El Empordà trazando su futuro

JAVIER LUENGO ( @JavierGuiaPenin)

Los viñedos de la costa mediterránea son los primeros en ser iluminados por el sol a su llegada a la península ibérica. Este pequeño privilegio, unido al todopoderoso clima mediterráneo, se convierte en un auténtico triángulo de las Bermudas, que todo lo atrapa y todo lo influye. Sólo así los vinos mediterráneos pueden ser tan especialmente mediterráneos, un carácter raras veces interceptado por un consumidor poco avezado, pero que sin embargo goza de todo el protagonismo en la gran mayoría de los vinos que se elaboran bajo su influjo.

En el extremo nor-oriental de Cataluña, donde tiempo atrás estuvo el condado de Ampurias, se encuentra una de las denominaciones de origen de menor producción de toda Cataluña. Bautizada inicialmente como Ampurdán-Costa Brava, la actualmente conocida como Denominación de Origen Empordà, ha estado durante años sumida en un silencioso y tímido segundo plano, acotada a una influencia comercial más localista centrada en la provincia de Girona. Una de las bodegas que más proyección internacional han dado a la DO ha sido Castillo de Perelada, gracias al trabajo que su enólogo Delfí Sanahuja ha desarrollado a lo largo de los años y a una buena red de distribución. Sin embargo, en los últimos años también algunos jóvenes viticultores y bodegueros han decidido sacar tiempo abandonando sus viñas momentáneamente para explicar y presentar sus vinos en otros confines del mundo.

El viñedo de Empordá engloba un total de 48 municipios distribuidos en dos comarcas: Alt Empordà, que va desde la ciudad de Figueres hacia el norte hasta la frontera con Francia y Baix Empordà, delimitada al norte por el macizo del Montgrí, al suroeste por el de Les Gavarres y al este con el Mediterráneo. Muchas de las viñas más representativas y singulares de la zona se encuentran ubicadas en la zona alta, lo que los lugareños califican como la montaña, a pesar de que el viñedo más alto se encuentra a unos escasos 300 metros sobre el nivel del mar. Lo cierto es que esos 200-300 metros pueden tomarse como una referencia alta si nos fijamos en los tiempos de maduración, que puede variar hasta 15 días a pesar de que no exista una diferencia  de altitud mayor de 100 metros.

En Empordà existe una larga tradición vitivinícola, como lo atestigua las viñas más viejas de lugar. Los viticultores de la zona, sobre todo los que poseen viñas en la zona de “montaña” se tienen que enfrentar a nuevos retos, como el ataque de jabalís a sus plantaciones, por lo que es habitual ver los viñedos rodeados de vallas electrificadas para evitar que se coman sus uvas especialmente cuando se acercan las fechas de vendimia. Aún así algunos se las ingenian para burlar la seguridad para desgracia del viticultor.

SU PASADO MÁS RECIENTE

Empordà ha estado dominada en el pasado, como muchas otras zonas productoras de España, por un amplio abanico de uvas globales como la merlot, cabernet sauvignon, chardonnay y otras más locales pero igualmente comerciales como la tempranillo. Sin embargo y también como parte del fenómeno antiglobalización de la última década supieron redirigirse y focalizar sus esfuerzos en lo que históricamente fueron sus uvas más tradicionales, como la garnacha tinta y blanca (lledoner), cariñena tinta y blanca (samsó o carinyena) y también su singular y poco extendida garnacha roja, una variedad blanca, cuya pulpa es coloreada y que origina vinos singulares de un característico color cobrizo que les obliga a tener que etiquetarlos como rosados para evitar confundir al consumidor.

El motor del cambio arrancó hace unos años, cuando la denominación de origen invirtió no pocos recursos en realizar un profundo y completo estudio sobre la caracterización de sus suelos, al tiempo que los más jóvenes bodegueros se afanaban en modernizar la imagen de sus etiquetas. La adaptación de sus vinos llegó un poco más tarde a través de la reconfiguración varietal de los vinos. Aunque a día de hoy todavía muchos productores no saben cuál ha de ser la apuesta real de la Denominación de Origen, y especulan sobre si centrar su imagen en torno a los vinos tintos o a los blancos.

GARNATXAS Y CARINYENAS MARCANDO EL RUMBO

La más representativa variedad del viñedo ampurdanés sólo puede ser la garnacha, responsable de sus célebres y tradicionales vinos dulces. Son vinos que conocieron tiempos mejores pero que por fortuna para los amantes del vino, los tercos productores siguen manteniendo con vida a pesar de no trascender en sus cuentas de resultados. Los tintos a base de esta variedad, hoy día tan aplaudida pero hace no tanto relegada a los bajos fondos de la enología, son como tienen que ser en estas tierras, mediterráneos. Pero ¿cómo es un vino mediterráneo?. Será difícil de entender para el lector cómo es un vino mediterráneo si antes no ha visitado o paseado por alguno de sus pueblos y montañas. Y es que el aroma a monte bajo tan característico del clima mediterráneo, jara, romero, tomillo, son sólo algunos de sus descriptores más comunes que se encuentran en sus vinos. No se asuste con nuestros devaneos aromáticos, que si observan a través de nuestra web las puntuaciones de los vinos catados en nuestro viaje de cata al Empordà verá que no nos evadimos describiendo los vinos tan particularmente.

 

Plantas características del clima mediterráneo: lavanda, hinojo y romero. 

Es tal la influencia estilística mediterránea que incluso las variedades menos proclives a mostrar rasgos herbales se transforman por esta influencia y sacan a relucir una nueva identidad. Así es la relación entre el Mediterráneo y el Empordá, íntima y por qué no decirlo abusiva.

Si hablamos de viñas viejas asentadas sobre suelos pizarrosos y expuestas a la influencia mediterránea es lógico que el lector se traslade al Priorat, sin embargo estas credenciales no son de uso exclusivo de este célebre rincón vinícola, también en el Ampurdàn pueden encontrarse. Aunque se abandonó mucho viñedo en el pasado, sustituido muchas veces por bosques de pino, aún quedan viejas viñas de unas cariñenas que en los suelos de Espolla y Garriguella alcanzan un potencial aún todavía por explotar. Existen muy buenos ejemplos de lo que la cariñena representa en estos suelos y clima, como el Ull de Serp La Closa Carinyena 2013 del joven viticultor Bonfill  del Celler Arché Pagès, pero todavía llegarán más y mejores vinos según avance el tiempo, y si no nos creen permanezcan atentos a nuestros futuros reportajes.

Suelos pizarrosos de Espolla

BLANCOS DEL EMPORDÀ, TAN DESEADOS COMO ESCASOS

Los vinos blancos ofrecen en este rincón de la península una singular fortaleza por su capacidad de expresión y crecimiento. A pesar de que los tintos siguen siendo casi el doble que los blancos este año hemos catado 123 tintos de Emporda frente a 67 blancos– la singularidad de muchas de las viñas viejas de variedades blancas ubicadas en el Alt Empordà, la denominada zona de montanya, y sus característicos suelos de pizarras y esquisto de localidades tan importantes para la viticultura del Emporda como Espolla y Rabós, ofrecen un marco ideal para el desarrollo de grandes vinos blancos. Esta situación la conoce muy bien Pau Albó, el joven enólogo de una histórica cooperativa vinícola del Empordà, la Celer Cooperatiu de Espolla. Acostumbrado a trabajar con muchos viticultores y viñas de la zona, Pau decidió lo que hasta ahora era impensable dentro de una cooperativa, realizar microelaboraciones de las viñas más especiales. El proyecto lo han bautizado como Postales, y trata de rendir homenaje a un determinado número de viñas y a sus viticultores. El año pasado, la primera de estas postales L’Escumador 2014 se convertía en uno de los nominados a vino revelación Guía Peñín 2017 a través de una interesantísima cariñena rosada. Este año nos han vuelto a sorprender con dos grandes postales, La Porta Vermella una garnacha blanca, lledoner en la zona y Els Plans, una cariñena tinta deslumbrante y balsámica.

 

Pau Albó enólogo del Celer Cooperatiu de Espolla

El concepto de microvinificar viñas viejas no es nuevo, pero sí lo es que una cooperativa busque potenciar el reconocimiento de sus viñas mediante elaboraciones de escasas 1000 botellas. Las cooperativas suelen tener acceso a viñedos excepcionales, de gran vejez y singularidad debido a su vinculación con el viticultor histórico, sin embargo no siempre se han aprovechado las mejores viñas para elaborar vinos que emocionen. Esperamos que estas iniciativas empujen a más cooperativas a lanzarse a la producción de vinos más “parcelarios”.

Pero no todo es la zona de “montaña” en Empordà, también conviene centrar la mirada en el Baix Empordà, que encuentra su límite natural en el macizo de las Gavarras, donde encontramos proyectos tan sólidos como Sota Els Àngels, cuyo Meravelles 2015 nos ha cautivado en nuestra última visita a la zona.

EL POTENCIAL DE LA GARNACHA GRIS

La difícilmente clasificable garnacha roja del Empordà, también conocida como garnacha gris, ofrece a la zona unas oportunidades de crecimiento muy interesantes, más allá de sus históricos vinos dulces y rancios cuya presencia domina. Esta variedad blanca de coloreada piel, transforma sus vinos blancos en rosados dotándoles de un característico color cobrizo, motivo por el cual muchos aparecen en el mercado como vinos rosados cuando en realidad son blancos. La bodega familiar Mas Llunes ha sabido leer a la perfección la partitura de esta variedad y nos ha mostrado este año un excelente trabajo en su Singulars Garnatxa Roja 2015, un vino expresivo, complejo y muy largo, sin duda todo un acierto de vino. En la misma línea Espelt Viticultors nos impresionó con un Espelt Lledoner Roig 2015 soberbio, con finura, expresividad y grasa.

Lo más interesante de la gama de vinos blancos del Empordà es que se empiezan a trabajar más las crianzas en botella, algunos acompañados con ligeros y equilibrados pasos por barrica y otros con una crianza sobre lías. Esta gama de vinos están ofreciendo unas bocas muy interesantes y empiezan a formar un estilo de blanco mediterráneo menos comercial y más singular. Sin duda otra vía más de potencial crecimiento para unos productores que saben de sobra que en la elaboración de vinos de corte barato no son del todo competitivos, por lo que han de trabajar en favor de la calidad y singularidad, como sin duda ya hacen algunos productores.

Existe en la zona la necesidad de crecer en el número de hectáreas de uvas blancas debido a su estratégica ubicación próxima a los grandes focos de interés turístico de Cataluña. A día de hoy todo el vino blanco que se produce en la DO se vende, y no solo eso, sino que se vende rápidamente.

En los últimos años, la  ha puesto sobre el tapete todas sus cartas. La juventud y pasión de muchos de sus elaboradores está permitiendo afrontar los retos con desenfado y sin muchos miramientos. El histórico prueba error ha dado paso al prueba acierto, y éste se ha convertido en una seria y sólida construcción de una identidad vinícola cada vez más definida y trazada. Vienen buenos tiempos para el vino de la DO Empordà y para todos sus productores.

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