De bobales, mersegueras y otras castas

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Una escapada a Utiel-Requena y Valencia

Con el arranque de la primavera un nuevo brío despierta entre los catadores de la Guía Peñín. Entramos en una etapa loca, con viajes día sí, y día también. A partir de este momento y hasta el mes de julio prácticamente no habrá un día de descanso para nosotros. Pero no crean que esto nos amilana. Como corredores de fondo que somos, nuestras ganas de entender las nuevas cosechas nos lleva a empezar cada semana con más fuerza si cabe. Al fin y cabo no todo el mundo puede ser catador y nosotros lo disfrutamos como un chiquillo con zapatos nuevos.

Hace unas semanas estuvimos de viaje por las denominaciones de origen Utiel-Requena, Valencia y Manchuela. De siempre aunamos estas tres zonas de producción con el objetivo de ver la evolución que va teniendo la uva bobal en estas zonas de producción, así como para poder comparar entre sí los vinos de corte mediterráneo, con el permiso de la manchuela, también expuesta aunque en menor medida a la influencia de los vientos húmedos y frescos del mediterráneo.  Sin embargo en esta ocasión haremos una excepción y publicaremos Utiel-Requena y Valencia agrupados en un primer artículo y Manchuela por separado. Ya puede acceder a las catas de los vinos de las dos primeras en nuestra Guía Online 2019.

Las denominaciones de origen Utiel-Requena y Valencia, tan próximas entre sí, están condenadas a entenderse a pesar de que las relaciones entre ambos consejos reguladores no sean especialmente buenas. La apropiación o no por parte de la DO Valencia de un determinado número de localidades de la DO Utiel-Requena está en manos de los tribunales, quienes determinarán qué hacer finalmente con los pueblos de la discordia, algunos también de la zona de Alicante. Más allá de los flecos políticos que pueden contener todos estos asuntos legales, que esperemos pronto encuentren una solución definitiva y beneficiosa para todas las partes, lo cierto es que tanto en Utiel-Requena como en Alicante nos encontramos ante un hecho anómalo y poco defendible en pleno siglo XXI. Se trata del derecho a poder etiquetar como DO Valencia hasta un 30% de la producción que tiene los elaboradores de Utiel-Requena y Alicante, y que hoy día no parece que tenga ningún sentido de ser, si lo que se quiere es trasladar una información fiel acerca del origen y procedencia de la uva.

Dicho esto, la realidad vinícola que afecta a ambas denominaciones de origen es bastante diferente a pesar de su proximidad geográfica. Utiel-Requena obedece a una transición entre el clima mediterráneo con clima continental. En su paisaje, cargado de bosques, se asienta la uva bobal, reina indiscutible de sus históricos rosados y sus tintos. El viñedo se abre paso sobre margas calizas, como por ejemplo en Requena, zona donde la intensidad de viñedo es mayor. El resto del viñedo crece sobre un terreno más arcilloso, generalmente de un color pardo rojizo muy intenso.

Más allá de la histórica fama de elaborar vinos a granel con base de bobal, lo cierto es que esta variedad atraviesa un buen momento gracias al trabajo que durante largos años han desarrollado muchos elaboradores de la zona. Existen bodegas en Utiel-Requena que han trabajado muy duro para ofrecer una visión diferente de sus vinos, Mustiguillo y Chozas Carrascal son dos buenos ejemplos, aunque cada una de ellas elabora sus vinos de mayor calidad protegidos por su denominación de origen vinos de pago específica, Pago El Terrerazo, por un lado, y Pago Chozas Carrascal, por el otro.

Hispano Suizas, con el incansable Pablo Ossorio al mando de la enología, es un buen ejemplo de lo que aquí hablamos. La bodega creada por Marc Grin, Pablo Ossorio y Rafael Navarro apuesta por unos vinos serios, en los que la crianza cobra una especial importancia. Se trata de vinos de madurez generosa en los que se busca un paso largo, estructurado y un tanino presente pero amable. Quod Superius 2014 (93 puntos), un ensamblaje de bobal, cabernet sauvignon, merlot y syrah, es el mejor vino catado hasta la fecha con la contraetiqueta de la DO Utiel-Requena. Su apuesta hacia la bobal más representativa es su Bobos Finca Casa la Borracha 2016, un vino potente, pleno de madurez y con ricos matices de chocolate fruto de su crianza en barrica, con un final frutoso muy propio del varietal.

La bodega Murviedro, que posee una gama completa de vinos dedicada a la bobal, además de un sin fin de marcas amparadas por los sellos de producción de las denominaciones de origen Utiel-Requena, Valencia, Alicante y Cava, hasta 22 marcas hemos contabilizado hasta la fecha, nos ha traído una importante novedad. La Casa de la Seda 2016 (91 puntos). Se trata de una declaración de intenciones por parte de la bodega, una muestra de un vino de parcela 100% bobal (uvas procedentes de la parcela El Ardal de Requena), que nos acerca al lado más floral de la bobal, aunque los matices tostados asomen con demasiada fuerza en algunos de los momentos de su degustación. Un vino bien armado, de estructura y fruta, que muestra una nueva vía de trabajo muy interesante para una bodega acostumbrada a trabajar con grandes volúmenes.

Otro buen ejemplo lo encontramos en la bodega Vera de Estenas. Esta bodega, que etiqueta sus vinos como DO Utiel-Requena y también como DOP/Vino de Pago Vera de Estenas, nos ha dejado un Bobal Estenas 2016 (90 puntos) varietal, terroso, floral y fácil de beber, un vino amable y expresivo, orientado a la búsqueda de frescura. Una visión diferente y acertada de lo que puede llegar a mostrar un vino de bobal.

Bodega Vera de Estenas

El histórico rosado de Utiel-Requena, uno de los más representativos de España, parece que está viviendo un pequeño repunte en cuanto a producción. Este año hemos valorado hasta 19 marcas, una cifra que crece tímidamente tras años en los que esta tipología parecía haber quedado prácticamente en el olvido. Clos de Sanjuan 2017 de la Bodega Viticultores San Juan Bautista y Bassus Dulce Pinot Noir 2017 de Hispano Suizas han obtenido 90 puntos, convirtiéndose en las mejores elaboraciones de la zona a través de un trabajo con bobal para el primero y con pinot noir para el segundo.

Curiosamente el desarrollo del rosado de Utiel-Requena se debe a que en la década de los Setenta y de los Ochenta los bodegueros todavía no sabían domesticar la variedad bobal. Los tintos por aquel entonces eran muy rústicos, resultantes de la mezcla de bobal, monastrell, tintorera y airén. Sin embargo en los rosados vieron la oportunidad de ofrecer vinos más amables y frutales, por su método de elaboración, lo que provocó que esta tipología de vinos subiera como la espuma en aquella época.

La transformación del bobal rústico, astringente y austero al frutal, floral y amable se debe en buena medida a la enóloga prioratina Sara Pérez y al trabajo que ella pudo desarrollar en la bodega Mustiguillo como asesora externa, trabajando en la obtención de racimos de bobal más pequeños y concentrados, una línea de trabajo que ha continuado la bodega con Toni Sarrión así como otras bodegas importantes de la zona.

A nivel general, y tras catar cerca de 130 muestras con la contraetiqueta del consejo, la cosecha 2017 se muestra sorprendentemente expresiva en nariz, con una buena carga frutal, lo que les ha permitido mejorar en la valoración de los vinos jóvenes con respecto a la cosecha 2016. En este sentido los vinos con crianza de la añada 2016 se muestran con un exceso de madurez, en algunos casos con muchas confituras, rasgo que ya destacamos el año pasado algo que va en detrimento de la calidad de muchos de estos vinos catados. Siguiendo en nuestra valoración global de cosechas, encontramos la 2015 la más expresiva de cuantas hemos catado en la sede del consejo regulador, mostrándonos vinos equilibrados y serios. A partir de aquí, es decir desde la cosecha 2014 hasta la más vieja catada (2011) afloran con relativa prontitud los matices de reducción fruto de su crianza. Estaría bien que algún bodeguero apostase por la elaboración de vinos con capacidad de guarda, pues la mayor acidez de la bobal respecto a la monastrell tiene que permitir investigar en este campo tan olvidado por sus productores.

Valencia, un motor comercializador

El desarrollo comercial de la DO Valencia es, sin duda, su gran motor. No es de extrañar que pese a lo inverosímil de la capacidad del productor de Utiel-Requena, de etiquetar parte de su producción como Utiel o como Valencia, apueste sin dudarlo por la marca Valencia, al menos en el 30% que hasta el momento tiene derecho. Y es que a nivel de imagen la DO Valencia lleva bastante ventana a su vecina, con etiquetados mucho más visuales y dinámicos, y por la apuesta por la elaboración de vinos más globales.

Pero esto no es todo, en los últimos años estamos viendo como cualitativamente sus vinos van engordando la lista de vinos excelentes, a partir de 90 puntos, pasado de los 32 del año pasado a los 42 de la presente edición, toda una demostración de  buen hacer por parte de sus productores, y eso que este año hemos catado 176 muestras frente a las 223 de la edición 2018. En los últimos años se observa un incremento del embotellado frente al granel, tanto en el mercado interior como en la exportación. La vocación exportadora de esta denominación de origen queda patente en su balanza global del año. Y es que el mercado exterior absorbe cerca del 70 por ciento de la comercialización total, gracias a la importancia que el puerto de Valencia tiene para todos los productores de la zona.

Viñedo de Celler del Roure

A nivel general, los tintos jóvenes de 2017 que pudimos evaluar se muestran igual de expresivos que en Utiel-Requena, especialmente si se comparan con los de la cosecha 2016 a todas luces mucho más madura. La sorpresa vino de la mano de los vinos blancos del 17, cuya calidad mejora considerablemente respecto al año pasado. La línea de blancos con base de merseguera es, sin duda, una buena noticia para el consumidor, pues le permite acceder a vinos personales con el sello Valencia y además a precios muy competitivos. En esta visita hemos podido comprobar cómo muchos productores están dirigiendo su mirada a esta uva blanca, y cómo cualitativamente los vinos en los que actúa esta variedad van siendo cada vez más redondos. Pampolut 2016 y Mersé 2016, son dos buenos ejemplos de un trabajo bien hecho con 100% merseguera, ambos con 90 puntos en su reciente cata.

Obviando los vinos de corte global dominantes en la DO Valencia, existen muchas bodegas que siguen la línea de buscar su hueco a través de elaboraciones más personales. Estos trabajos se centran en la producción de vinos con variedades más propias para su clima, hablamos de moscateles, mersegueras, bobales y monastreles y ahora también aunque en menor medida forcalla, bonicaire, mandó, arco y rojal, como nos ha mostrado Rafael Cambra o Pablo Calatayud (Celler del Roure). Para poder saborear esta línea de vinos valencianos singulares nada mejor que acercarse a bodegas como Rafael Cambra, Celler del Roure o Casa los Frailes.

Precisamente esta última, Casa los Frailes, nos ha dejado dos vinos excepcionales. La bodega se encuentra a 80 km del mar mediterráneo. Enclavada en el paraje de “Els Alforins”, al final de la comarca valenciana de la Vall d’Albaida, a 700 metros sobre el nivel del mar. Iniciaron hace dos años un profundo estudio de suelos para comprender el alcance de cada una de sus parcelas. La primera consecuencia de este estudio han sido tres vinos particulares, vinos de parcela con personalidades muy marcadas y diversas. Los Frailes Dolomitas 2015 (93 puntos) un vino 100%monastrell, en el que se busca la expresión de un suelo pedregoso (canto rodado) con conglomerados calcáreos y Los Frailes Caliza 2015 (92 puntos), procedente de su parcela “La parada de tordos”, una viña a 600 m.s.n.m con suelos limoso-arenosos muy calcáreos. Desde luego la primera cosecha ha sido todo un acierto y estamos seguros la acumulación de añadas les permitirá aprender más sobre cada uno de estos vinos y la forma que tienen de comportarse. Recomendamos encarecidamente mantenerse al tanto de la evolución de esta bodega y sus vinos, pues se dibuja un horizonte prometedor para estos elaboradores.

En esta línea de bodegueros que buscan la diferenciación de los vinos vinculándose a la territorialidad se encuentra también el Celler del Roure. Pablo Calatayud es, probablemente, el primer productor de la zona en dirigir sus esfuerzos en potenciar sus viñas y en un segundo paso en potenciar las elaboraciones especiales, volviendo a recuperar la tinaja como recipiente de elaboración. La revolución que supuso su Maduresa, inicialmente con variedades cabernet sauvignon, syrah, petit verdot, monastrell y mandó, frente a su composición actual de monastrell y cariñena, hizo que muchos bodegueros se fijasen en el trabajo que estaba desarrollando.

Pablo Calatayud, Celler del Roure

Les Alcusses, a un precio más asequible, también supuso un antes y después dentro de la denominación de origen, pues en parte empezó en el año 2000 a posicionar la DO Valencia ante el consumidor final, gracias a un trabajo certero y fácilmente asimilable por un público no especializado. Tal y como ellos mismos reconocen la elaboración de vinos clásicos (Maduresa y Alcusses) y su excelente introducción en la comunidad les permitió ir creciendo poco a poco, inicialmente en 2006 con la adquisición de nuevas parcelas, pasando de 10 has de viña a 45 y después empezando a hacer pruebas en tinajas viejas, recipientes lo menos intrusivos posible. Así es como en los últimos años esta casa esta elaborando vinos con menor extracción y mayor frescura, como Parotet tinto 2015 (92 puntos) y Safrá 2016 T (90 puntos), vinos que consideran antiguos” por el uso de recipientes tradicionales para su elaboración.

Otra figura que bien merece la atención de todo amante del vino levantino es Rafael Cambra. La evolución de este enólogo tiene puntos en común con la de Pablo Calatayud, pues a lo largo de los años este amante del viñedo ha ido desprendiéndose de lo superfluo, para centrarse en la singularidad de la viña, la variedad y en las corazonadas.

Rafael define así su evolución, “tuve que desaprender lo aprendido”. Lo cierto es que su olfato no le ha jugado mala pasada y en los últimos años estamos asistiendo a un proceso creador que muestra una gran madurez a través  de vino francos y también singulares con variedades como forcallat y arco, uvas de ciclo largo y con una refrescante acidez que van a permitir a la locales trabajar en vinos de corte más fresco a pesar del calentamiento global. Casa Bosca 2016 y La Forcalla de Antonia 2016 son un buen ejemplo del rumbo que están tomando los vinos de este elaborador y que sin duda sacan de la atonía a cualquier buscador de vinos singulares.

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