Cava, crónica de una huida anunciada

Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

En nuestra reciente visita a Vilafranca del Penedés para catar los vinos de la D.O. Cava y la D.O. Penedès, nos esperaban no solo más de 1000 referencias entre Cava y Penedès, sino también el anuncio oficial de la salida de las nueve bodegas agrupadas bajo el sello Corpinnat de la Denominación de Origen Cava. Sabíamos cuando llegamos allí que el descontento era máximo, que sopesaban seriamente irse de la D.O., así nos lo habían transmitido sus protagonistas, sin embargo, no esperábamos que fuese tan inmediato.

El desamor entre Corpinnat y Cava viene de lejos, hace apenas un año nació esta marca colectiva precisamente por esa falta de afecto, por esa sensación de falta de protección hacia los Cavas de altos vuelos, bajas producciones y altos precios, pero también por ese limbo de origen que subyace tras la marca Cava. No sorprendió el anuncio.

Asistimos con perplejidad al cruce de comunicados oficiales por parte de ambas partes. Por un lado, la reacción herida de un consejo regulador que restaba importancia a la salida de estas bodegas por suponer apenas un “0,94% de la producción total de Cava” y la evidente y no necesaria aclaración de que ya “no podrán utilizar o hacer referencia a la marca Cava, a la categoría Gran Reserva o al Cava de Paraje Calificado, exclusivas para los elaboradores inscritos en la D.O. Cava”, como si la decisión fuese impuesta por el propio consejo regulador. Tampoco el comunicado de Corpinnat se quedaba corto, “las bodegas se han visto forzadas a abandonar la D.O. pese a que crearon la marca con la clara voluntad de convivir dentro del Cava”, aunque siendo francos, la voluntad aperturista con la que se ha creado, seguramente les iba a llevar a introducir vinos de otras DO’s como Penedès y, claro, que aparezca Corpinnat en un vino de Cava y también en otro de Penedès seguramente no atraía demasiado al Consejo Regulador del Cava. De hecho, nuestro director Carlos González tuvo ocasión de hablar con Ton Mata, de bodegas Recaredo, en el momento en que se anunció la decisión de salirse del Cava, y trataron este tema particular. Ton Mata reconocía que “el principal escollo que nos ha llevado a salirnos de Cava ha sido la modificación del pliego para evitar que fuera compatible el etiquetado de Cava y Corpinnat”. “El espíritu de Corpinnat era crear un proyecto integrador”, haciendo alusión a intentar unificar las diferentes marcas colectivas que a día de hoy existen en la región como Cava, Classic Penedès, Paraje Calificado o Conca del Riu Aoia. “Tuvimos claro que teníamos que hacer un proyecto que permitiera entrar a cualquier empresa del territorio, estuvieras en la D.O. que estuvieras, siempre y cuando fueras del mismo territorio y cumplieses las normativas internas”. ¿Existe en el mundo del vino alguna iniciativa parecida? ¿La coexistencia entre una marca colectiva y diferentes denominaciones origen serviría para aportar más información al consumidor o le sumiría en un caos informativo?, son algunas de las dudas que se me plantean.

Sin embargo, este proyecto integrador choca con las reglamentaciones de, al menos, dos denominaciones de origen, lo que entendemos ha provocado la falta de entendimiento y la hartura de ambas partes.

El Consejo Regulador del Cava se equivoca a la hora de restar importancia a este abandono porque, aunque apenas representen ese 0,94% de la producción, son una parte muy importante de la cúspide cualitativa de la denominación de origen, y descabezar a una denominación de origen en su parte alta de la pirámide, ciertamente no es irrelevante, es preocupante. También se equivoca Corpinnat al cejar en su esfuerzo por aplicar nuevos cambios en la denominación de origen, pues desde dentro se trabaja mejor a favor de esos cambios que desde fuera. Sea lo que sea, la decisión ya está tomada y, al menos a corto plazo, no tiene vuelta atrás.

La semana pasada acudíamos a un acto informativo convocado por Corpinnat y dirigido a la prensa especializada. Allí, Xavier Gramona explicaba, visiblemente emocionado, cómo se fueron precipitando los acontecimientos con una precisa cronología. Reconocen que el relevo en la dirección del consejo regulador del Cava del antiguo presidente Pedro Bonet al nuevo, Javier Pagés, ha supuesto un cambio importante en la voluntad de la D.O., voluntad que se ha visto plasmada en la búsqueda de la ansiada zonificación del Cava, aquella que ponga de una vez por todas el origen u orígenes a una Denominación del Método de Producción. Sin embargo, este anuncio también vino con el añadido de modificar el pliego de condiciones para que una marca colectiva fuese incompatible con el sello Cava. Esta modificación fue como un jarro de agua fría para los componentes de Corpinnat, que vieron cómo se esfumaba cualquier atisbo de conciliación entre las dos partes. Realmente lo sienten como si hubiera sido un ataque directo a su asociación, cuando también cabría pensar que si anteriormente esto se permitía dentro de la D.O. fuese porque no existía un precedente que hiciese pensar al regulador que esto debería ser regulado. En este encuentro con periodistas se habló de “la deriva del Cava”, de una “decisión dolorosa de tomar”, de “construir marca de prestigio desde la verdad”y de “invitar a los viticultores a que ellos mismos elaboren sus propias uvas al modo vigneron de Champán”. Todos ellos son términos que definen el afán constructivo de la agrupación, pero que, al menos de momento, no cobrarán forma dentro de la D.O Cava. Flaco favor para el sector elaborador de espumosos con sello Cava.

Xavier Gramona, durante el acto con prensa especializada realizado la semana pasada en Madrid

Grandes y urgentes retos que aplicar para construir el prestigio de Cava

Lo cierto es que, hoy más que ayer, Cava necesita un revulsivo para hacer crecer su prestigio, y lo necesita porque muchas de sus marcas más importantes ya no se encargarán de transmitir la otra realidad del Cava, la de la búsqueda de la excelencia, entre los consumidores de medio mundo. Cierto que quedan todavía marcas importantes dentro de la D.O., sin embargo, el peso y la sonoridad de un gran grupo queda diluido en unos pocos valientes que ahora deberán aguantar todo el peso de la marca y sus contradicciones comerciales. Tiene razón Javier Pagés, presidente del Consejo Regulador del Cava, al afirmar que, a pesar de la salida, “lo importante es seguir con nuestra hoja de ruta, introduciendo cambios de cara al consumidor para ganar en competitividad y liderazgo”. No le queda otra. Y él es perfectamente consciente de la necesidad de cambios en el seno de una denominación de origen cuyo origen sigue sin estar claro entre los consumidores.

Debatiendo con el equipo de cata de la Guía, nos preguntábamos por qué una denominación de origen cuyo eje central gravita en torno a un proceso de elaboración, el del método tradicional o champenoise, en lugar de un origen debe ser “propiedad” de una serie de municipios “bendecidos” (159), cuando ni los suelos, ni los climas guardan correlación alguna. Si el nexo de unión es su proceso de elaboración, ¿por qué no puede llevar el sello de Cava un espumoso elaborado por el método tradicional de Rías Baixas?

La salida de Raventós i Blanc en 2012 fue la primera señal clara de que algo no iba bien en el seno de la D.O. supraautonómica. Aunque a día de hoy la D.O. ha incorporado cambios, estos cambios difícilmente acabarán por restablecer el orden del Cava si de alguna forma no se ataja el problema de base: la difícil convivencia argumentaría de un grueso de vinos extremadamente baratos (permanezcan atentos a las estadísticas y valoraciones de nuestras catas de Cava que publicaremos este miércoles) y una minoría empecinada en vender sus productos a precios mucho más altos.

Hoy en Cava nadie quiere quedarse fuera de las gamas Premium; todas las bodegas quieren elaborar un vino en este segmento, como, por ejemplo, en los Cavas de Paraje. Esta normativa, más estricta eso sí, permite que entren vinos que, a pesar de cumplir minuciosamente todos los procesos reglamentados, no siempre acaben de mostrar la calidad esperada en el producto final.

Así es como, ya en la segunda cosecha de los “cavas de paraje”, estamos viendo cómo esta “prestigiosa marca empieza a etiquetar como Premium vinos que, siendo buenos, no llegan a alcanzar dicho calificativo. Es un tema delicado en tanto que abre el debate sobre si un consejo debe exigir una calidad mínima, como ya hace en las catas de calificación, pero también adentrarse en los mínimos cualitativos del Premium.  

Desde el respeto más absoluto a una denominación de origen formada por más de 220 bodegas y 6.300 viticultores, los cambios a afrontar son urgentes y la garantía de calidad  y el respeto y protección a todas las sensibilidades presentes debería ser uno de ellos para hacer crecer el prestigio de una marca tan importante como Cava.

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