Diccionario del vino para “humanos”

26 February 2026

Tratar de trasmitir la esencia de un vino en palabras es, en cierta medida, como ver un anuncio de una tele de última generación en tu propio televisor. Buscas generar el mayor impacto a través de los colores impactantes (palabras grandilocuentes) pero realmente la imagen la ves con la resolución de tu viejo televisor. Así que no acabas de ser consciente del impacto real de ese nuevo producto. El lenguaje ha sido siempre el principal obstáculo a la hora de poder definir un vino y una gran obsesión para la prescripción profesional. Al menos así ha sido en Guía Peñín.

El lenguaje del vino está muy influenciado por Francia. Los productores abusan de la terminología en francés en primer lugar porque muchas de las técnicas de vinificación vienen de la escuela francesa y como tal están definidos por su idioma. Ejemplos tenemos muchos: delestage, pigeage, dossage….

¿Gerardo o Gerard?

Hasta ahí todo correcto, el problema es cuando usamos la palabra en francés porque asociamos su sonoridad a algo mucho más relevante y cualitativo. En nuestros viajes por toda la geografía española hemos oído hablar con exquisita naturalidad del domaine de los bodegueros, en clara alusión al concepto de bodega y viñedo, término que podría ser sustituido sin problema por la palabra bodega. También hemos podido catar muchos vinos de village, término muy usado entre los productores de alto copete. Este village suena francamente bien, pero en español deberíamos estar hablando de vino de pueblo

¿Y si hablamos del concepto más perseguido en el mundo del vino y lo estropeamos por decirlo en español? “Gerardo, mira que bien muestra este vino su terruño”. ¿Acaso no cambiaría la película si habláramos del terroir? O si hablamos de la mezcla de diferentes variedades en un vino, el ensamblaje, no quedaría mucho más basto que el refinado asemblage. O el cupaje, en lugar de la sedosidad de la ‘s’ en el vocablo francés cupage. Y qué decir del vino de parcela que hoy es denominado un field blend….

Lo cierto es que la influencia de otras lenguas en nuestro día a día no es algo nuevo. ¿O debo recordar que en ocasiones agendamos una call, para revisar los timmings, fijar un dead line o hacer una brain storming?

La palabra cuanto más sencilla y directa, mejor

 Nos guste o no, la herramienta más extendida para la divulgación del vino es la palabra, capaz de viajar largas distancias y de llegar a donde el vino todavía no lo ha hecho físicamente.

La forma que en Peñín entendimos más directa a la hora de escoger los términos no es tanto en profundizar en un inagotable conjunto de términos cuya compresión y asimilación dependiese de que el lector posea o no una amplia experiencia, sino la de buscar términos que sean fácilmente identificables por un lector normal

No se trata de hablar del aroma del tilo, del fenogreco o de la cúrcuma, sino de buscar palabras que sean fáciles de asociar a un aroma o sabor. Por ejemplo, a nivel de fruta en Guía Peñín hablamos de cuatro tipos: blanca, roja, negra o azul. Y dentro de cada una de ella podemos hablar de su nivel de madurez con términos como fresco, maduro, confitado, sobremaduro, escarchado o al licor.

Definición de estilos

Si la descripción tradicional incluía la división del vino por color, aroma y boca, hace años decidimos incorporar un apartado de Estilo, con el cual definir un vino de forma todavía más genérica, usando muy pocos términos. Esta descripción más simplista está vinculada a los vinos de puntuaciones inferior esa 90 puntos, de forma que pudiéramos ahorrar espacio en nuestra ya nutrida Guía Peñín de los Vinos de España, con más de 1.200 páginas cada año. Este apartado de estilo nos obligó a ser mucho más esquemáticos y nos adentró en la definición mental de los diferentes estilos del vino. Pongamos un ejemplo, si nos adentramos en un tinto joven del año, sin presencia de madera, éste podría ser un vino: Muy primario, frutal, sencillo, suave y fácil de beber. Pero en su sencillez también podría ser un vino “Poco vivo, maduro, potente y goloso”. 

Se trata de que en un par de líneas podamos trasmitir el tipo de vino que el consumidor puede encontrarse, centrándonos en sus aspectos más básicos y en algunos casos conceptuales.

Más descriptores para vinos más complejos

Por supuesto que en vinos más complejos los catadores entramos a profundizar en sus descriptores más importantes, pero incluso en estos casos, los descriptores estarán orientados a una fácil asimilación por parte del lector.

Puedes adornar la cata con términos imposibles, asombrar a tus compañeros con una descripción que los dejes impresionados, puedes parecer mucho más listo de lo que eres o puedes, simplemente, tratar de ordenar de forma sencilla los términos en tu cabeza, y de ir poco a poco en la descripción de lo que el vino te muestra y las sensaciones que te deja.  

Sea como fuere el fin último de la descripción de un vino es que el lector sea capaz de entender el tipo de vino al que se enfrenta en pocos segundos y sin llegar a probar el vino.

    Escrito por Javier Luengo, director editorial de Peñín