Cata vertical de Dominio del Águila Albillo Viñas Viejas

15 julio 2021

La trayectoria de Jorge Monzón y su proyecto familiar junto a su mujer Isabel Rodero en Dominio del Águila es un ejemplo de excelencia y buen hacer desde su primera cosecha. Lo es no solo en el campo vinícola, pocos saben que también “le han metido mano” a la cerveza artesana y elaboran desde hace años una cerveza bautizada como Milagritos de estilo “Ale” sin filtrado y con refermentación en botella de bastante buen nivel, aunque esto merecería un capítulo aparte…

Volviendo al campo que nos atañe, pocas bodegas son capaces de alcanzar tan alto nivel de calidad en tan corto espacio de tiempo. Sin embargo no es imposible, y su ejemplo nos sirve para materializar algo casi insólito.

Jorge MonzónJorge Monzón

Allá por el año 2012, Jorge llamó para enseñarnos el pequeño proyecto que estaba creando en su pueblo, La Aguilera, en una de las bodegas viejas que están excavadas “a pico y pala” en la afueras del pueblo. Cuando probamos allí por primera vez el vino que aún estaba en barrica, y que llevaba más de 15 meses, ya era un soplo de frescura, suavidad y con muchas notas frutales, algo que no habíamos visto nunca en la Ribera del Duero, y menos en un vino con tantos meses de crianza. El proyecto era sólido, se apoyaba en muy buenas viñas y venía a aportar algo de lo que siempre ha flaqueado la D.O., diversidad y frescura, así que no hubo duda por nuestra parte en animarle a que siguiera por ese camino.

Dominio del Águila aterrizó oficialmente en la Guía Peñín por primera vez en el año 2014 (Guía Peñín 2015), con tres vinos que ofrecían una visión diferente y personalista de la Ribera del Duero. Su Dominio del Águila Reserva 2010, obtuvo nada menos que 96 puntos en su estreno en la guía y su clarete, ojo, un clarete, 90 puntos y este mismo clarete catado con dos años en botella 93 puntos. Apenas unos años más tarde nacía un nuevo vino, un blanco de la Ribera del Duero, etiquetado como vino de mesa ya que todavía no se permitía embotellar vinos blancos con el sello de la denominación de origen. Este vino Dominio del Águila blanco 2012, se convirtió en el Vino Revelación 2017 por abrir el debate con un vino soberbio sobre si Ribera del Duero podría decir algo en el mundo de las elaboraciones blancas. 

En nuestra última visita a la Ribera del Duero, hicimos parada en esta pequeña bodega para ver los avances de este pequeño ‘vigneron’ y poder charlar sobre la concepción que su creador tiene del vino. Además, teníamos un tema pendiente desde hace años y era su vino blanco, para ello Jorge nos regaló una cata vertical de todas las añadas del albillo ribereño para que pudiéramos apreciar su potencial, algo que ya pudimos observar hace 2 años con el Albillo 2007 de Arzuaga (que también elaboró él en la bodega de Arzuaga).

Cata vertical Dominio del Águila

El tiempo en el vino, la obsesión de la casa

Si algo hemos aprendido de Jorge Monzón desde sus comienzos, es la importancia que tiene para él que el vino sea capaz de aguantar el paso de los años. Está convencido de que un gran vino lo es cuando su estilo, fuerza y representatividad se mantienen con los años como si de una cápsula del tiempo se tratara, por eso tenía tanta relevancia esta cata vertical que tuvo a bien brindarnos de la mano de uno de los vinos más importantes de su carrera: el albillo mayor.

Dominio del Águila 2012 (97 puntos): nos encontramos ante la primera cosecha de este vino blanco, una referencia que llegaba para reivindicar la importancia de la albillo mayor como eje argumental de los blancos en la Ribera del Duero, una categoría que por aquel entonces no estaba permitida en la Denominación de Origen. Jorge Monzón no fue el único. Hasta la fecha varios productores, especialmente la casa Ermita del Conde, asesorados en su origen por Alfonso y Roberto de Envinate, habían trabajado con esta uva, sin embargo, la proyección que él dio a estos vinos con este primer embotellado sí que era una novedad y una demostración de las cosas grandes que esta uva podría traer dentro de la D.O. si en algún momento se aceptaba su inclusión. En esta primera cosecha encontramos un mayor protagonismo de la crianza y de su relación con el paso del tiempo. Algo que es asombroso en esta variedad y esta forma de elaborar digna de otras regiones top mundiales. Su color dorado evidencia la vejez. Aromáticamente vemos matices terciarios muy vinculados a la barrica, un estilo.

Albillo Viñas Viejas 2012

Dominio del Águila 2014 (98 puntos): visualmente entramos en una línea de vino con evidentes signo de evolución a través de un color más amarillo/dorado. Los aromas también nos dejan ver los efectos de la relación del vino con el oxígeno, con aromas que se alejan de la frescura para bucear por los frutos secos, flores secas. Esta cosecha 2014 tiene una nota oleosa en boca muy singular y mantiene su ADN mineral, una esencia que no pierde en ninguna de sus cosechas a pesar de las diferencias de estilo, que se evidencian a partir del 2014 en adelante.  Esta añada no llega a las 2000 botellas. Está en un gran momento y supone por su complejidad y amplitud de registros el cenit de los blancos de Dominio del Águila.

Dominio del Águila 2015 (97 puntos): a partir de esta cosecha apreciamos un cambio estilístico en la elaboración. La crianza en barrica se vuelve más fina y la acidez en el vino se convierte en el hilo argumental de cada cosecha. Se aprecia a partir de esta cosecha cómo entra en juego la tirantez y las sensaciones más afiladas, una pauta que irá creciendo conforme pasan las cosechas. Entramos en una añada donde el tiempo ya ha permitido al vino explorar otros aromas. Nos acercamos a un vino petrolero, de los que guardan un ligero recuerdo a hidrocarburo acompañado de evidentes notas de su crianza en barrica a través de un cacao fino muy sutil. La boca es compleja y muy larga, acidez y madurez conviven en perfecta armonía y auguran un vino de larga trayectoria.  De esta añada se elaboraron 2985 botellas.

Dominio del Águila 2016 (95 puntos): Una añada que conjuga a la perfección el carácter ribereño y el estilo Monzón, pues tiene el sabor y la intensidad de la zona pero con un estilo elegante y fino. Pocos productores pueden aunar estos dos caracteres supuestamente antagónicos, finura e intensidad, sin embargo este vino es un buen ejemplo de que es posible conseguirlo. Se aprecian aromas a fósforo, y un fondo mineral muy interesante. 4885 botellas salieron de esta cosecha.

Barrica Dominio del Águila

Dominio del Águila 2017 (94 puntos): nos encontramos ante un vino más hecho. En él se aprecia un carácter calizo. Es fresco, pero con una fruta más madura tanto en nariz como en boca. Interesantes aromas a cítricos, como el limón. La madera se nota algo más presente en nariz por lo que todavía le falta domesticarse un poco para encontrar su equilibrio. Se hicieron más de 3800 botellas de esta añada.

Dominio del Águila 2018 (94 puntos): a pesar de llevar tres meses embotellado, nada para un vino de este tipo, muestra unos aromas reductivos de fósforo muy interesantes. El vino es muy fresco y cítrico, entra en boca como una flecha para luego ir abriéndose lentamente en el paladar. Es un vino donde están presentes vivas notas de su crianza, a través de especias dulces. Se han embotellado 4000 botellas de este vino, y creemos que será una grandísima añada gracias a lo afilado que es.

    Escrito por Carlos González, director de la Guía Peñín
    Escrito por Javier Luengo, director editorial de Peñín

¿Cómo empecé en el vino?

Estoy seguro de que el periodista que me hacía esta pregunta intuía la respuesta como que mis primeros pasos fueron guiados por la afición y emoción hacia esta cultura milenaria, y nada de esto sucedió.

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