El oeste desconocido de Gredos

15 July 2025

Cuando nos hablan de los vinos de Gredos pensamos en las garnachas y albillos de la parte oriental de la cordillera: San Martín de Valdeiglesias, Cebreros y norte de Méntrida. Sin embargo, el lado oeste es el Gredos inexplorado en donde habitan climas y microclimas muy interesantes. Allí se asentó Enrique Menasalvas con sus rufetes e ilusiones.

Habiendo recorrido todos los viñedos de España, hoy me seducen los escenarios vitivinícolas más ocultos, alejados de los caminos trillados de las zonas famosas. Yo mismo fui el primero que habló del esplendoroso futuro de los vinos de San Martín y Cebreros en los años 80.  Eran tiempos en los que sus graneles se llevaban en cisternas a otros confines.

Hervás, en las estribaciones del oeste de Gredos, con una pluviometría casi gallega, suelos más diversos, y una viticultura ancestral con algunas variedades desconocidas, cuenta con los mismos suelos graníticos de este macizo montañoso. Un lugar que sería el último imaginable para ver viñas. Ya sé que toda España era un viñedo en el último tercio del siglo XIX, pero hoy en este territorio aparece una excepción que se llama Gaia. Enrique Menasalvas, su dueño, se fue al Valle de Ambroz a construir su sueño de la viña y el vino. Hervás es una localidad al norte de Cáceres en la frontera con Salamanca desde donde se puede ver un Gredos nevado en pleno mes de junio.

Antes que nada, uno de los territorios vitícolas más interesantes de Europa es la Raya, las comarcas fronterizas con Portugal, que va desde Galicia hasta Cáceres, zonas obviamente sometidas en el pasado a enfrentamientos bélicos y, por lo tanto, como tierra de nadie, siempre han sido las más despobladas.

Viticultor de Bodegas Gaia.Viticultor de Bodegas Gaia.

Mientras que la Extremadura del sur ha mirado más a la Mancha por la rentabilidad de su granel, la Extremadura del norte ha intimado más con Portugal, en donde el trabajo de las familias del vino ha sido más relevante, más apegado al terroir. El Valle de Ambroz cuenta con un paisaje más frondoso junto al Valle de Jerte, la Sierra de Béjar, la historia de Las Hurdes y la Sierra de Gata, en donde, hasta ahora, cualquier emprendimiento fue más rentable que el vino. 

De hecho, todavía el viñedo superviviente sigue siendo residual. Lejos queda el pasado ganadero con la industria lanar que concibieron los célebres paños de Béjar y hoy con su floreciente negocio del turismo rural. En este gremio Enrique se ha ganado la vida durante 10 años con su empresa de hoteles rurales Wine Tour Madrid que, embebido por uno de los parajes silvestres de turismo interior más impresionantes de Europa, creía que este negocio no era suficiente sin integrar la filosofía de la viña y el vino

Enrique Menasalvas comulgó con la ética de la tierra y su riqueza agrícola cuando en 2011, de manera consciente, comienza a elaborar vinos en una casa en Robledillo de Gata. “Me dio por el vino porque veo que es una forma de socializar este oficio, cuando veía a los abuelos yendo de bodega en bodega comiendo embutidos y hablando de los vinos. Me encantaba contemplar las bodegas antiguas de consumo familiar y así comienzo a elaborar la primera añada. Vivir este proyecto que tiene que ver con los misterios de la tierra y con las veleidades del cielo, es sentirse como un druida en la vieja cultura del vino; eso sí, sometido a los demonios de la burocracia y el clima que dicta la cosecha o la destruye por sus excesos. Uno de los placeres de mi vida es trabajar solo en el monte, arropado por su belleza que me da fuerzas para soportar tempestades y el fuego solar que se sufre en la vendimia. Otro placer es recuperar fincas abandonadas. Este proyecto es una excusa para ganarme la vida en lo que me gusta. En ese amor por el campo, me gusta la historia campesina de Castilla y también recuperar casas antiguas. Mi bodega es de una edificación rural del siglo XVII” sita en la calle Bodeguillas 2, un estrecho recodo de Hervás, como un recuerdo a los quehaceres vinícolas de ayer. 

Su vocación por el vino

Aunque su experiencia como experto en paisajes de enoturismo es sólida, Menasalvas no es un advenedizo en el mundo del vino. Conoce el patrimonio vitícola español, además de haberse capacitado como Técnico Superior de Vitivinicultura en la Escuela de la Vid, titulándose después en el nivel 3 de WSET.

“En Bodegas Gaia, cultivo cinco parcelas de viñas muy viejas ubicadas en tres pagos con diferentes altitudes y orientaciones: el Regajo, la Hoya y la Somadilla”.

Enrique se siente a gusto fuera de la dictadura de las D.O. Para él es un orgullo y una obligación moral vender el vino a pie de bodega. Pero también es necesario proyectar el vino de un modo global sin perder de vista lo que se hace en el Nuevo Mundo o Europa. Posee un discurso inteligente, culto, que le viene de sus padres a los que humildemente los define como culturetas. Sus textos asidos en cada botella definen más los entornos naturales de sus vinos que la simple descripción de sus características.

Se identifica en su labor emocional con una especie de club de vinos, por donde puede comunicarse directamente con el aficionado suscrito, el cual se compromete con una compra anual, obteniendo sus beneficios correspondientes. Necesita el dictamen del último eslabón de la cadena, como es el propio consumidor. La frase “guardianes del viñedo” aparece como lema de su club de vino, inspirándose en la misma idea que el viñador Julio Prieto hace con sus vinos en Aragón. No obstante, para horadar otros mercados más lejanos cuenta con Francisco Pacheco, distribuidor en Cáceres de vinos de gama media y alta, que apuesta por el proyecto.

Imagen de los viñedos de Bodegas Gaia, trabajados por viticultores y caballos.Imagen de los viñedos de Bodegas Gaia, trabajados por viticultores y caballos.

¿A qué saben sus vinos?

Ni que decir tiene que Enrique trabaja lo ecológico porque casi se lo pide el paisaje. Podéis ver su obra en el enlace https://bodegasgaia.com.

La Naturaleza se impone sobre el cultivo humano en donde las vides dispersas, de retrato medieval, parecen fundirse con el olivo y el matorral silvestre. En el Valle de Ambroz, fronterizo con la Sierra de Salamanca, manda la variedad rufete, que en esta zona denominaban “tinta antigua” Esta vinífera posee ese regusto del vino rural del pasado, con la sabiduría enológica de hoy. Como corresponde a viñedos viejos, tanto en la Sierra de Gata como en el Valle de Ambroz, todavía se mantienen un sinfín de variedades del pasado que poblaban gran parte de la Península. 

“He localizado -señala Enrique- cepas de listán prieto, tinta de Navalcarnero, montúa, palomino, además de la rufete más mayoritaria. En Robledillo de Gata hemos encontrado rufete serrano blanco, brustiano faux del Languedoc francés, alarije, garnacha, mazuela, picapoll blanca, heben. Señala que la Sierra de Francia se dedicó a la rufete tinta y la Sierra de Gata a la rufete blanca. Esta misma variedad en la Sierra de Francia se llama verdejo Gata y en la de Gata se llama verdejo serrano. Por lo tanto, hay un cruce apasionante de sinonimias que intento investigar”. Como un homenaje a los vinos de antes, ha elaborado el clarete Nostos, a base de rufete, tempranillo, garnacha y otras uvas blancas no identificables.

Ante este cosmos vitícola, Menasalvas concreta con una reflexión:

Interior de la bodega Gaia.
Interior de la bodega Gaia.

“Me falta tener la cabeza en su sitio como la tienen Ricardo Palacios o Raúl Pérez, capaces de estar en la viña y en los aviones para vender el vino por el mundo”.  

    Escrito por Jose Peñín

    Uno de los escritores de vinos más prolífico de habla hispana y más conocido a nivel nacional e internacional. Decano en nuestro país en materia vitivinícola, en 1990 creó la “Guía Peñín” como referente más influyente en el comercio internacional y la más consultada a nivel mundial sobre vinos españoles.