Después de Parker II

4 November 2025

En este segundo capítulo comento mi encuentro con Robert Parker y, ampliando la información anterior, quiénes fueron las personas que influyeron en el gurú cuando emprende la aventura de Wine Advocate.

Mi fugaz encuentro con Parker

La mejor pluma que se estilaba en los años de mi bachillerato era la Parker. Hoy luce en el firmamento del vino otra pluma Parker -no precisamente estilográfica- cuyas puntuaciones hacen temblar al más pintado de los bodegueros. Le conocí personalmente en el congreso Wine Future, que se celebró en la Rioja en el 2009. Iba a dar una cata magistral de tintos españoles de garnacha. Cuando llegué a la sala para participar también como ponente, alguien me dice que Parker quería hablar conmigo. No hablo inglés, pero nos entendimos en francés.

Robert Parker.
Robert Parker.

Sabía más o menos la trayectoria de la Guía Peñín y me dijo: “De vez en cuando me pongo al día de los vinos españoles con tu guía, te felicito”. No sé si fue un cumplido, pero no tardé en hacerle la tópica pregunta acerca del “vino Parker” corpóreo, de color y graduación intensos y fruta compotada como si fuera la identificación americana de los buenos vinos

“Es una tontería -afirmó- si alguien tuviera el tiempo para ver mis puntuaciones, muchos vinos de estas características aparecen con puntuaciones mucho más modestas. Soy un hijo de la cultura francesa del vino. He viajado por Francia en innumerables ocasiones, incluso antes de dedicarme al vino”. 

Según me dijo, nunca le interesó crear una imagen personal. El propio nombre tiende a proyectar un retrato contrario. Con el tiempo y su actividad personal fue derivando hacia el nombre del responsable, que era él, empalideciendo la cabecera Wine Advocate, nombre inicial del proyecto. Los lectores tienden a personificar el mensaje, más que si procede de una cabecera generalista. Recuerdo en una ocasión antes de conocerle, en que le quise invitar a una cata en el Bulli de los Mejores de la Guía en 2004 a gastos pagados y dietas, incluyendo una cena memorable. En un principio aceptó, pero después nos dijo que su mujer no quería que se desplazara por su estado de salud. Sabía que el gancho del Bulli sería crucial, pero ni por esas. Nos dio toda clase de excusas y que perdonáramos este cambio con amabilidad.

¿Vino Parker o Vino Rolland?

Al hilo de la creencia de que Parker puntúa más alto los vinos potentes y concentrados, gran número de elaboradores, sobre todo los bordeleses, cambiaron el modelo de sus vinos para acercarlos al supuestamente “vino Parker” identificándolo así por los críticos contrarios al personaje que no eran pocos. En realidad, el de Baltimore puntuaba con fruición estos vinos con más peso, más sabrosos, potentes y fácilmente evaluables para el consumidor americano que, con una escasa cultura vinícola, les gustaban más los sabores intensos y contundentes en los productos gastronómicos que la elegancia y ligereza de un borgoña. Vinos con una graduación alcohólica mayor en oposición de los chiantis baratos, los winecoolers o los lambruscos californianos que entonces inundaban la oferta yanki.

Sin embargo, este modelo no lo “diseñó” Parker sino Michel Rolland, porque no hay que olvidar que en 1986 Michel viaja a California, a las Bodegas Simi, y comienza a asesorarles sobre la conveniencia de lograr la maduración total del hollejo, que permitía macerarlos sin temor y olvidarse del modelo francés que, hasta entonces, imperaba en California, de graduaciones no superiores a 12º y sensaciones herbáceas que comprobé cuando visité Napa y Sonoma un año antes. Rolland creció a los pechos de Emile Peynaud, promotor de retardar algo más las vendimias. 

Este novedoso modelo fue todo un éxito que se trasladó a gran número de bodegas californianas.

Michel Rolland.
Michel Rolland.

Por otro lado, los bordeleses, escaldados por el fracaso de sus vinos en la célebre cata del Juicio de París de 1976, querían evitar el tradicional burdeos y acercarse más a los vinos con “pegada”. Tampoco hay que olvidar que su boletín Wine Advocate contaba con el mayor número de suscriptores en los EE. UU. y, por lo tanto, en dicha publicación se contabilizaban más marcas americanas que las de importación porque Parker pensaba más en el consumidor americano que en los del resto del mundo. Todo ello no impedía que muchas marcas mediocres de perfil corpóreo, que se le atribuían a Parker como preferentes, las evaluase muy bajo o las eliminase. Años más tarde, otras marcas más sutiles las calificaba mejor. Tanto, que algunos bodegueros (con la eterna manía de etiquetar a los críticos a la primera de cambio) sospechaban que el americano se ha había ido al otro bando. Y es que no hay prestigio que no esté empañado de polémica.

Parker, el influenciado antes de ser influyente

En los primeros años de reinado del gurú, además de Ralph Nader, por su condición de jurista que cito en el capítulo anterior, Robert Finigan tuvo una gran influencia en Parker. El más famoso crítico de vinos americano de la década de los 70, fue el que inspiró a Parker por su crítica independiente y orientada al consumidor

Robert Finigan’s Private Guide to Wines.
Robert Finigan’s Private Guide to Wines.

Su publicación mensual Robert Finigan’s Private Guide to Wines proyectaba ese mensaje con un lenguaje fácil y muy directo y con una evaluación estándar de los vinos muy comprensible, calificando con las categorías de “excepcional”, “por encima del promedio” y “por debajo del promedio”. Este tipo de valoración Parker la convirtió en puntos con su amigo Victor Morgenroth apoyando esta fórmula, basándose en la calificación escolar americana para que la gente lo entendiera mejor. Es cierto que cuando Finigan dijo que la cosecha 1982 era demasiado alcohólica y con escasa expresión bordelesa, comenzó su declive al impugnar la valoración de Parker, que la encumbró, quizá excesivamente, probándolo en barrica en Burdeos. 

En los últimos años de su trabajo desestimó el fenómeno del “Primeur”, o probar los vinos recién salidos de la barrica, al no responder por su crudeza y precocidad las características de la cosecha.  Otro personaje en el que también se inspiró fue, Robert Lawrence Balzer, que fue uno de los primeros periodistas del vino en los EE. UU. Nacido en 1912, a finales de los años 40 publicó Los Mejores Vinos de California y en 1963 escribió su primer artículo en el dominical del The Times. Un personaje carismático y extravagante, pero su veteranía en el periodismo del vino hizo que Parker tomase buena nota.

Resumiendo, deduzco que, a partir del año 2000, la revolución de controversias, la mayoría de las críticas infundadas como ser el autor de un modelo de vino, el excesivo comportamiento comercial de las bodegas en la utilización de sus puntos, la soledad de sus catas personales debido al descomunal tamaño de su influencia al no poder probar personalmente todas las marcas y la relativa confianza con los colaboradores, propició su huida de este maremágnum que no podía prever cuando en 1984 se entregó a tiempo completo a su Wine Advocate, imponiendo su disciplina, evitar en lo posible la relación con las bodegas y viajar gratis financiado por las bodegas e instituciones del vino. Por otro lado, en los últimos años de su trayectoria personal, tengo la impresión de que su mujer Patricia más o menos le ataba en corto por su frágil salud y el apego a las comidas generosas.

En la historia del vino no ha habido ningún comunicador en el mundo como Parker que haya influido tanto en la compra de vinos, eso lo sabemos todos. Su figura traspasó el ámbito vinícola, con distinciones incluso a nivel de Estado. Es difícil encontrar un personaje tan encumbrado que no se haya aprovechado de su prestigio o haya transmitido su ego. Robert Parker es la excepción.

    Escrito por Jose Peñín

    Uno de los escritores de vinos más prolífico de habla hispana y más conocido a nivel nacional e internacional. Decano en nuestro país en materia vitivinícola, en 1990 creó la “Guía Peñín” como referente más influyente en el comercio internacional y la más consultada a nivel mundial sobre vinos españoles.