La Rioja en dos fechas: 1925 - 1980
José Peñín analiza cómo 1925 y 1980 marcaron la evolución y diversidad de la D.O. Rioja, la denominación pionera de España.
Pocos asuntos se encuentran entre la aversión al método y el uso del mismo. Me refiero a los que rechazan el método de los puntos en los vinos públicamente, pero al final lo utilizan en la “intimidad” por aquello que nadie desvela sus fuentes. No existe otro método que sintetice la calidad del vino que el número.
En mis primeros años de profesión era fácil evaluarlos con la simple descripción del vino, ya que los escasos mejores sobresalían entre los abundantes mediocres y malos, así que bastaba con utilizar los adjetivos.
Más tarde, cuando la calidad del vino español inicia una imparable ascensión, me encuentro con la dificultad de hallar las palabras que pudieran transmitir la diferencia de matices entre vinos semejantes.
Con cierto rubor, por lo que de prosaico y matemático que me pudiera parecer, me puse a puntuarlos vinos en 1980 del 1 al 10, como si fueran alumnos de una escuela. La cata orillaba lo subjetivo y lo emocional para convertirse en un examen implacable. En aquellos años yo fui el primero en España en utilizar esta práctica del cero al diez, pues tanto los británicos como los franceses, a lo más que se arriesgaban era a evaluar por iconos (estrellas, medallas, copas, botellas, etc.).
El símil boxístico viene a colación de la importancia de las puntuaciones de las Guías, críticos y revistas especializadas para llamar la atención del comprador de vinos, ya sea particular o profesional. Los puntos son la referencia más rápida y cómoda para tener una idea aproximada de la magnitud de un vino. Es heredera de las medallas que se daban a los vinos desde mediados del siglo XIX. En los salones Peñín por todo el mundo, la atracción por los puntajes es total.
Si tuviéramos que prescindir de los puntos no habría otra opción que contar más cosas del vino y de sus autores.
Ni siquiera la descripción del vino es suficiente, pues es muy parecida entre muchas marcas y, por lo tanto, la puntuación permite orientar al comprador.
Por otro lado, es muy difícil trasladar al papel las sensaciones de lo que se cata, abusando de los términos subjetivos con un intento de que el lector conozca las características del vino sin probarlo: huele a manzana verde, a pétalos de violetas o a lavanda. El parecido sensorial a algo es el refugio de muchos catadores cuando los términos objetivos (potente, ligero, equilibrado, etc.,) apenas sobrepasan las 4 o 5 palabras y, por eso hay que “llenar” el espacio de características. Sobre esto ya escribí en 2021 en mi blog referido a los excesos de lo subjetivo.
Fue un día del año 1981 cuando llegó a mis manos un periódico norteamericano de vinos, tamaño tabloide y en blanco y negro, de nombre Wine Spectator, en donde aparecía un número a la izquierda de la marca con puntuación de 0 a 20 puntos, como aún mantiene en solitario la escritora Jancis Robinson. Tardé algunos días en saber que era la puntuación del vino.
Cuando fundé la Guía Peñín mi propósito era crear un vademécum de marcas y puntuaciones al servicio del consumidor, que sirviera para separar el “grano de la paja” ante el cúmulo de nuevas marcas que iban apareciendo desde la segunda mitad de los Ochenta. Y que cada cual eligiera el “grano” que más le guste pero que no me siguiera a pies juntillas.
Yo mismo, si viajo al extranjero y me encuentro un escaparate de vinos desconocidos para mí, me tiraré hacia el que tiene una medalla de un concurso o puntuación del crítico, aunque no conozca su nivel sensorial. Un elemento que me sirve de referencia. Lo mismo hago cuando quiero ver una película o una serie de televisión.
En los vinos lo importante es ver si hay coherencia o proporcionalidad en los puntos de la guía o del crítico. Si dos comunicadores puntúan diferente el mismo vino, lo importante es que cada uno sea coherente con el resto de sus respectivas evaluaciones y menos que no sean iguales.
De cualquier modo, en la mayoría de los casos, las diferencias entre ambas no pasarán de dos puntos refiriéndome, claro está, a las publicaciones más prestigiosas.
La mayoría de los críticos y guías de vinos mundiales evalúan según el modelo Parker (50-100). Algunos se resisten, como la guía italiana Gambero Rosso, que puntúa con los “bicchieri” que traducido un tanto informalmente quiere decir “copas”; la veterana Hachette du Vins con estrellas e, incluso en este año, la Michelín en los vinos calificará con racimos en vez de estrellas de su icónica guía de restaurantes. Otros como la Guide Bettane & Desseauve hace unos años pasó de la puntuación entre 1 y 20 puntos a la americana de 100.
A medida que se va imponiendo la cultura de la crítica evaluativa, va disminuyendo el interés por un conocimiento más profundo e intelectual del vino, pese a haber sido el primer periodista español en puntuar las marcas. Apenas quedamos unos pocos para transmitir enocultura a través de los reportajes, historia, opinión, antropología y sociología del vino.
Por mi vocación en la investigación vitivinícola, y mis ansias de enseñar esta cultura a través del reportaje, me he sentido más escritor que censor. Es cierto que la crítica de vinos con puntuación es una práctica que algunos periodistas han evitado ante la posible presión del editor, por el peligro de perder publicidad de alguna marca afectada. Cuando fundé la revista Bouquet en el año 1980 había un interés muy especial y novedoso sobre la cultura del vino y las zonas vitivinícolas. Incluso era una auténtica audacia que una publicación divulgativa se dedicara al vino. “¿Hay tanto que decir sobre el vino?” comentaban algunos. La curiosidad en todos los órdenes, ya sea político o erótico, que durante el Régimen de Franco se reprimió, se extendió también a la gastronomía en prensa que aquellos años comenzaba a emerger.
José Peñín analiza cómo 1925 y 1980 marcaron la evolución y diversidad de la D.O. Rioja, la denominación pionera de España.
José Peñín analiza cómo la globalización, la enología moderna y el cambio climático están diluyendo la identidad de las regiones vitivinícolas.
Un pequeño recorrido de la carrera de Robert Parker.