Corpinnat, el último movimiento en torno al Cava de calidad

Javier Luengo (@JavierGuiapenin)

Era cuestión de tiempo, se veía venir, que el cava de paraje no llegaría a satisfacer las demandas de los productores más vinculados con la calidad dentro del Cava. Lo cierto es que la denominación Cava lleva unos años sumida en una crisis de identidad pues su modelo de volumen a bajo precio se había convertido en el Sancta Sanctorum de las casas que ostentan el control del consejo regulador, aquellas que más botellas producen y que más tirillas consumen. La falta de integración del Cava de calidad con el de máxima producción era una realidad y muchos productores la habían asumido como algo dentro de la normalidad, sin embargo el primer aviso lo dio en 2012 ni más ni menos que la familia Raventós (Raventós i Blanc), fundadora e impulsora de la DO Cava, con su salida de la denominación de origen.

Este acontecimiento hizo pensar a más de uno y preguntarse si se debía aceptar sin más la política de protección del Cava barato como se había hecho hasta entonces. Raventós encendió la mecha para que dos años más tarde se crease en Penedés una suerte de Coorpinnat pero vinculada a una denominación de origen. Se trataba de Classic Penedès, una forma de responder a muchas de las peticiones del sector catalán, entre ellas con crianzas más largas en la producción del espumosos por el método tradicional, el trabajo en ecológico y la añorada territorialidad del espumoso tan poco representada bajo la marca Cava. Varias bodegas abandonaron entonces la DO Cava para entrar a formar parte de Penedès y su recién nacida Classic Penedès como si de un maná se tratase.

Los productores catalanes más involucrados en la elaboración de Cavas de gran calidad no lo vieron claro. Veían interesantes algunas de las premisas de esta nueva categoría sin embargo la marca Penedès no es la de Cava y esto podía repercutir en el negocio de forma negativa. En su lugar aguardaron en Cava y desde dentro presionaron para que se reconociese la labor de determinados productores en favor del Cava de altos vuelos. Tardó mucho en llegar pero por fin apareció el sello de Paraje Calificado, cuyas primeras etiquetas hemos podido ver este año. Sin embargo el proyecto de Cava de Paraje nacía cojo desde su inicio, pues el Paraje no implica necesariamente una mayor calidad y porque algunas de las bodegas hasta entonces productoras de cavas de volumen tampoco querían quedarse fuera de un sello identificado con la calidad. Quedaban muchos asuntos sin atender, el concepto de la territorialidad,  la identificación del productor de uvas y de vinos base muchas veces demandada, y la asociación real en torno a productores de calidad. Y así fue como Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca y Torelló emprendieron esta minirevolución dentro de la DO a espaldas del consejo regulador y también de los grandes productores, hoy día auténticos controladores de lo que acontecía en la sede del Cava

El modelo escogido para agruparse como productores de un territorio y de un compromiso con la calidad del producto final es el de Marca Colectiva de la Unión Europea, una figura que permite la asociación a través de una marca conforme a unos valores o requisitos sin la obligación de salirse de la denominación de origen Cava. Tal y como anuncian sus propios creadores en el Reglamento, la finalidad de esta marca colectiva es “identificar y poner en valor un territorio donde se ha concentrado históricamente la elaboración de vinos espumosos”, “respeto por el territorio y el medio ambiente”, “garantizar que la cadena de valor incluye a todos los agentes de este territorio, desde el viticultor al elaborador” y garantizar que los vinos espumosos cumplen unas determinadas condiciones de calidad.

Paco Torelló copropietario de Bodegas Torelló, una de las bodegas involucradas en la creación de esta asociación,  reconoce que llevan trabajando en esta asociación desde 2015, antes incluso de que estuviese sobre la mesa la catalogación de Paraje Calificado. Sin embargo, puntualiza que esta asociación es independiente de la DO Cava, “no tienen nada que ver. Es una asociación abierta a todos aquellos que cumplan con todos los requisitos que exponemos”. “Para poder indicar en tu etiquetado que perteneces a CORPINNAT basta con cumplir con todas las normas. Si las cumples, seas de Cava, Penedès o elaborador en el territorio delimitado en el reglamento podrás entrar”. Tal y como indican en su propia Web, www.corpinnat.com, la Associació de Viticultors i Elaboradors CORPINNAT es una marca de la Unión Europea abierta e integradora y como tal dejan la puerta abierta a quien quiera participar. Ante la pregunta de si podrían entrar también los grandes fabricantes de Cava, Torelló es claro”puede entrar cualquiera que cumpla con el reglamento, aunque hay requisitos que hacen difícil que puedan llegar a entrar como la recolección manual, la vinificación en bodega o el uso de al menos un 90% de las variedades autorizadas”.

 Mapa de municipios integrados en la asociación Corpinnnat

El ambiente aperturista e integrador que se respira en torno a esta marca colectiva nos ha llevado a preguntarnos si Raventós i Blanc estaría dispuesto a entrar en ella. Como si nos hubiera leído la mente nos ha llegado un comunicado de prensa en el que la bodega reconoce que dos de las bodegas fundadoras les invitaron a a ser socio fundador, oferta que han declinado por no existir “una voluntad ni ambición clara ni explícita de luchar y trabajar por una nueva Denominación de Origen. Según la emblemática bodega, Corpinnat es “seguramente, una buena estrategia de Marketing”. En el comunicado de prensa recuerdan los motivos por los que se salieron de la DO Cava: “al considerar que dicha Denominación de Origen no representaba los intereses ni sueño futuro de una denominación basada en criterios vitícolas; y no de método”.

¿Será CORPINNAT el último movimiento en torno al Cava? Aunque cumple con muchos de los requisitos demandados hasta la fecha por algunos de los productores de espumosos de Cava, lo cierto es que da la sensación de que no quedará todo aquí. Una marca colectiva europea parece una fórmula intermedia en la que refugiarse sin dejar la protección y la seguridad que ofrece una denominación de origen y, por tanto, no soluciona los problemas a los que se enfrentan algunos productores perjudicados por campañas vinculadas a las grandes producciones a precios bajos.

El problema de la imagen de Cava seguirá estando presente siempre y cuando no se afronte de lleno las diferentes líneas de trabajo que existen en Cava y se establezca quiénes son los agentes que más pueden aportar al global de la marca, con independencia de lo que aporten en facturación o producción. Este debate no es nuevo; otras grandes denominaciones de origen tienen ante sí problemas de semejante envergadura, como ha podido verse en Rioja con la salida de Artadi de la denominación de origen calificada. Mientras los consejos reguladores estén controlados por los máximos productores no habrá manera de afrontar este problema, cualquier acción alternativa seguirá siendo intermedia. Las preguntas a las que debemos dar respuesta son ¿quién prestigia y aporta valor a mi marca? ¿cómo protejo estos valores?

Existen asociaciones de este tipo en el mundo del vino, como por ejemplo las chilenas VIGNO (Vignadores de Carignan) o MOVI (Movimiento de Viñateros Independientes) que buscan agruparse en torno a unos valores. Sin embargo, está por ver la capacidad de impresión de estas sobre el consumidor final. Habrá que esperar al mes de octubre para ver los primeros etiquetados de estos vinos y un poco más para ver su capacidad de influencia.

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