis XIV o de los zares Pedro y Catalina. Un vino con ricos matices a melocotón y albaricoque acompañados de notas amieladas y florales.

Pedro Ximénez Solera 1830 - 97 puntos

Este vino proviene de la solera de pedro ximénez más antigua de la bodega. Elaborada a partir de uva pasificada al sol, con posterior crianza oxidativa, refleja todo lo que un pedro ximénez viejísimo tiene que tener. Notas de café aromático en nariz, fruta pasificada, cacao fino, matices de vejez a través del acetaldehído y notas de solera. La boca untuosa, agradable, especiada, ligeramente tostada y acompañada de una acidez que sostiene todo aquello.

Como broche final a esta apasionante cata, llegó el turno de un grande en Hungría:

Oremus Tokaji Aszú 6 Puttonyos 2005 - 96 puntos

Begoña Jovellar, enóloga de Vega Sicilia, nos introdujo en el maravilloso mundo de Oremus y su Aszú 6 Puttonyos. Este tipo de vino solamente es posible en buenas añadas, cuando la naturaleza asegura lluvias a finales del verano y un período soleado y ventoso entrado el otoño. Las bayas hinchadas por la humedad se agrietan, en su piel se establece la "Botrytis cinérea", y se desencadena la podredumbre noble. La crianza de los vinos aszú se realiza durante dos o tres años en pequeñas barricas de 136 litros llamadas "de Gönc" y de 220 litros "de Szerednye”. Posteriormente se deja reposar un año en botella y todo queda listo para que se inicie su lenta y pausada evolución en botella que ya tendrá lugar en la bodega de los consumidores. En el momento de cata y sabiendo que este vino irá acomplejándose más con el paso del tiempo, apareció un aroma a piel de pomelo, acompañado del enigmático matiz de la botrytis, un punto floral muy agradable y suaves notas amieladas y fruta en compota. La boca es cítrica, expresiva, exuberante y untuosa. Y como no podría ser de otra manera, la acidez vuelve a dar cuerpo y forma a este gran vino, sirviéndose de ella para hacer de soporte a su dulzor perfectamente equilibrado.

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