El 'quejío' de los vinos del Marco

Javier Luengo (@JavierGuiaPenin)

(Leer Los supervinos del Marco)

En las últimas décadas nos hemos acostumbrado al constante quejío del campo y las bodegas jerezanas, desesperados todos por la trágica situación de sus viticultores y también por la casi eterna deriva de la comercialización de sus productos. Para los no familiarizados con la terminología flamenca, el quejío ”es la inserción en el cante de un ¡Ay! aflictivo y prolongado o de varios ayes sucesivos que, con independencia de la copla, se insertan en ella al principio, en medio o al final” (Fuente: www.horizonteflamenco.com).

También hemos podido ver cómo un valiente puñado de embotelladores y productores rebuscaban en la historia para revindicar la gloria de antaño y algunas de las elaboraciones más antiguas, apenas visibles ante la niebla formada por la tendencia elaboradora del último siglo.

La memoria es mucho más corta ahora que antes. Esto lo saben bien en política, y, de alguna forma, estos “historiadores” del vino del Marco han sufrido los efectos de esta falta de retentiva colectiva que reina hoy en día.

La parte positiva de esta tendencia es que cuando recuperas un hecho del pasado y lo traes al presente la llama de este acontecimiento puede prender con fuerza, como si fuese nuevo, lo que permite que el mensaje trascienda. La parte negativa la encontramos en que esa fuerza de la primera llama se apaga con rapidez si no añades a la hoguera un leño lo suficientemente grande para que el fuego agarre, y estos leños grandes, poderosos en cuanto a poder calorífico, son aquí en el Marco los grandes actores, cuyo respaldo es capaz de mover más fácilmente la compleja y pesada maquinaria de un Consejo Regulador.

Todo ese empuje vivido en los últimos años; la reivindicación de los vinos con crianzas menos largas, la mirada hacia el auténtico origen del vino, la viña, y la idea de que los procesos de criaderas y soleras tienen sentido en algunos vinos y no obligatoriamente en todos, ha servido para que algunos amantes del vino hayan dirigido la mirada hacia este precioso rincón de España. Wineloveristas de todo el mundo secundaron esta “revolución silenciosa”, apoyándola desde sus digitales rincones sociales y también a través de una interesante, pero aún tímida, compra.

Hoy día su efecto se diluye, a pesar de que se realizan imaginarias acciones comerciales que buscan desenfadar el consumo de los vinos del Marco. El rock se ha apoderado de un buen puñado de productores y consumidores como parte de una interesante campaña por añadir nuevos consumidores a los vinos del marco, los antiguos rockeros, pero su capacidad de cambio se diluye al no encontrar el respaldo deseable entre las instituciones,ni en los grandes grupos, capaces de llegar a  un consumidor más generalista y por tanto más voluminoso. Si los grandes no mueven ficha, ¿qué se puede esperar de todo este fenómeno?

La crisis de Jerez es una crisis que viene de muy lejos, acrecentada por el efecto que Rumasa tuvo en el vino de Jerez al introducir en el mercado un modelo comercial caníbal, basado en una agresiva política de precios y que obligó al resto de grandes agentes a entrar en la partida para poder contrarrestar su efecto. Rumasa hace mucho tiempo que ya no está, sin embargo esta política del precio disparatadamente bajo se quedó y tomó su máximo esplendor en el apogeo de los vinos de marca blanca.

La marca blanca, millones de litros vendidos por debajo de precio

El fenómeno de la marca blanca es tan interesante como destructivo. Las grandes bodegas suministran estos vinos a las grandes superficies a precios inimaginables. Podemos encontrar finos o manzanillas de marca blanca a precios que rondan los 2,3 euros IVA incluido. Pero ¿qué significa esto?. Hagamos cálculos: cada botella que se vende de fino o manzanilla tiene unos impuestos especiales de 38 céntimos el litro (en caso de que el vino no supere los 15º habituales de un fino o manzanilla; si supera esta graduación su impuesto ascenderá a 64 céntimos el litro). Estos impuestos especiales se suman al precio del vino y sobre esto (impuesto especial + precio) se calcula el IVA, lo que, en cierta medida, supone de por sí una doble imposición fiscal. Así pues, a un fino o manzanilla que se venda a 2,3 si le restamos el 21% de IVA (0,483 céntimos), los impuestos especiales por alcohol (0,28 céntimos) y el porcentaje de la gran superficie que lo vende que calculamos en torno al 20% (0,363 céntimos), nos refleja que la bodega ha vendido esa botella a un precio de 1,17 €. Sobre este precio se debería repercutir el precio de la uva, su elaboración, que, al menos, ha de salir con dos años de crianza más los gastos de impresión, cápsulas, corcho o tapón y etiquetado. ¿Sorprendidos? No es para menos.

Por complicar aún más el escenario, nos encontramos en una situación comercial delicada, con un Reino Unido que acaba de abandonar Europa, aunque esta salida todavía no se haya reflejado en todo su esplendor en las ventas al mercado inglés, que apenas sufre una caída del 3% pero que apunta a sumar unas caídas considerables conforme avance el tiempo hasta que no llegue un acuerdo comercial que detenga la hemorragia. EE.UU.  y sus amenazas en torno a los aranceles del vino supondría también un mazazo en la aspiraciones comerciales de los vinos del Marco si finalmente se materializan. Esto lo sabremos muy pronto.

Con semejante panorama, ¿nos extraña ver estos días a los agricultores tomando las ciudades para reclamar un precio que les permita seguir viviendo del campo? ¡Más que un quejío debiera ser un grito desgarrador!

Oportunidades ante un panorama bastante pesimista

La próxima entrada en vigor de los vinos sin encabezar en los pliegos de condiciones de Jerez y también de Manzanilla de Sanlúcar, que espera superar próximamente los últimos peldaños legales, abre una nueva vía de trabajo y comercialización para los productores del Marco, que ya no estarán obligados a añadir alcohol vínico en sus vinos como sucedía hasta ahora. Se trata de un acontecimiento relevante, positivo, pero insuficiente. Es cierto que no tenía sentido mantener la obligación del encabezado en los vinos, cuando existen prácticas vitícolas tradicionales que permiten la obtención del grado suficiente. Sin embargo, la situación del vino de Jerez es tal, y conste que hablamos del Jerez en todo su amplio espectro, que esta medida no revertirá la situación de crisis que atraviesa. Sobre la palestra existe la demanda de algunos productores de abrir la mano a la elaboración de los vinos tranquilos. Recordemos que en su momento se creó la IGP Vinos de la Tierra de Cádiz para dar salida a estos vinos incapaces por ley de ser etiquetados con los marchamos de Jerez o de Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda.

Lo cierto es que este pequeño cambio en las denominaciones de origen podría ofrecer una oportunidad en la lucha por reencauzar el precio de los vinos del Marco, pues permitiría introducir una gama de vinos tranquilos a precios competitivos, una gama introductoria y también intermedia, que podría ser aprovechada para incrementar el precio de sus vinos tradicionales de siempre. ¿Tiene sentido, por citar los ejemplos más conocidos, vender un Fino la Ina o un Tio Pepe a poco más de seis euros, La Guita por 8 euros o una manzanilla Alegría por 5 euros? ¿Acaso no existen productos de calidades inferiores vendidos a precios más altos en zonas tan wineloverista e instagrameable como el Jura francés?

Otro aspecto a tener en cuenta es que la mirada hacia el viñedo que ha renacido en los últimos años ha abierto un nuevo campo de acción, concretamente de reglamentación. Existe una amplia documentación sobre las calidades de los diferentes viñedos y hoy día se han vuelto a poner en valor viñas como Carrascal, Macharnudo, Balbaína entre otras muchas. ¿No sería interesante dar un paso más en esta diferenciación y ofrecer una categoría superior a estos viñedos? ¿No serviría para embotellarlos por separado y venderlos a precios más altos?, ¿no sería una forma de garantizar que el propietario de una viña en estos lugares únicos fuese capaz de vender sus uvas a precios más dignos?

Los vinos del Marco siempre generan electricidad. A veces apabullan por su complejidad e idiosincrasia. Despiertan pasiones por su singularidad y calidad, o abren acalorados debates por la infinidad de teorías y sensibilidades que en su zona conviven. 

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