Viaje alrededor de la Montaña de Cortón con Louis Latour

Javier Luengo (@JavierGuiapenin)

La semana pasada la Guía Peñín fue invitada a un evento que desde hace tres años tiene lugar en la emblemática bodega de cava Juvé & Camps. El evento tiene por nombre Magnificat, y en él la bodega y su distribuidora Primeras Marcas hacen una auténtica demostración de fortaleza exponiendo muchos de los grandes vinos del mundo que distribuyen atendidos por sus propios creadores. Junto a este gran evento, al que invitan a profesionales de todo el mundo, distribuidores y periodistas, se desarrollan catas y charlas de la mano de productores relevantes como la que hoy les acercamos: Viaje alrededor de la Montaña de Cortón, una cata comentada e impartida por Bruno Pépin, director de exportación de la Maison Louis Latour.

 

Hemos estado en muchas catas comentadas a lo largo de los años, sin embargo, hay que reconocer cuando una cata está bien impartida y argumentada y esta ha sido una de ellas. Es un don al que no todo el mundo tiene acceso y, personalmente, he de agradecerle a Monsieur Pépin y a la organización de Magnificat la gentileza de compartir su experiencia y conocimiento con los asistentes.

 

Todo el hilo argumental sobre el que versó la cata giraba en torno a la Montaña de Cortón, donde la bodega Latour es fuerte y representativa. Para ponerles un poco en antecedentes, y sigo fielmente el esquema mostrado por nuestro locuaz orador, la bodega familiar Louis Latour fue fundada en 1797, cuando acceden a la compra de una importante cantidad de hectáreas en la Borgoña desarrolladas por los monjes en el siglo XIV, requisadas durante la revolución francesa y puestas finalmente a la venta. Once generaciones después, la bodega llega hasta nuestra época con un discurso basado en la historia y el reconocimiento que ella le aporta. No muchas bodegas son capaces de hacer gala de todo este pasado y, a poco que uno rasque en la hemeroteca de sus vinos, verá cómo han pasado importantes acontecimientos históricos en torno a sus cosechas…..qué impresionante podría ser una cata de los vinos de la bodega basada en los años que han marcado el rumbo del mundo. Pero no nos desviemos de la línea de la cata. La Montaña de Cortón, la grandeza de Borgoña y sus climats o terroirs. Algo tiene de mágico Borgoña cuando, en apenas 1 kilómetro, el suelo es capaz de mostrarte vinos radicalmente diferentes. Los cinco vinos catados y que a continuación pasaré a describir son vinos todos ellos de la cosecha 2015; una cosecha según nos dice Mr. Pépin, excepcional, aunque lo cierto es que en nariz y en boca muestra la intensidad y los aromas de una añada contundente en madurez, aunque también con resultados muy diferentes en función de cada uno de los vinos.

 

La entrada a la cata la teníamos reservada para un Corton Clos de la Vigne au Saint 2015 (89 puntos). Con una exposición sur y con un subsuelo eminentemente arcilloso, el vino estaba predestinado a sentirse poderoso y maduro, y así fue. La pinot noir bien representada varietalmente, aunque eso a Louis Latour le importe más bien poco. No es que le dé mucha importancia a esto, pero paso a describir el vino en función de todos los aspectos visuales, olfativos y gustativos conforme a la ortodoxia que encierra una cata profesional. Es vino es un vino bonito de color, rubí brillante y de capa media. En nariz sale mucha fruta, negra y madura y con gran intensidad, destaca el rasgo floral característico de la pinot noir, con notas de regaliz y de especias dulces. La boca es potente y con un tanino sedoso que lo hace muy agradable. Se aprecia que es un buen vino, sin embargo, y a pesar de que el Clos de la Vigne au Saint es un viñedo muy viejo y valorado por la casa, el conjunto del vino me deja más bien frío, esperaba más. Me tranquiliza ver que nuestro maestro de ceremonias resuelve que este vino en esta cosecha no está mostrando el terruño de Cortón.

Corton Clos du Roi 2015 - 93 puntos

He de reconocer que, tras olerlo a copa parada, ya se me dibujó una sonrisa en la cara. No pude más que mirar de izquierda a derecha para ver si la impresión era sólo mía o el vino estaba excepcional. No encontré una mirada amiga que respaldase mi opinión, pero eso no me impidió seguir disfrutándolo. Este vino proviene de una cota más alta y su exposición este (sol de la mañana) y sus podas cortas dotan al vino de una excelente capacidad de envejecimiento, no lo digo yo, lo dice la propia bodega. El vino estaba perfecto para tomarlo ya, seguramente mejore pero no creo que la cosecha 2015 sea una de las más longevas de la zona. Aunque me falta experiencia en la cata de vinos viejos de este rincón del planeta para garantizar esta observación, algo me hace intuir que el vino no será tan largo como se espera de él. Ojalá pueda verlo dentro de quince años. El color granate brillante, correcto. La nariz más fina; ya se aprecia en él cierta elegancia y un deje calizo en la nariz, como un recuerdo a tiza. Curiosamente, siendo de la misma añada, variedad y fecha de vendimia, ambos el 3 de septiembre, en este vino se aprecia la frescura que no pude ver en el Clos de la Vigne. ¿Cuestión de terroir? la explicación está efectivamente en el suelo, además de la exposición que también influye, claro está. En esta viña el suelo es más calcáreo y eso aporta otro volumen a los vinos, los hace más finos, ni mejor ni peor, diferentes. La boca, inesperada totalmente. Corpulenta pero afilada, el sabor y la persistencia van de menos a más, es como si se fuese haciendo más y más gordo una vez lo has bebido. El tanino presente, pero sedoso y el final con un deje calizo que me recuerda a algunos vinos argentinos de Gualtallary o, por irnos algo más cerca, a algunas elaboraciones más nuestras como la de La Dama en Navarra. Hablo del final, no de fruta, que conste, ya que son vinos muy diferentes en estilo.

Corton les Perrières 2015  - 94 puntos

Acabamos de llegar a uno de los momentos álgidos de la cata, y eso que todavía no había aparecido uno de los vinos fetiche de la bodega, el blanco Corton Charlemagne 2015, un icono dentro de la bodega. Pues sí, el vino que más me llegó de Louis Latour fue un tinto y no un blanco como era de esperar. La viña de procedencia está igualmente ubicada en la colina de Corton Grand Crus a una altitud de 273 metros, en una antigua cantera de piedra con exposición sudeste. El vino, cuyo color era muy similar a los anteriores vinos, mostraba una gran finura. Se le notaba algo más tímido al inicio, pero poco a poco se iba abriendo y con él una fina paleta aromática con recuerdos a fruta roja, piedra seca, albaricoque y notas de regaliz. La boca gozaba de esa sensación caliza descrita en el vino anterior pero expresada más sutilmente, más elegante, que por mucho que se empeñase Mr Pépin, en España también somos capaces de discernir y apreciar esta sutileza, ya que muchos de los vinos que en España se elaboran juegan con ella como baza para crear un vino de gran calidad.

Chateau Corton Grancey 2015 - 93 puntos

Grancey es el nombre de los antiguos propietarios del château. El vino es una mezcla de cuatro zonas del, tomen aire, Domaine Latour Corton Grand Cru: Bressandes, Perrières, Grèves y Clos du Roi. Este vino se elabora solo en añadas que ha obtenido una gran calidad. A pesar de las credenciales de este gran vino no ha sido mi primera opción. Según el representante de la bodega, este vino ha de mostrar el estilo Corton. Lo cierto es que se aprecia intensidad aromática y fuerza en boca y el final nos acerca al deje calizo de muchos de los vinos catados en esta sesión, con un final también elegante. En este sentido, ciertamente el vino marca una línea argumental con respecto al resto. Es franco en nariz, varietal y muy inmediato. Quizá sea esta inmediatez la que me ha hecho perder la sensación de complejidad que he encontrado en los dos vinos anteriores. Una gran elaboración, de igual manera, y una calidad sobresaliente digna de 93 puntos.

Corton Charlemagne 2015 - 94 puntos

El único vino blanco catado en la sesión y probablemente el más valorado por los asistentes a la cata  A pesar de ser un vino blanco, fue puesto en último lugar en la cata, cuando las narices y paladares ya habían paseado por los tintos de pinot noir. Totalmente argumentado que así fuese, pues el vino en cuestión es un derroche de fuerza, exuberancia y contundencia. La barrica, muy presente, al ser todavía una añada joven para este tipo de vinos (Nota: en los tintos la barrica no estaba tan presente como en el blanco, a pesar de ser de la mima añada, y esto es debido a que en los blancos utilizan siempre barricas nuevas para su elaboración). Se le nota el nervio de la juventud en nariz pero la boca es pura expresión. En ella conviven matices dulces de la barrica, con frutos secos, fruta madura, sensaciones calizas y un fondo graso y envolvente digno de admiración. Un vino soberbio que recomendaría esperar para su consumo, pues seguro que el tiempo termina por domesticarlo. Tengo la sensación de que este sí es un vino que podría aguantar lo que sus productores dicen de él, quince años. 

 

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