Albanto La Viña de las Flores Veintekilos 2017, el capricho personal de Antonio Morales

Carlos González (@CarlosGuiaPenin)

Albanto Wines es una pequeña bodega ubicada en Grajal de Ribera, en León, creada por Antonio Morales, el que fuera uno de los primeros miembros del equipo de cata de la Guía Peñín en la década de los 90. Su experiencia como catador le llevó a buscar nuevos caminos en la elaboración de vino, donde dar rienda suelta a su creatividad. Acabó asentándose en León, donde, como él cuenta, “tenía muy buenos amigos” y empezó a elaborar sin más pretensión que hacer vinos distintos.

Lo lógico para todo emprendedor del vino que se asienta en León hubiera sido adentrarse en los vinos tintos de prieto picudo, pero optó por el camino menos popular, siempre le gustaron las cosas difíciles.

Así es como empezó a adentrarse en el mundo de la albarín, uva con la que ha conseguido grandes resultados y de la que sigue aprendiendo hoy día. Lo que les traemos hoy como segundo nominado a vino revelación Guía Peñín 2020, es un vino que recurre a una elaboración tradicional, al estilo de los tostadillos gallegos y cántabros, pero que nunca se ha explorado antes en tierras leonesas, y es más, con una variedad nueva para este tipo de vinos dulces, la albarín.

Se trata de un vino de pasas blanco, toda una tradición en pequeños rincones de Italia, Francia y, por supuesto, España. Estos vinos buscan la deshidratación de las uvas por temperatura y aireación, no por insolación. Tradicionalmente los racimos eran secados en los graneros, los “sobraos” o desvanes de las casas de pueblo. Algunos productores deshidratan colgando los racimos uno a uno, como los tradicionales supuraos riojanos y otros como es el caso de este Albanto La Viña de las Flores Veintekilos 2017, lo hacen esparciendo los racimos en mesas cubiertas por periódicos, en los lugares de más calor de la casa, las partes altas.

El vino se elaboró en un caldero de acero inoxidable, ubicado en la parte más calurosa de la bodega, para favorecer una fermentación espontánea. Como sucede con los vinos con alta proporción de azúcar, la fermentación fue lenta, se alargó más de dos meses, debido en parte al no utilizar ningún tipo de levadura comercial, dejando que solo actuaran las levaduras propias que traía la propia uva del viñedo. Posteriormente, se trasladó el caldero a una zona más fresca, para evitar nuevos arranques de fermentación, en la que reposó durante un año en contacto con oxígeno.

El resultado es muy sorprendente y muestra que, cuando usas buena uva y una elaboración tradicional, los vinos salen muy buenos, además de impregnados de un halo de costumbres y tradición.

Se trata de un vino de color ámbar, con una nariz excepcional, donde destacan la miel de flores, manzana madura, orejones y presencia de acetaldehídos fruto de su relación con el oxígeno durante su elaboración. La boca es untuosa y destaca por tener un fino amargor muy agradable y un recuerdo a frutos secos.

A pesar de tratarse de una producción tan irrisoria como 100 botellas, a un precio de venta al público de 85 €, este vino marca un nuevo horizonte para la uva albarín, una nueva vía de crecimiento en pro de la defensa de su singularidad y potencial.

Estamos convencidos de que esta creación servirá de revulsivo para otros inquietos elaboradores. De momento, podemos decir que estamos viendo cómo un estilo de elaboración de otras regiones acaba de asentarse en tierras leonesas, y todo ello con una variedad nunca antes explorada en estos campos, toda una genialidad no exenta de riesgos precisamente en años en que el consumo de vinos dulces no atraviesa su mejor momento.

Será interesante ver cómo se desarrolla este vino con el paso de tiempo y también ver con qué otra nueva genialidad nos sorprende la bodega, tan poco dada a los convencionalismos.

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