Juegos para entrenar los sentidos para la cata de vinos 

23 marzo 2021

Le sugerimos unos sencillos ejercicios para ejercitar el gusto y el olfato en familia.

Se acerca la Semana Santa y, ante la perspectiva de hacer más planes en casa de los deseados, les ofrecemos la posibilidad de realizar una actividad original en la que podrá participar toda la familia y que servirá para entrenar los sentidos más usados en la cata de vinos. Se trata de unos sencillos juegos para ejercitar el olfato y el gusto, que podremos hacer con cosas que encontramos en el supermercado o en tiendas de proximidad, ¿se apuntan?

Qué necesitamos

Ante todo, necesitaremos una mesa despejada para poder colocar todos los elementos que vamos a usar en nuestro juego, lápiz y papel y, si lo tenemos a mano, un antifaz como los que se entregan en los aviones para poder descansar. Tapándonos los ojos, lograremos potenciar tanto el sentido del gusto como el del olfato y haremos el juego más divertido.

Gimnasia del olfato

Como muchos de ustedes sabrán, la cata de vinos consta de tres fases: la visual, la olfativa y la gustativa. En este caso, nos centraremos en la segunda, para la que podemos utilizar los siguientes elementos para identificar los aromas más frecuentes en los vinos.


 

Vinos blancos:

  • Pan: el típico aroma a levadura del pan lo podemos encontrar en muchos vinos blancos, especialmente en aquellos que han sido criados con sus lías.
  • Jazmín: el dulce olor de esta flor que encontramos en multitud de jardines y fincas es muy habitual en algunos blancos aromáticos, como los moscateles.
  • Flores secas, como la manzanilla, nos traerán a los aromas de los blancos de lo del Penedès.
  • Césped recién cortado: podemos tomar una pequeña muestra de cualquier zona verde y su olor nos recordará inconfundiblemente a los blancos de la variedad verdejo, entre otros.

Vinos tintos:

  • Fresas: el aroma de esta fruta de temporada suele estar muy presente en muchos vinos tintos jóvenes, a veces mezclados con otros de frutas rojas más maduras, como las ciruelas.
  • Especias: tanto la pimienta blanca, como la negra o el clavo, habituales en cualquier cocina, las encontramos al olfatear multitud de vinos tintos. Provienen del contacto del líquido con la barrica.

 

 

  

  • Hierbas provenzales como el tomillo, laurel o romero: este tipo de hierbas secas son muy recurrentes en tintos mediterráneos. En tintos atlánticos estos aromas se vuelven más “húmedos”, más balsámicos, y nos recuerdan a esa famosa crema que nuestras madres nos ponían cuando estábamos congestionados para dormir mejor. 
  • Cacao en polvo: aroma asociado a la crianza en barrica. También es común encontrar aromas como la vainilla e incluso el café torrefacto.
  • Manzana oxidada: Si cortamos una manzana por la mitad y la dejamos al aire durante un rato para que se oxide y se ponga oscura, podremos apreciar el olor a oxidación propio de algunos vinos envejecidos prematuramente.

Ejercitar el gusto

En este caso nos centraremos en la fase gustativa y para ello experimentaremos las sensaciones sápidas más básicas, para que cuando se dé el caso, nos resulte más fácil detectarlas al saborear un vino.

  • Acidez: podemos ejercitar este sabor chupando un limón o una piña cortados en rodajas o, incluso una fruta muy verde. La acidez es básica en todos los vinos sean del tipo que sean, por eso es importante ser capaces de valorar su intensidad y dónde se muestra en nuestra boca.
  • Astringencia: es una sensación de aspereza muy común en algunos vinos tintos, como consecuencia de los taninos. Morder un plátano muy verde o comer una alcachofa nos ayudarán a familiarizarnos con ella.

  • Amargor: para nuestro juego podemos usar un poco de ajenjo, que encontraremos en cualquier herboristería. El amargor también puede estar presente tanto en tintos como blancos o rosados.
  • Dulzor: unos simples granos de azúcar son suficientes para obtener esta sensación, aunque podemos jugar también a morder una uva pasa para familiarizarnos con el sabor de la fruta pasificada y, por ende, de algunos vinos dulces, como los tradicionales vinos de Málaga.

Si probamos a ir de un sabor a otro con los ojos vendados será más divertido, ya que nos daremos cuenta de lo difícil que resulta a veces que nuestro cerebro asimile cada nueva sensación, seguramente necesitaremos de unos segundos para que nuestras papilas se acostumbren y así identificar de cuál se trata. ¿Se animan a probarlo?

    Escrito por Redacción