Durante bastantes años participo como jurado en los “Top Ten” de vinos portugueses organizados por el grupo Essência Company, editora de las dos revistas más importantes de habla portuguesa en las que colaboro: Revista de Vinhos, en Portugal, y Revista Gula, en Brasil. El pasado 26 de febrero nos reunimos en Oporto un grupo de periodistas y catadores internacionales para elegir los diez mejores vinos portugueses.
En el panorama enológico portugués sigue mandando el río Douro (Duero) tanto en los insuperables vinos fortificados —Oporto— como en los tintos de Douro. En los primeros se percibe la experiencia del envejecimiento oxidativo —menos evidente que en los oxidativos jerezanos— en un ámbito de mayor humedad, perfectamente fundido con la complejidad y la calculada vejez de las “pipas” (toneles de 550 litros). A ello se añaden los aromas reductores de botella: cueros, cedros y ese perfume que recuerda a los cajones de un viejo escritorio inglés.
Pero también estaban los vinos de Madeira, con sus caramelizados tostados, añejos y estufados, que aportan los grandes y eternos toneles, siempre con el contrapunto de la acidez atlántica.
Los blancos portugueses han mejorado bastante en los últimos diez años. Pero en esta ocasión no aparecen en mi listado porque las puntuaciones no han sobrepasado los 92 puntos. Los Vinho Verde podrían estar a la altura de los gallegos, pero la presencia casi total de la variedad Loureiro —sola o mezclada con Alvarinho— reduce en cierto modo la complejidad de esta gran vinífera, destacando sobre todo la figura herbal de la Loureiro.
He aquí mis apuntes en la cata Top 10 y las marcas premiadas por el jurado que se citan más abajo. Eché en falta los vinos de Niepoort, casi siempre presentes en los primeros lugares, y algún vino más del Dão. Sigo pensando que esta última zona nos sorprenderá en el futuro. Los que más me gustaron fueron los siguientes.
VINOS FORTIFICADOS