Que no te la den con queso
Que no te la den con queso: el mito del vino y queso explicado y las claves para un maridaje perfecto.
Seguro que te mueves como pez en el agua pidiendo un Rioja, pero… ¿sabrías qué hacer si alguien te ofrece un Salmanazar? No, no es el nombre de un villano de El Señor de los Anillos. Es, ni más ni menos, que una botella de vino de 9 litros.
Existe un extendido prejuicio sobre las botellas de vino que no tienen el tamaño estándar; que si seguro que es carísimo, que si son simple postureo y ganas de fardar. Y nada más lejos de la realidad; detrás de esos envases hay más ciencia de la que parece.
El tamaño de tu botella de vino importa más de lo que te crees. Hay varias teorías, la más romántica habla de los antiguos maestros vidrieros. Antiguamente, las botellas se hacían a soplido y la capacidad pulmonar media de un vidriero daba para lo que daba. Si el soplador tenía un buen día, podías llenar tu copa un poco más.
Otra teoría, quizá la más cercana a la realidad, es la mezcla de tradición comercial y logística del siglo XIX. Los 750 ml permitían que 6 botellas sumaran un galón imperial, facilitando las cuentas en las barricas de 225 litros. Es el volumen exacto para servir 6 copas y que el vino evolucione con calma.

Si vas a una tienda especializada, verás que los nombres de las botellas parecen sacados del Antiguo Testamento. No sabemos por qué se pusieron tan bíblicos (realmente son nombres que aparecen en La Biblia), así que te hemos preparado una guía sencilla para no perderte y saber qué tienes ante ti y si tienes que hacer un esfuerzo para levantarla o no:
Existen algunos tamaños más con nombres igual de épicos: Baltasar (12 litros), Nabucodonosor (15 litros), Melchor o Solomon (18 litros) hasta Melchizedek (30 litros).

Llegados a este punto, te preguntarás: “vale, pero ¿merece la pena?”. Pues la ciencia dice que sí.
Piénsalo, si tu pudieras elegir dónde jubilarte, ¿elegirías una mansión o un estudio? Pues lo mismo le pasa al vino, prefiere un espacio grande y la cuestión es simple: el oxígeno. En una botella de 1’5 litros, hay el doble de líquido que, en una normal, pero el corcho es prácticamente del mismo tamaño. Eso significa que entra la misma cantidad de aire para el doble de vino; lo que, a su vez, significa que el vino se oxida mucho más lento.
Además, al ser el cristal más grueso, también protege el vino de los cambios de temperatura y de la luz, dos de sus grandes enemigos.
¿Y de dinero? En vinos icónicos, el precio es razonablemente más elevado en una botella Magnum que una estándar. Estas pagando la exclusividad sí, pero también un vino que evoluciona mejor y que podrás guardar durante más tiempo.
Que no te la den con queso: el mito del vino y queso explicado y las claves para un maridaje perfecto.
Cómo han cambiado las tendencias en la cata de vinos y por qué la vista ya no define su calidad.
Cinco planes de enoturismo para celebrar el Día del Padre: experiencias en bodegas de España según su personalidad.