Seis consejos para disfrutar más del vino en Navidad

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En estas fechas el consumo de vino en los hogares se dispara. Es el mejor momento del año para las bodegas, pues concentran buena parte de las ventas de todo el año. ¡Bravo por ellos!

Muchos de nosotros tiraremos la casa por la ventana y seleccionaremos los mejores vinos para consumir con nuestros familiares, ya sea para demostrar el excelente gusto que tenemos o simplemente porque nos gusta compartir lo bueno con los que más queremos. Y ojo que lo decimos en serio, sin querer caer en frases manidas sobre el amor y la amistad a esta altura del año. 

Para que todo salga a pedir de boca, nos permitimos darles seis consejos que les ayuden a sacar el máximo partido a los vinos que finalmente pongamos.

1. La temperatura y el vino: Incluso un buen vino puede resultar un desastre si no lo servimos a la temperatura correcta. Nadie concibe tomar una cerveza caliente, ¿verdad? Pues lo mismo pasa con el vino, cada tipología tiene su temperatura óptima de consumo:

2. El orden del producto altera el valor de la suma: si no seguimos una secuencia lógica a la hora de ir sacando los vinos, corremos el riesgo de que alguno de ellos pase desapercibido. Es por ello interesante y recomendable seguir una secuencia lógica que va de menor a mayor intensidad, y de menor a mayor dulzor. Y, además, que sigan una lógica con los alimentos que vamos a tomar, ¡oh señor!

3. Armonías, maridajes o emparejamiento de vino y comida: es importante plantearse antes de que llegue el momento cuáles serán las combinaciones entre vino y plato a lo largo de la cena o comida. Algunos vinos, por potencia o delicadeza, pueden quedarse cortos o pasarse de frenada ante determinados platos. Existen algunas pautas que pueden ayudarnos a la hora de emparejar a ambos.

Combinaciones con mucha aceptación:

Grasa y ácido - las comidas grasas u oleosas se suelen maridar con gran éxito con vinos ácidos que cortan esa pesadez y aligeran el paladar. Jamón curado con cava es un buen ejemplo de ello.

Dulce y salado - hacen un contraste muy placentero para muchos. Es conocida y alabada la excelente simbiosis entre un buen queso azul y un Pedro Ximénez.

En el “maridaje”, palabra que no suele gustar mucho, generalmente apuntamos a realzar la fruta del vino, con una equilibrada expresión de acidez y amargor. Para conseguirlo, y partiendo de las interacciones anteriores, podemos categorizar comidas de alto o bajo riesgo.

De Alto riesgo: mucho azúcar, mucho umami (sobre todo con poca sal), mucho amargor, picante.

Bajo riesgo: platos salados o con acidez alta.

4. No deje el espumoso para el momento final: lo decimos siempre, pero no nos cansaremos de repetirlo, dejar el espumoso para el brindis final de la velada no es del todo aconsejable. La burbuja en un estado de hartazgo alimenticio puede generar malestar. Si quiere hacerlo por seguir la tradición, adelante, pero no se engañe pensando que además será de lo más placentero. Muchas de estas copas apenas se terminan y muy pocos repiten. Por el contrario, le sacará más partido si lo toma al principio.

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5. Si le gusta el vino, tómese un poco de tiempo en leer sobre cada zona y productor que va a probar, a la gente le sabe mejor el vino cuando hay una breve historia detrás de él. Es importante hacerse cargo del concepto breve, pues es fácil caer en el exceso y corremos el riesgo de caer en el efecto plomón. Además, es probable que uno pueda llegar a sentirse marginado tras unas intensas palabras en torno al vino.

6. Si se ha gastado un dineral en alguno de los vinos, no tenga vergüenza en decirlo: Lamentablemente hay muchas personas a las que el precio de un vino caro les dice más que su historia o incluso que la calidad final del mismo. Pero no se venga abajo y no se quede con las ganas de decirlo, pues en algunas mesas de España se corre el riesgo de que nadie aprecie el desembolso que ha hecho. Y esto puede llegar a generar frustración en nosotros mismos.

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