La Pujada 2014, cariñena de altos vuelos

Cuando a mediados de junio llegamos al Centro Tecnológico del Vino (VITEC) en Falset, donde a lo largo de varios días cataríamos los vinos de la DOCa Priorat para la presente edición de la Guía Peñín, esperábamos que las elaboraciones a base de samsó, como allí llaman a la cariñena, despuntaran de alguna manera. Y es que ya en nuestra edición de 2014, una cariñena de viñas viejas se convirtió en el vino revelación de todo un año de catas. Se trataba de 1902 Cariñena Centenaria de la bodega Mas Doix, hoy día un vino de referencia en la zona. Aquella cata fue una llamada de atención a una de las variedades reinas del Priorat. Hoy, tres años más tarde, volvemos a dirigir la mirada a esta tierra de pizarra y de mística energía, a través de un vino que aunque sea de reciente creación es un canto a la esencia del Priotat: La Pujada 2014 de la bodega Saó del Coster.

Cuando La Pujada cayó en nuestra copa supimos que nos encontrábamos ante un gran vino. Cariñena en estado puro, finamente balsámica, sutilmente frutal, rica en acidez y tan limpia la nariz que arrojaba sin interferencias los matices minerales del suelo de pizarra de Priorat. Todos esos matices que asociamos a un gran vino: elegancia y representatividad de la zona. El fenómeno de la elaboración de la cariñena como monovarietal es relativamente nuevo. En la historia no tan lejana del Priorat menos lustroso, cuando la zona estaba gobernada por las cooperativas y cuando los comerciantes del puerto de Tarragona acudían a ella para elaborar vinos de cupaje que serían vendidos en el extranjero, la cariñena dominaba en los vinos. Sin embargo no lo hacía por su nivel cualitativo sino por tratarse de una uva más segura, pues además de poseer acidez era muy productiva. Aquellos vinos del pasado eran ligeros como consecuencia de un exceso de producción, y muchos llegaban a las mesas algo evolucionados.

Terrazas (coster) de la parcela de La Pujada en DOCa Priorat con la Sierra del Montsant al fondo 

Pocos se atrevían entonces a elaborarla en solitario. Se la creía muy rústica e incluso salvaje. Pero el mayor conocimiento de suelos y cepas a través de microelaboraciones, variedad a variedad y parcela a parcela, despertó a algunos elaboradores que vieron en ella una excelente oportunidad de mostrar su paisaje, pues es una variedad que a rendimientos controlados y con una edad avanzada actúa como un excelente transmisor del terruño.

Así lo han entendido en la bodega Saó del Coster. La historia de esta pequeña bodega no viene de muy lejos, comienza en 2004 fruto de la pasión de tres amigos suizos por los vinos y el paisaje del Priorat. El arranque ya fue toda una declaración de intenciones pues la bodega centró la construcción de sus vinos en torno a las dos variedades más importantes del Priorat: la garnacha y la cariñena. La llegada en 2011 de Xavier Barrachina y Michelle Negrón supuso un empujón importante para la bodega, pues esta pareja encargada de la elaboración de los vinos creyó en el proyecto desde el minuto uno. Tal y como Michelle recuerda, el flechazo llegó al catar el vino Planassos de Saó del Coster, una cariñena de Garatallops con fuerza, nervio y mineralidad. A partir de ahí vino lo demás, la fe ciega en las elaboraciones más respetuosas con el medio, el estudio de la biodinámica como parte del trabajo diario, y el acto de interferir lo menos posible en el correcto desarrollo de la fruta, fruta que tal y como nos comentan ellos mismos es una prioridad en todas sus elaboraciones. Todo esto y un equipo unido e ilusionado hicieron el resto.

La Pujada 2014 procede de una única parcela de 0,75 hectáreas en la Vilella Baixa, donde se asientan viñas de 90 años de edad, con una orientación Noroeste y Suroeste, a una altitud de 320 metros sobre el nivel del mar. Para elaborarlo se hizo una doble selección de uva, primero en viña y posteriormente grano a grano en bodega, todo para producir unas escasísimas 850 botellas a un precio unitario de 100 euros. El vino fue sometido a una crianza de 18 meses de roble francés de segundo uso y posteriormente reposado en botella durante un año. El resultado es un vino elegante, con una suave carácter balsámico, acompañado de un fondo mineral. Su boca es refrescante gracias a su correcta acidez, y eso a pesar de que el 2014 fue un año seco y cálido, lo que demuestra que un buen trabajo en viña es capaz de salvar casi cualquier inclemencia meteorológica.

SAMSÓ UNA VARIEDAD EXIGENTE E INCÓMODA

Existen variedades que se adueñan del panorama vitícola de un país en un determinado momento abriéndose paso gracias a un conjunto, generalmente minoritario, de elaboraciones diferentes y únicas. Así le sucedió a la garnacha en su pasado más reciente y así le está sucediendo, aunque con menos furor, a la cariñena.

Su carácter rústico, su acidez marcada y sus fuertes taninos no son aptos para todos los enólogos, hay que ser valiente y diestro para sacarle el máximo provecho. Quizá por ello no se expanda con mayor rapidez por todas aquellas zonas donde por clima podría desarrollarse sin grandes complicaciones, como en Murcia o en la Comunidad Valencia, por poner solo un ejemplo.

Hoy día su interés va en aumento desde que la bodega Celler Vall-Llach decidiera embotellarla en solitario con excelentes resultados. Cada vez son más los productores empecinados en dotarla de mayor significado. Saó del Coster se une así a grandes bodegas como Mais Doix, Terroir al Limit, Mas Igneus o la ya mencionada Vall-Llach, obsesionadas por sacar a la luz todas las bondades de esta singular uva.

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