Tocando el cielo con los mejores vinos del año

 Por Carlos González Sáez (@CarlosGuiaPenin) y Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

 

Hace apenas unos días tuvo lugar en nuestras oficinas uno de los ejercicios más hermosos en la cata de vinos, una marca de la casa desde hace ya muchos años que bautizamos internamente como Recata. Por vez primera, cuatro vinos alcanzan la gloria máxima en la Guía Peñin con 99 puntosEl ejercicio es aparentemente sencillo, volver a evaluar los vinos que han alcanzado un mínimo de 94 puntos en adelante, aunque de vez en cuando también incluimos algún 93 que en su primer momento de cata nos pareció que podría codearse con los grandes en esta nueva evaluación, que siempre tiene lugar en el mes de julio. 

Son tres días lo que dura esta apasionante y compleja Recata. Siempre es mucho más fácil catar vinos sencillos, ya que su recorrido es más corto y sus matices mucho menos complejos. Aquí, la cata comparativa de grandes con grandes es una forma de ubicar exactamente a cada vino en su puntuación más precisa. A lo largo de décadas catando nos dimos cuenta cómo en determinadas zonas de producción un vino de alta calidad sobresalía sobremanera sobre el resto de sus hermanos, especialmente en zonas donde el cielo de los grandes vinos todavía no está del todo formado. Ese salto cualitativo entre vinos nos podía cegar, ya que el vino, aun siendo excelente, no correspondía con la calidad media de la zona. En estos casos corrías el riesgo de disparar la puntuación, o si el catador es más precavido, a ser excesivamente conservador en la evaluación. Así es que la forma más razonable de calibrar las puntuaciones era hacer una comparativa entre los mejores vinos de España, un ejercicio que nos permitía definir el Podio del año (vinos a partir de 95) y que al tiempo nos hacía ajustar mejor las puntuaciones otorgadas en cada zona  productora, perfilando punto arriba, punto abajo, o incluso corrigiendo subidas de dos o más puntos en algunos casos.

La convocatoria de este año fue apasionante, tanto en calidad, como en número. Un total de 453 vinos han entrado en la Guía Peñín 2019 en 94 o más puntos, frente a los 401 del año pasado. A nivel de Podio la cosas tampoco han estado nada mal, 230 vinos de Podio frente a los 167 del año pasado, una subida considerable que entendemos obedece a dos motivos, la mejora cualitativa de las últimas cosechas con el consecuente abandono de añadas tan complejas como la 2013 y el mayor esmero por producir vinos con identidad y más próximos a la viña y a la localidad de procedencia.

Sea cual sea el motivo, en esta ocasión en Guía Peñín hemos vuelto a tocar el cielo gracias a los maravillosos vinos que se producen en España, donde hay hueco para todos los estilos y formas, desde los más concentrados y potentes, a los más suaves y frescos. España es así, polivalente, rica en estilos y formas. No nos cansaremos de repetirlo, ya que seguimos sin ser conscientes de ello. La diversidad de vinos en España no es algo habitual en el mundo, la riqueza de climas y la compleja orografía que impera a lo largo y ancho de nuestra geografía es una gran oportunidad para elaborar vinos únicos, vinos como los que nos trae el Podio de este año.

¿Existe la perfección?

Somos reacios a puntuar la perfección con un 100, primero porque realmente la perfección no existe como tal y en caso de que existiese nuestra imperfección como seres humanos nos impediría verla. Sabemos el poder que tiene otorgar un 100, pero desde nuestro punto de vista simple y llanamente la perfección no existe. Considerando esto como una declaración de intenciones de la casa y una filosofía, nuestra evaluación nos ha permitido tocar el cielo con unos grandísimos vinos. No todos los años nos encontramos con un vino de 99 puntos. El año pasado sin ir más lejos, no hubo en la Guía Peñín ningún vino cuasiperfecto. Sin embargo en esta nueva edición sí, y no uno, sino cuatro, todo un apoteosis sensorial en cuatro categorías diferentes: espumoso, tinto, blanco y dulce.

Recaredo Segona Plenitud 1996
D.O. Cava
Xarel.lo 80% - Chardonnay 20%

Esta bodega, con la familia Mata al timón, lleva años elaborando cavas de gran finura y con un estilo muy local, puramente del Penedès. La obsesión de Ton Mata con la viña se ha ido plasmando con excepcionales resultados en prácticamente todos sus vinos. Hace unos años ¿quién iba a pensar que el concepto terruño iba a acabar por asentarse en elaboraciones con la segunda fermentación en botella? No muchos la verdad, y los que lo hicieron como Recaredo han hecho crecer el concepto del cava de calidad y llevarlo hasta un nivel nunca antes visto. Hablar con Ton Mata es un placer para los oídos. Primero por la serenidad con la que transmite su experiencia, su generosidad al comunicarla y también por su reflexiva y analítica forma de ver el viñedo. Es un biodinámico convencido, no por su acercamiento a las energías cósmicas, sino por coincidir en la búsqueda de un equilibrio natural entre las viñas y el hombre, algo que sólo se consigue con un estilo de vida y un trabajo acorde a esta filosofía.

Etiqueta provisional del cava Recaredo Segona Plenitud 1996

Este cava es un auténtico espectáculo. Fue embotellado el 20 marzo de 1998 y ha tenido una infinita crianza de 240 meses (20 años) con tapón de corcho. El 96 fue un año fresco y quizá por esa frescura nos hemos podido encontrar con esta joya. Todo en este vino desprende complejidad, sus terciarios dominantes en la nariz atacan al catador hipnotizándolo, como la serpiente Ka abrazando a Mowgli en el Libro de la Selva. Pastelería, bollería fina, especias, ligeras notas de cacao y especias. Pero lo mejor está por venir ya que la boca es una auténtica delicia. Una burbuja fina y una sensación grasa te envuelven, la acidez, fresca y vivaz, se abraza a las notas especiadas y a las ligeras notas de fruta escarchada que por él asoman. Terminado el trago el vino sigue ahí, bien presente, chispeante y juguetón como un mayor reviviendo su infancia.

1902 Centenary Carignan 2014 T
D.O.Q. Priorat
Cariñena 100%

El poder de una cariñena (mazuelo en Rioja o samsó en Cataluña), salvaje, contundente y eterna, así es el 1902 de Mas Doix. Este vino llegó a la mesa de cata con 96 puntos, y según avanzaba por las mesas, subió primero a 97, luego a 98, para finalmente quedarse en los 99. Aún recordamos la primera vez que catamos este gran vino en su añada 2009, corría la Guía Peñín 2015 con la que cumplíamos un cuarto de siglo de edad. En nuestro viaje por las tierras del Priorat llegó un vino desconocido para nosotros. Fue tal el impacto que causó entre los catadores que al cierre de la Guía no hubo dudas a la hora de proclamarlo Vino Revelación del año. Desde entonces este vino no ha parado de cosechar reconocimientos, y nos alegra mucho ver que es así, porque es un vino soberbio. 1902 es el año en que se replantaron las primeras cariñenas en las viñas que la bodega posee en Poboleda.

Esta joya nació como parte del cupaje del vino Doix  (55% cariñena y 45% garnacha). Catando de barrica para preparar la mezcla definitiva les llamó la atención la cariñena en solitario y pensaron, con gran razón, que ésta podía ser un vino en sí mimo. En 2004 empezaron a embotellar un número muy reducido de botellas para ir viendo  la evolución y conforme fueron catando año tras año la idea fue tomando cuerpo. Primero 2004, luego 2005, 2006, 2007 y 2008. Fue con las cariñenas del 2009 cuando se  decidieron y seleccionaron 3 barricas para embotellar las 850 botellas numeradas del 1902 2009.

Hasta la fecha era difícil imaginar que un vino de cariñena fuese capaz de alcanzar tal grado de calidad. La inclusión de este vino en lo más alto de las elaboraciones de España sin duda marcará un antes y un después a todas aquellas zonas de producción que albergan excelentes viñas de esta gran variedad.

Castillo de Ygay 1986 B
D.O. Ca. Rioja
Viura 97%, Malvasía 3%

Pocos vinos nos han sorprendido tanto como este blanco de la bodega Marqués de Murrieta. Teníamos ganas de probarlo ya que nos costaba creer que se tratase de un vino tan especial. La sorpresa llegó como una flecha en la primera olfatada del vino. A Luciano de Murrieta, fundador de la emblemática bodega Marqués de Murrieta, se le atribuye el mérito de pertenecer a la primera hornada de bodegueros empecinados en hacer vinos de larga guarda. Cuando en 1983 el empresario gallego Vicente Cebrián-Sagarriga adquirió la bodega, tuvo bien claro que el futuro de la bodega pasaba por desarrollar y potenciar estos vinos de larga duración. Así es como continuó con la labor emprendida por su antecesor, sabiendo que era el camino que debía continuar y así es como llegó este Castillo de Ygay 1986, un vino criado en barricas de roble americano durante 21 años y afinado en botella durante más de tres años. Tal y como Vicente Cebrian hijo reconoce, el vino reposaba en barrica cuando se percataron de su existencia. Incluso dudaron si deshacerse de él ya que no encajaba fielmente en la línea de vinos que la bodega estaba comercializando. La cata del vino allí reposado les hizo vibrar, y entendieron la profundidad y el alcance que este vino iba a tener. Lo cierto es que no esperábamos que fuese un vino de rioja blanco el que nos hiciese estremecer, pero así fue. Todo en él es complejidad y vejez pero con equilibrio, finura y vitalidad. Nos asombró la capacidad de expresión de un vino blanco tan viejo y nos hizo preguntarnos cuánto se estará perdiendo en Rioja por no querer apostar más claramente por los vinos de largo envejecimiento que tan buenos resultados le dieron en el pasado. Marqués de Murrieta rompe una lanza de nuevo por los vinos históricos y lo hace ni más ni menos que con un vino blanco en la aparente denominación de origen de vinos tintos. ¿Cuánto más nos queda por aprender?

Recóndita Armonía 1978  Fondillón
Vino de Mesa
Monastrell 100%

Felipe Gutiérrez de la Vega lo ha vuelto a hacer, colocar sus vinos dulces en lo más alto de los vinos de España. Aunque en esta ocasión, su vino Recóndita Armonía 1978 ha palpado la perfección con los 99 puntos obtenidos en la Guía Peñín 2019. Este alicantino de nacimiento y de corazón es a día de hoy el mejor elaborador de vinos dulces de España, entre los que lógicamente no podía faltar el fondillón. Los vinos de esta bodega familiar han sido, por derecho propio, los más valorados de toda la región alicantina, aunque hace cuatro años abandonase  la protección de la DO Alicante por discrepancias, entre otras cosas, acerca del origen del histórico fondillón de la Huerta de Alicante. Lo cierto es que en cuestión de Fondillones, más allá de uno u otro estilo más o menos dulce, con más o menos cuerpo y con más o menos alcohol a Felipe Gutiérrez no hay quien le gane. Su salida de la Denominación de Origen le impidió etiquetar sus vinos como fondillón, por lo que ahora es habitual ver en sus etiquetados la letra “F” en alusión a su nombre o “SF” a Super Felipe, ¿o sea quizá por aludir a “Fondillón” o “Solera Fondillón”?. ¡Quién sabe!

Lo más llamativo para nosotros y la clave del éxito de sus vinos está en la fuerza de la acidez como vehículo que transporta la intensidad sápida y el dulzor. Este increíble fondillón lo tiene todo, la complejidad de una excelente crianza oxidativa a través de aromas a frutos secos y ligeros matices de acetaldehídos (esmalte de uñas), la mencionada acidez y  una rica sensación oleosa y especiada que contrasta con un final cambiante, ligeramente amargo en su inicio y que acaba dando paso a un fino dulzor y a una refrescante acidez que te deja ansioso por volver a probarlo. ¡Y todo ello en un vino 100% monastrell sin encabezar! Así es fácil comprender que hizo tan grande a este histórico vino de Alicante.

Éstas son cuatro de las grandes joyas que hemos encontrado este año, las más preciadas, pero no son las únicas. Cada año son más los vinos que aportan notoriedad al vino español fuera de nuestras fronteras, vinos excepcionales, singulares y muchos de ellos muy personales. A lo largo del año iremos acercándoles todas estas elaboraciones para que conozcan el alcance de todos estos grandes trabajos que se realizan a día de hoy.

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