Llega la nueva Guía Peñín, una guía para todos los públicos

Parece mentira pero ya ha pasado un año desde nuestra última edición de la Guía Peñín. Atrás quedaron los cerca de 11.500 vinos catados para el manual de 2018 que han dado paso a las cerca de 12.000 catas de esta vigesimonovena edición de la Guía. Se trata de una cifra nunca antes representada en estas páginas. Esto es así no por el afán de superación numérica del equipo de cata, cuya prioridad es ofrecer una cata lo más objetiva y disciplinada posible, sino porque las bodegas confían en nuestras valoraciones y en la marca Guía Peñín como una prescripción seria y necesaria.

El sello profesional de esta casa se basa en la cata igualitaria y democrática y no está expuesta a la idealización de estilos y marcas, o al menos es nuestra intención. Aquí todos los vinos son importantes, puesto que cada vino tiene implícito una tipología de consumidor específica, sea por limitaciones económicas o por la preferencia de un estilo determinado.

Somos conscientes de que cada pocos años una nueva idea entra en juego en el sofisticado abanico estilístico del vino en España, añadiendo una nueva visión. Es una excelente noticia, ya que enriquece nuestros vinos como nunca antes. Pero no debemos olvidar que igualmente importantes son los vinos de ahora como los de antes o los de mañana. Los únicos límites que desde Guía Peñín ponemos son los relativos al equilibrio. Seas del estilo que seas, más frutal, más concentrado, más fresco, más “natural” o más “personal”,  el vino ha de gozar siempre de un buen equilibrio. Este es nuestro punto de partida y entendemos que el de la gran mayoría de consumidores, tengan las preferencias que tengan. Así es cómo en la nueva Guía Peñín 2019 podrá encontrar, desde vinos sencillos, hasta los más complejos, pasando por la infinidad de calidades y rangos de precios, tantos como tipos de consumidor y momentos de consumo.

Sin abrumarles con demasiados datos, solo indicarles que este año el 35% de los vinos catados han llegado a posicionarse a partir de los 90 puntos, una cifra global alentadora, que muestra un buen nivel cualitativo. El 26% de los vinos catados fueron blancos, una cifra que sigue la estela de lo visto en la pasada edición. Es importante rescatar un dato sobre los vinos blancos. El 70% de los catados este año son jóvenes, lo que nos deja un 30% restante para vinos de cosechas más viejas, fundamentalmente la 2016 y la 2015. Queremos destacar este dato porque en España existen grandes posibilidades con el envejecimiento en blancos, no solo de los vinos de corte más atlántico, sino también en los de influencia continental y mediterránea, como han podido demostrar ya excelentes productores en Rioja, Priorat, Rueda, Pla de Bages, etc.

Los cuatro mágnificos

Por vez primera en la historia de la Guía cuatro vinos alcanzan la gloria máxima con 99 puntos, y lo hacen en categorías diferentes. Estos cuatro magníficos nos han hecho tocar el cielo con elaboraciones tradicionales como el fondillón Recóndita Armonía 1978 de Gutiérrez de la Vega o el Castillo Ygay Blanco de 1986 , un vino que explora a la perfección la vejez en los vinos blancos riojanos. Por su parte, Recaredo con su Segona Plenitud 1996 Brut Nature, ha encumbrado este año a la DO Cava con una elaboración soberbia de gran finura y complejidad. En tintos, el prioratino 1902 Centenary Carignan 2014 de Mas Doix ha mostrado la gran capacidad de expresión de la cariñena, llevándola a rozar la perfección algo que hasta la fecha era difícil imaginar.

En el Podio están los vinos más representativos de toda la Guía, aquellos que alcanzan una puntuación mínima de 95 puntos, la excelencia cualitativa, la punta de lanza que describe el nivel cualitativo de un país vitícola. 238 referencias entre generosos, dulces, espumosos, blancos y tintos, frente a los 167 de la edición 2018, los 175 de la Guía 2017, los 167 de la Guía Peñín 2016 o los 180 de la edición 2015, por citar como ejemplo los últimos años. Como se aprecia, la excelencia es oscilante en el número de vinos, no necesariamente cada año hay más. Sin embargo, este año sí que es llamativa la cifra, pues alcanza un máximo cualitativo nunca antes registrado. Creemos que esto se debe en gran medida a un creciente número de productores volcados en la excelencia por encima de todo. Pero no a una excelencia fría en pos del equilibrio, sino en búsqueda constante de una identidad. Los trabajos que buscan destacar esta identidad aunque con muy poca producción están sirviendo de referencia para las casas de producciones más holgadas

Los vinos revelación del año

De entre todas las novedades que catamos a lo largo del año surgen de cuando en cuando un grupo de vinos que, para nosotros, poseen una especial sensibilidad. Son vinos que suponen un cambio en el guion habitual, aunque en la mayoría de los casos los propios elaboradores no son conscientes de ello.

Aunque de todos ellos solo uno alcanza la gloria, todos son relevantes por diferentes motivos. Para nosotros existen muchos tipos de vino revelación, pero todos ellos coinciden en una cosa: hacen vibrar de una forma especial a quien los prueba. Este año han sido seis vinos.

Komokabras Amarillo 2016 (93 puntos) es un blanco de la Ribera de la Ría De Arosa, un vino de la tierra de Barbanza e Iria. Por su forma de trabajar el viñedo y la forma de elaborar lo menos intervencionista posible, con bajos niveles de sulfurosos, levadura indígena, por citar un ejemplo, podría considerarse por algunos como un vino de corte natural, aunque personalmente no nos gusta hablar de este erróneo y ambiguo concepto. Lo cierto es que el vino es limpio, fresco, directo, varietal y mineral. Posee un ligero matiz a cereal propio de las elaboraciones trabajadas con bajo sulfuroso, pero todo en él destila equilibrio y frescura. 

A muchos kilómetros de distancia, en una de las localidades más reconocidas de la D.O. Ca. Rioja, San Vicente de la Sonsierra, el reconocido Marcos Eguren, con su Sierra Cantabria CVC 2008-2009-2010 (97 puntos) (poner link) ha rescatado el clásico  CVC (Conjunto de Varias Cosechas), pero llevándolo a niveles cualitativos nunca explorados por esta categoría, en muchos casos reservada para dar salida a los vinos de diferentes añadas que por algún motivo sobraron en la bodega. ¡Bravo por esta atrevida y valiosa apuesta!

No muy lejos de allí, a 22 kilómetros por la nacional 232, en Viñaspre (Lanciego) una pequeña bodega familiar, Tentenublo, elabora con mimo vinos de poca producción pero muy vinculados a su tierra. En nuestro viaje a Rioja tuvimos la oportunidad de catar los vinos de esta pequeña bodega familiar dirigida por Roberto Oliván.  Su Corrillos Blanco 2016 (94 puntos), es un vino procedente de una selección de cepas muy viejas (70-100 años) diseminadas por un viñedo de margas calizas y areniscas,  un vino con maceración de pieles con una boca tremenda por su gran volumen y una acidez que hace que entre como una flecha. Solo un elaborador osado y seguro podía atreverse a  elaborar este estilo de vino en Rioja y además con tan buen resultado.

Tan históricos como desconocidos por el gran público son los vinos rancios. En Priorat son vinos con una larga trayectoria como bien sabe la bodega Vall-Llach. María de Cal Vall Rancio 1927 (96 puntos), con una exclusivísima edición de 325 botellas de 20 cl. de capacidad, es una apuesta clara por recuperar los vinos tradicionales del Priorat.

En Burgos, la bodega Cillar de Silos nos permitió disfrutar de un excelente albillo mayor, Dominio del Pidio 2016. Esta bodega, enclavada en Quinta del Pidio, Burgos,  habitualmente etiqueta sus vinos como D.O. Ribera del Duero, pero como actualmente en la D.O. no se permite el embotellado de vinos blancos, se ha visto en la obligación, como muchos otros, de sacar su nueva marca como vino de mesa. Esta elaboración supone el reconocimiento del albillo histórico de la Ribera del Duero, una llamada de atención al Consejo, en pleno debate sobre la apertura a la elaboración de vinos blancos.

Niño Perdido. Madre nº3, nuestro último nominado, fue toda una sorpresa, inesperada y espectacular. Si hay vinos que tienen la capacidad de dejarte mudo este es uno de ellos, un vino viejísimo de crianza oxidativa elaborado por una bodega de Navarra

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