Penedès y estar en el momento oportuno

Terminamos nuestra cata de los vinos de Cava y recorrimos poco más de un kilómetro para continuar por los vinos de la D.O. Penedès. Ambos consejos reguladores comparten la misma localidad, Vilafranca del Penedès, aunque uno podría pensar que lo más lógico es que Cava se encontrase ubicada en Sant Sadurní d’Anoia, auténtico corazón productor de la D.O. supraautonómica. Sea lo que fuere, como si de un capricho del destino se tratase, nuestra presencia en el consejo Penedès coincidió con el anuncio oficial de la salida de las bodegas que componen Corpinnat de la D.O. Cava.

Penedès, viendo el descontento generado por una cuantas bodegas productoras del Cava, creó hace poco más de cuatro años la categoría de espumosos Classic Penedès, donde reglamentísticamente se ampliaban los tiempos de crianza mínima de los vinos, pero, sobre todo, se defendía un origen único y vital: la comarca del Penedès. En su consejo regulador, la cata de los espumosos en ese preciso momento se antoja como un aviso de que muchas de las premisas que Corpinnat establece en su “Reglamento Interno” podrían tener cabida bajo el sello de Classic Penedès. ¿Veremos próximamente a los componentes de Corpinnat engrosar las filas de la D.O. Penedès? No suena descabellado.

La evolución de los espumosos Classic a lo largo de sus primeros años de vida ha sido un tanto desordenada. Los dos primeros años veíamos cómo los productores elaboraban de la forma más dispersa y creativa. Acostumbrados muchos de ellos al corsé reglamentístico del Cava, vieron en Penedès la posibilidad de dar rienda suelta a su imaginación, aunque no siempre con gran acierto. Este boom explorador y creativo fue suavizándose a favor de unos vinos menos arriesgados, con las variedades de siempre (xarel.lo, macabeo, parellada y chardonnay), tendencia que se ha mantenido también este año. Las bodegas productoras han querido acercarse con más fuerza a la elaboración de vinos espumosos de largas crianzas, pero nos ha sucedido que muchos de estos vinos no han evolucionado como cabría esperar con el paso de los años. Y es que no se trata de vejez por vejez. Para que los espumosos puedan envejecer y engrandecerse con los años es fundamental que sus uvas estén preparadas para ello y eso requiere unas vendimias más precisas y un trabajo en bodega orientado al envejecimiento. Así es como en algunos de los espumosos de más vejez hemos podido encontrar vinos más cansados, con presencia de lía reducida y con un final amargoso muy acentuado. Sin embargo, se aprecia un afán de superación y observamos cómo cosecha a cosecha (todos los vinos espumosos de la D.O. han de estar vinculados a una única cosecha) van mejorando y encontrando su perfil identitario, que presumiblemente será el de los vinos clásicos del Penedès, amén de otros ricos experimentos realizados con atrevimiento y acierto a partes iguales, como podemos ver todos los años con los espumosos de Colet Navazos. Las experiencias más placenteras en cuanto a los Classic Penedès nos han llegado de la mano de Albet i Noia, con sus Albet i Noya Brut 21 2016 BR (chardonnay y parellada) y Albet i Noya Brut 21 Barrica 2014 (pinot noir y chardonnay), At Roca, con L'Esparter Blanco 2014 Brut Nature (macabeo) y  Colet con el Colet Assemblage Extra Brut 2015 (pinot noir y chardonnay), todos ellos con 92 puntos.

2018: una cosecha con frescura en los blancos y rosados

Como es habitual en nuestras catas, organizamos las sesiones por tipología de vinos y por cosechas. Cuando llegó el turno de elaborar los vinos jóvenes del año pudimos observar cómo tanto blancos como rosados de 2018 muestran una mayor frescura y acidez comparado con su cosecha anterior. Esto se ha traducido en una subida casi generalizada de los vinos jóvenes del año, donde primaba un perfil más aromático y fresco, con un final más amable.

La variedad xarel.lo es la identidad varietal de la D.O. Penedès en sus blancos. En los últimos años hemos visto cómo se van mejorando sus embotellados y sus productos van ganando más peso, entendemos que por su mayor esfuerzo en viña y también por su control de los procesos de crianza, ya sea en lías, en barrica o únicamente en botella. Hasta 168 vinos blancos pasaron por nuestra mesa de cata. Cultivare Xarel.lo 2016 (93 puntos), de la bodega Domenèch Vidal es el mejor ejemplo del xarel.lo complejo, estructurado y largo. Sin embargo, existen otros interesantes ejemplos de la versatilidad del xarel.lo, como El Fanio 2017 (92 puntos) de Albet i Noia, que nos introduce en un estilo excéntrico y original; o el Cantallops 2017 (92 puntos) de At Roca, con su versión más clásica y representativa de la zona; o incluso el Antistiana Xarel.lo 2017 (92 puntos) de Mas Comtal, que, a través del protagonismo de las lías, nos acerca veladamente a los matices de algunos cavas de largo envejecimiento.

Pero no es xarel.lo todo lo que reluce y también podemos encontrar excelentes blancos con otras variedades como la chardonnay, muy instaurada en las viñas locales y que llevan ya muchos años a sus espaldas acondicionándose al clima mediterráneo. El Vinya Gigi Chardonnay (93 puntos) de Jean León es un buen ejemplo de esto. Podríamos hablar de otras uvas como la macabeo (Avgvstvs Microvinificació Macabeo 2016 - 92 puntos), garnachas blancas (Indígena 2018 - 92 puntos) o sauvignon blanc (Fransola 2017 – 92 puntos), por citar algún ejemplo.

A pesar de que Penedès es considerada por muchos como tierra de blancos, lo cierto es que los tintos siguen copando lo alto de la tabla. Aquí tenemos auténticos pesos pesados como el cabernet sauvignon de Torres Mas La Plana 2015 (94 puntos), que siempre muestra su cariz mediterráneo y una gran finura, se trata de un vino delicioso y muy complejo; o Belat 2011 (93 puntos), otra genialidad de Josep María Albet, de Albet i Noia, que recupera una variedad perdida del Penedès con un excelente resultado.

A nivel de vinos dulces, el Vi de Glass Gewürztraminer Dulce 2009 (95 puntos) de Gramona se convierte en la máxima referencia de la zona y también en el vino más puntuado en nuestra sesión de cata, todo ello con una variedad tan poco mediterránea como la gewürztraminer, para demostrarnos que no debemos demonizar las variedades de fuera y más si se tratan con tanto respeto.

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