El arte en las etiquetas

14 April 2026

Estás frente a una estantería, bloqueado entre cientos de nombres y regiones, hasta que, de repente, una ilustración llama tu atención. Quizá es un trazo minimalista o un color vibrante o una tipografía curiosa. Es, nada más y nada menos, amor a primera vista. Y eso es arte.

Hubo un tiempo en que las etiquetas eran sobrias, predecibles y, siendo sinceros, un poco aburridas. Eran el DNI el vino: nombre, año y poco más. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que la etiqueta ha dejado de ser un mero requisito legal para convertirse en el manifiesto de la bodega. Así que, queremos aprovechar que el próximo 15 de abril es el Día Mundial del Arte para hablar de la historia de las etiquetas desde el punto de vista estético.

A menudo asociamos el arte a esculturas de mármol o lienzos de oleos, pero olvidamos que el arte es, sobre todo, una forma de comunicación que podemos encontrar en lo objetos más cotidianos, como una botella de vino. Hoy en día, las botellas no solo contienen vino. El “arte de vestir el vino” se ha vuelto tan relevante que a veces la etiqueta nos da pistas (o nos lo cuenta directamente) sobre el alma de una zona geográfica o el espíritu de la bodega.

Detrás de cada botella, suele haber una mente creativa que decidió que el vino también se disfruta con la mirada.

Un poco de historia

Aunque hoy nos fijemos en el diseño, las etiquetas nacieron por pura necesidad de supervivencia. Porque, si lo piensas, el mundo del vino es un gran desconocido para muchos de nosotros y, muchas veces nos dejamos llevar por lo que vemos a simple vista.

Por eso, históricamente, la etiqueta se convirtió en una especie de contrato de confianza. Los viticultores marcaban sus ánforas con sellos o colgaban pequeños carteles en sus botellas para identificarlas o para que no se perdieran en los sótanos de los barcos. Con el tiempo, esa etiqueta mutó. En el siglo XVIII se generalizó el uso de botellas de vidrio y el papel entró en juego. De aquí pasamos de trozos de pergamino a un papel más elegante que hacía que el vino pareciera mejor.

Antiguamente, las botellas se identificaban con papeles donde aparecía escrito el nombre, el año y poco más.
Antiguamente, las botellas se identificaban con papeles donde aparecía escrito el nombre, el año y poco más.

En el siglo XIX, con la llegada de la litografía, se empezó a prestar más atención y los diseños se llenaron de medallas y grabados de castillos. En los años 20 y 30 del siglo XX, algunas etiquetas ya eran verdaderas joyas que no solo llamaban la atención, sino que contaban la historia detrás del vino y de la bodega y le daban personalidad.

Hoy, la etiqueta se ha convertido en una infografía emocional. Nos da la información técnica obligatoria, claro; pero también nos habla. Los colores, la tipografía o incluso la textura del papel están seleccionados cuidadosamente por los bodegueros para despertar en nosotros sentimientos o sensaciones que nos ayuden a elegir.

De Picasso a códigos QR

  • Colaboraciones de autor: el vino siempre ha seducido a los artistas y aquí tenemos un claro ejemplo. Mouton Rothschild, desde 1945, ha contado con artistas como Dalí o Picasso; o Enate, cuyas etiquetas son reproducciones de obras de arte contemporáneo. Es el mejor ejemplo de cómo vino y arte están más ligados de lo que pensamos. Y no solo pintores, diseñadores de moda o grafiteros también han intervenido en los diseños de etiquetas.
  • El arte del rebranding: a veces, para mirar al futuro hace falta “romper” con el pasado. Bodegas clásicas como Marqués de Riscal o Marqués de Murrieta han sabido adoptar su imagen sin perder su esencia, demostrando que se puede ser centenario y moderno. Cambiar para que nada cambie.
Mouton Rothschild
Mouton Rothschild
Marqués de Riscal.
Marqués de Riscal.
  • Mensajes ocultos: no hay nada más satisfactorio que encontrar un detalle oculto en el diseño. El proyecto de garnachas de Vintae tiene etiquetas muy visuales, pero si te fijas bien, siempre hay elementos visuales que te cuentan algo sobre el clima o el terruño.
  • Etiquetas interactivas: quizá aquí podríamos hablar mejor del arte de la tecnología. 19 Crimes, una bodega australiana, ha desarrollado una aplicación para escanear la botella y que los convictos protagonistas de las etiquetas te cuenten sus propios crímenes. Más cerquita, Rías Baixas usa tintas inteligentes. Cuando el vino alcanza la temperatura ideal, aparece un dibujo (un barco, un pez o el logo) que antes estaba invisible.
  • Historias para coleccionar: algunas bodegas crean “series”. Si compras una, quieres las otras 4 para coleccionar. Casa Rojo, por ejemplo, tiene una colección de etiquetas con personajes que visualmente son una novela gráfica. Los consumidores coleccionan las botellas vacías solo por su valor gráfico.
"Proyecto Garnachas" de Vintae.
"Proyecto Garnachas" de Vintae.
Selección vinos 19 Crimes.
Selección vinos 19 Crimes.

El arte siempre ha estado adaptándose a los nuevos formatos y a las nuevas generaciones. En un mundo lleno de estímulos, que una botella de vino logre detenerte y hacerte sentir algo, ya es un punto para el arte. La preocupación por la estética no es una moda pasajera y, sobre todo, no es superficialidad.

Así que, la próxima vez que te encuentres frente a una estantería y sientas un impulso por esa etiqueta tan especial, no te sientas culpable. Piensa que detrás de ese “papel” hay personas que lo han diseño para llamar tu atención.

¡Enséñanos tus etiquetas favoritas! Nosotros estaremos compartiendo por Instagram las que más nos han sorprendido y queremos que hagas lo mismo. Etiquétanos en esa etiqueta que llamó tu atención o que coleccionas en casa.

    Escrito por María Rubio, redactora