La moda de los vinos naranjas

17 February 2022

Hoy día para ser un bodeguero adaptado a las nuevas tendencias parece obligatorio la elaboración de un vino naranja, orange wine o vino de pieles. Se trata de una tipología de vinos que poco a poco va ganando adeptos, en parte por la singularidad de los vinos que ofrece y también por su vinculación a vinos de elaboraciones más libres. Tu foto de Instagram puede quedar mucho mejor si es con un vino naranja. ¿Pero de qué estamos hablando? ¿Cómo son estos vinos? ¿De dónde proceden?

En los tiempos que corren, toda buena tendencia ha de estar respaldada por nuestros ancestros. Si no lo hacían ellos antes entonces no valía tanto la pena. Haced la prueba si no se me creéis: ¿Trabajar la tierra con tracción animal o con tracción mecánica?, ¿vendimiar cuando sea el momento adecuado o en función de la fase lunar?, ¿trabajar con materiales como el barro o usar recipientes más asépticos como el acero inoxidable?.

Muchos trabajadores del campo lo hacen por convicción propia y pura, pero también existen casos de postureo, más centrados en cómo se les verá en las redes sociales que en lo que realmente importa del vino. Lo cierto es que estos vinos, sean moda o no, traen una visión diferente a lo que hasta ahora teníamos en nuestros paladares.

¿Qué es un vino naranja?

Esta mención está reservada a aquellos vinos blancos en los que se ha mantenido el vino en contacto con las pieles durante la fermentación, en una forma de elaborar que se parece a la de un vino tinto. Esta forma de concebirlo hace que al vino le sucedan varias cosas. En primer lugar, el vino extrae cierto color de las pieles. Pero no sólo extrae color, sino también tanino. Por este motivo estos vinos wineloveristas suelen ser mucho más contundentes en boca que un vino blanco elaborado de forma convencional, algo que nos permite bucear por comidas más intensas a la hora de emparejarlo.

Se les llama vino naranja o ámbar precisamente por el color que va adquiriendo el vino como consecuencia de su método de elaboración. Un color que tiende al tono anaranjado con motivo de la presencia de las pieles y también la oxidación que experimenta el vino durante su creación en función del recipiente donde se ha elaborado, como por ejemplo la tinaja o la barrica, que favorecen cierta microxigenación durante la elaboración. 

El origen de estos viene de muy antiguo. Se habla de los vinos Georgianos como uno de los puntos de partida en el desarrollo de esta tipología. Vinos que se elaboraban en sus clásicos Qvevri (depósitos de arcilla que se entierran en el suelo, favoreciendo una temperatura óptima y constante durante toda la elaboración).

A Georgia se le atribuye ser uno de los lugares más antiguos en el cultivo de la vid. La elaboración y consumo de vinos estaban a la orden del día desde hace siglos, así que en cuestión de antigüedad nadie puede buscar un mejor ejemplo que avale la tendencia de hoy.

LOS MEJORES EJEMPLOS DE ORANGE O VINO DE PIELES DE ESPAÑA DE LA GUÍA PEÑÍN

Muchos son los elaboradores que se han lanzado a la producción de estos vinos, algunos de ellos inicialmente de forma experimental, pero posteriormente, visto el resultado, han querido incorporarlos a su porfolio de vinos. La razón del éxito de estas elaboraciones se debe, no sólo a la singularidad de un estilo poco consumido en España, sino también por su mayor estructura y sapidez, lo que permite que esta tipología de vinos pueden competir con algunos tintos en determinadas comidas.

Además, la presencia de mayor tanino hace que estos vinos puedan tener una mejor capacidad de envejecimiento que un blanco joven convencional. Precisamente, esta mayor capacidad de envejecimiento hace que estos vinos hayan proliferado entre los elaboradores de vino natural que tienden a proteger con bajas dosis de sulfuroso sus vinos y que en esta maceración del vino con las pieles encuentran un mecanismo natural de protección de sus propios vinos.

¿Capacidad de expresar un terruño?

Se trata de un tema que genera cierto debate. ¿Pueden estos vinos expresar en su aroma y sabor su lugar de procedencia? La forma de trabajarlos hace que estos vinos estén muy dominados aromática y gustativamente por el propio proceso elaborador, por lo que en la gran mayoría de los casos el sello de vino naranja queda tan adherido al cuerpo del vino que rara vez se permite ver más allá de la propia excelencia del vino.

Pero no os preocupéis, no es el fin del mundo, existen vinos excelentes que aunque bien elaborados no tienen el hada mágica de aproximarnos al viñedo, y sin embargo siguen siendo interesantes. Como siempre sucede en el mundo del vino, debemos ser cautelosos en nuestra afirmación, porque poco a poco van surgiendo mejores ejemplos con vinos que se van acercando al mundo de los grandes marcas. Sin ir más lejos, el mejor ejemplo que conocemos en Guía Peñín de un vino naranja con expresión de lugar es el elaborado por Eulogio Pomares en su proyecto en las Rías Baixas conocido como Fento Wines. Este vino fue uno de los nominados a vino revelación en la Guía Peñín 2018 (año 2017), y es el único vino naranja que ha conseguido alcanzar los 94 puntos, todo un hito en esta tipología de vinos.

Sea por el motivo que sea, la llegada y proliferación de estos vinos en los últimos años es una oportunidad para todos los amantes del vino porque enriquecen un poco más la ya amplía diversidad de estilos que imperan en España. El vino naranja nos permite disfrutar de una tipología diferente que nos aportará también sensaciones diferentes durante su consumo.

    Escrito por Javier Luengo, director editorial de Peñín

Las uvas del tiempo: albariño

La transformación que experimenta el vino en su relación con el oxígeno, a veces trágica, otras milagrosa, es un viaje que todavía encierra algún que otro misterio.

Sigue leyendo