Tenerife, su singularidad, su diversidad y sus luchas internas

Javier Luengo (@javierguiapenin)

Solo en Tenerife, una isla de apenas 2.034 km² existen cinco denominaciones de origen, seis si decidimos incluir los Vinos de Calidad Islas Canarias, que nació con la intención de unificar o al menos comercializar bajo el mismo paraguas  vinos de todas las islas, con la posibilidad de utilizar uvas de cualquier parte del archipiélago. Como entidades independientes, cada una de ellas ha ido desarrollando su propio camino, abriendo paso a una auto-competencia poco beneficiosa para el conjunto.

Independientemente de su reglamentación zonal, cada una de estas zonas goza de cualidades diferentes, las zonas más septentrionales como el Valle de la Orotava, Ycoden-Daute-Isora o Tacoronte-Acentejo, donde las peculiaridades de su clima ejercen una soberana presencia en sus vinos más frescos y herbales, en contraposición a las zonas más “cálidas” del sur: Valle de Güímar y Abona. Son las tres primeras las zonas productoras que empezaron una pequeña revolución del vino de Tenerife. La primera parada de rigor es en Suerte del Marqués, una pequeña bodega que llegó por sorpresa en nuestra edición 2012, con un inesperado y gratificante Candio 2008 tinto, que obtuvo 90 puntos, la mayor puntuación de esta denominación de origen para un vino de esta tipología.

Jonatan García, de Suertes del Marqués

Hasta entonces el vino más puntuado había sido la malvasía dulce Arautava de Bodegas El Penitente (92 puntos). Los años posteriores fueron todo un torbellino de excelencias. Allí nacía una simbólica y productiva unión entre dos figuras de gran relevancia para el vino de las islas, Jonatan García Lima, propietario de Suertes del Marqué y Roberto Santana, uno de los miembros de Envinate. Ambos jóvenes, viajados y bebidos por medio mundo, entraron en contacto a los dos años de ver la luz el proyecto Suertes y aportaron a los vinos de la bodega de un aire borgoñón hasta entonces no explorado en Tenerife.

El éxito en los embotellados de Suertes del Marqués sirvió de aliciente para que otros jóvenes buscaran con ahínco su sitio entre los grandes isleños. Esta hornada joven, romántica en su concepción de viña y vino, se fueron apiñando, primero a nivel de isla y posteriormente a nivel de archipiélago, sumando proyectos nuevos. Como han sucedido con otros muchos proyectos en toda España, el enlace entre Suertes del Marqués y Envinate llegó al divorcio, cada uno siguió su camino, estrechamente ligado en concepción y estilo. Llegaron productores como Borja Pérez Viticultor en Ycoden, que se sumaron al carro de los vinos singulares, culminando con éxito todo su esfuerzo y dedicación a través de su gama de vinos Ignios.

En esta misma línea de trabajo encontramos a una bodega con dilatada experiencia, que al recaer en la segunda generación, ha querido dar un impulso romántico al proyecto. Hablamos de la Bodega El Borujo, hoy rebautizada con el nombre propio de esta segunda generación, Juan Francisco Fariña Pérez, Juanfran, quién a pequeña escala está trabajando concienzudamente por ensalzar los vinos del Valle del Güímar, pequeña denominación de origen de apenas 157 hectáreas. Su gama de vinos Los Loros sin su mejor carta de presentación, y su Loros la bota de Mateo 2017, una locura envuelta en velo de flor con una calidad indudable.

 

Juan Francisco Fariña Pérez, de Bodega El Borujo

Seguimos buceando por el vino canario para hacer una parada en Tacoronte Acentejo donde hubo bodegas que quisieron quitar el trono a Bodegas Insulares de Tenerife, una inusual bodega que en parte pertenece al Cabildo de Tenerife y a la que algunas bodegas de las islas acusan de competencia desleal, por su inusual copropietario. Para conseguir su propósito de posicionarse como un nuevo valor del vino tacoronteño se apostó por el concepto más peninsular del vino, buscando, estructura, madurez  y largas crianzas en roble para encontrar su lugar en lo más alto. Un buen ejemplo de esta línea de trabajo son las Bodegas Cráter que, a su manera, también consiguió posicionar el vino canario en el mapa vinícola del país desde su primer año de vida. Su Magma de Cráter 2006 alcanzó nada más que 95 puntos en su primera añada catada por la Guía Peñín.  Este año, la bodega nos ha sorprendido un excepcional vino blanco Magma Blanco de Cráter 2015 (93 puntos).

A pesar de la llegada de Cráter, Bodegas Insulares de Tenerife sigue siendo un referente de la D.O., al menos en cuanto a vinos dulces se refiere. Cada año nos deslumbra con su línea de vinos Humboldt, que alcanzan puntuaciones estratosféricas por su gran calidad y también por su reflejo del dulce histórico que hizo grande a los vinos de Canarias en los siglos pasados.

Nombres propios que han contribuido al crecimiento del vino en Tenerife

Sería injusto no añadir en este repaso por el vino Tinerfeño algunos nombres propios de personas que con su trabajo y determinación han contribuido a este nuevo horizonte de posibilidades. Personas como Jorge Zerolo, de Bodega Contiempo  (Valle de Güímar), o Juan Jesús Méndez, director de Bodegas Viñátigo (D.O.P. YcodenD.O.P. Islas Canarias), cuyo trabajo en torno a las variedades canarias ha abierto un nuevo horizonte entre los más inquietos productores. Sus estudios sobre las uvas canarias y la recuperación de determinados varietales ha permitido el desarrollo de cultivos ya perdidos en esta isla como por ejemplo la vijariego o la baboso.

La rivalidad entre zonas productoras ha sido una constante, no solo en Tenerife, sino también en el resto de España. Todos los años previos al lanzamiento de la D.O. Vino de Calidad Islas Canarias, estuvieron precedidos por intensas y acaloradas reuniones entre Denominaciones de Origen y Cabildo, algo que incluso pudimos comprobar en primera persona al acudir en varias ocasiones a una comida donde se encontraban representadas todas las fuerzas productoras de la isla. Cada movimiento que da D.O.P. Islas Canarias levanta ampollas entre algunos productores, como la de incluir en su etiquetado el concepto Tenerife, para resaltar aquellos vinos cuyas uvas proceden solo de esta isla.

El punto de tensión de este año se encuentra en la intención por parte de algunas bodegas de crear una Denominación de Origen Tenerife, algo que podría tener sentido si se respetasen las diferencias entre las actuales denominaciones origen manteniéndolas como subzonas. El problema, según nos han transmitido, es que pocos quieren perder el control de su zona y aglutinarlo en un solo “gobierno central”. No parece que el camino vaya a ser fácil si tenemos en cuenta que ya la D.O.P. Islas Canarias identifica en sus etiquetados los vinos procedentes de uvas Tenerife, así que los próximos años se aventuran calentitos.

Los otros vinos de Tenerife

No todo en la isla son proyectos exclusivos y singulares, de hecho este universo de pequeños proyectos todavía está aislado del resto. La otra vertiente de los embotellados está enfocada a la comercialización del vino sencillo y dulzón. La marea azul de vinos afrutados (vinos semidulces que son embotellados en botellas de color azul) inundan los estantes de las grandes superficies. Los productores elaboran estos vinos de bajo perfil cualitativo porque supone una inyección de dinero rápida y fácil. El azúcar es un vehículo de introducción al vino para la gente menos vinatera. Los turistas consumen estos vinos con avidez, pues aromáticamente son muy llamativos, excesivamente florales, y la boca es fácil y rápida. Entendemos que muchas bodegas se obsesionen en embotellar estos vinos por suponer un balón de oxígeno para sus negocios, pero ¿acaso no sería más interesante utilizar las uvas, unas de las más caras de España, para vinos de mayor envergadura? El camino no está exento de riesgos, y desde luego requiere de un mayor esfuerzo comercializador, pero es que en Canarias no es barato producir vinos. Allí no se puede competir con los vinos de bajo precio de la Península, solo cabe trabajar en el desarrollo de vinos de mayor trascendencia, algo que a la larga repercutiría positivamente en las bodegas y sus viticultores, y también en el turismo enológico y la gastronomía de altos vuelos.

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