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Una de las mejores puestas en escena dentro del gran escenario vinícola argentino la encontramos en los grupos de elaboradores y viticultores más irreverentes, los reaccionarios del vino. Detrás de la imagen más inconformista que ofrecen existe un profundo conocimiento y respeto por el trabajo pasado. Se trata de aprovechar la historia, interiorizarla y desgranarla para saber qué parte es la consecuente con las viñas y mantenerla, y si es posible mejorarla.

Retomamos nuestra crónica gastronómica sobre Mendoza allí donde la dejamos en la entrega anterior, evitando las meriendas y reservando la capacidad digestiva para las cenas de Argentina que, además de empezar bien tarde -muchos comensales llegaban cuando nos íbamos sobre las 23.00-, son abundantes, intensas y distendidas.

La lógica racional impone que las indicaciones geográficas se ciñan exclusivamente a cuestiones edafológicas y no administrativas. Aunque la lógica no siempre triunfa sobre las imposiciones políticas se espera que los que están por llegar se sumen a una tendencia decisiva para el futuro vinícola del país.

Hemos vuelto a visitar el país de los viñedos de altura para calibrar los vinos que allí se han producido en el último año, recorriendo viñedos y hablando con productores para ver en qué punto de evolución se encuentra actualmente el vino argentino. Más de 620 muestras han pasado por nuestra mesa de cata, con resultados francamente sorprendentes. Pero no todo el viaje ha sido vino, vino y más vino, también hemos podido recorrer gastronómicamente la zona. Nuestro compañero Alberto Ruffoni ha realizado una sabrosa crónica gastronómica de lo que fueron nuestros días en Mendoza y que ya puede leer pinchando aquí (link).

La gastronomía argenta expresa una fuerte influencia mediterránea. Panes, pastas, milanesas, pizzas y empanadas recuerdan el origen italiano y español de su ascendencia, pero migraciones árabes y judías más minoritarias también dejaron su huella. Cereal, cordero, olivo, frutos secos y vid son símbolos de estas gastronomías, y los tres últimos son los más cultivados de la región mendocina. Una gastronomía mediterránea y mestiza que conserva la riqueza americana.