Vinos Mediterráneos: Valencia y la Inteligencia del Terruño

9 April 2026

Durante décadas, el Mediterráneo ha alimentado el cliché del vino de sol, grado y estructura monolítica. Se hablaba de Valencia como un gran granero de vino, donde pocos se detenían a mirar la identidad de sus pliegues geológicos y su identidad de terruño. De la Valencia vitícola se dice que el progreso llegó a lo bestia, lo que terminó de estropear el mapa varietal de su tierra. Lo cierto es que bajo el sello de Valencia se ha agrupado un amplísimo abanico de vinos y estilos, muchos de ellos de perfil comercial y sencillo, sin acudir al trasfondo terruñista que subyace entre los grandes productores de las zonas más emblemáticas y significativas. Era como si la generalidad no viese en las tierras de Valencia la posibilidad de hacer algo más grande.

No es así. Valencia tiene la posibilidad de aportar algo diferente al conjunto del vino buceando precisamente en sus singularidades mediterráneas. Lo estamos viviendo en los últimos años, en torno a la identidad de sus vinos. Lo vimos en primer lugar en el Priorat, con el cambio tipológico de sus vinos tintos, lo vimos en Alicante con la llegada de un rupturista Rafa Bernabé (Viñedos Culturales y Beryna), lo vimos en Jumilla con José María Vicente (Casa Castillo) y con Cerrón, y lo vimos en Manchuela de la mano de Juan Antonio Ponce. Todos estos brotes llegaron en diferentes partes del mediterráneo y Valencia, como es lógico, no se quedó al margen.

No se trata sólo de un cambio de tendencia, sino de una revolución de la identidad mediterránea protagonizada por un selecto grupo de productores y ahora también protegida por una DO Valencia que lo ha entendido como un valor para su comunidad productora.

El consumidor global ya no busca potencia y estructura sin control, busca frescura y también relato. Pero no un relato vacío basado en el postureo, sino uno real, auténtico y artesano.  

Bajo este escenario, la DOP Valencia ha apostado desde 2023 por el fortalecimiento de las Unidades Geográficas Menores en su pliego de condiciones: pueblos y parcelas.

Viñedo de Fil·loxera & Cía.
Viñedo de Fil·loxera & Cía.

"Hacerse pequeño" para ser grande

El gran acierto de la denominación ha sido entender que, para competir en la liga de la excelencia, había que dejar de hablar de "provincias" para empezar a hablar de pueblos y parcelas. La modificación de su pliego de condiciones en esta dirección, blinda y potencia las unidades menores, no como un mero trámite administrativo, sino como una apuesta clara por el valor de lo pequeño. Al poner el foco en el origen concreto, la DO permite que el viticultor deje de ser un productor anónimo para convertirse en un intérprete de su origen, como debe ser para hablar de vinos de alto poder hedonista. Se espera que próximamente Valencia anuncie nuevos cambios en esta dirección.

El Triángulo de Oro valenciano como punta de lanza

Si hay un lugar donde esta filosofía brilla con luz propia, es el que se ha calificado como el Triángulo de Oro del viñedo valenciano: el eje formado por Fontanars dels Alforins, Moixent y La Font de la Figuera.

En este enclave, situado en la subzona de Clariano, han proliferado un selecto grupo de productores cuyos trabajos han permitido poner en el mapa este entorno vinatero.

Rafael Cambra
Rafael Cambra

Rafael Cambra ha sido quizá uno de los precursores de este movimiento en Valencia, sin ser consciente de ello, ni pretenderlo. Su primera etapa (2001) se centró en elaborar vinos con variedades foráneas como cabernet sauvignon y cabernet franc, además de monastrell. En 2011 dio un cambio de rumbo y empezó a trabajar con forcalla y al año siguiente arco y bonicaire. 

Un año más tarde plantó una finca de 5,5 has en terraza, a 700 mts de altura con todas ellas (monastrell, forcalla, arco, bonicaire y rojal), Casa Sosegada, en Fontanars dels Alforins. Como él mismo reconoce “aprendimos a elaborar con uva entera vinos de menos capa y a criar los vinos con menos madera, pasando de barrica a foudre y hormigón. Quería vinos con un carácter más austero, más nítidos, más transparentes, intentado buscar la identidad de els Alforins”. 

Rafa no se cerró en banda con un discurso discriminatorio hacia las variedades foráneas, como sucede hoy en día, lo que tampoco le impidió formar parte de un movimiento de defensa de la identidad propia valenciana, en general y de Fontanars, en particular.

Rafael no fue el único, en el horizonte lejano ya se dibujaba unos años antes la figura de Pablo Calatayud (Celler del Roure) en Moixent, quien a su modo ya ofrecía una Valencia moderna con elaboraciones de alto nivel y muy acordes a la época; con madurez y crianzas dulces y sensibles, donde igualmente tenían cabida uvas como el syrah, cabernet, petit verdot pero también mandó, garnacha tintorera, monastrell, verdil o macabeo

Pablo Calatayud fue el creador de un top ventas valenciano, Les Alcusses, un vino rupturista en la zona que encajó perfectamente con el gusto del consumidor a su llegada. En La Font de la Figuera llegó hace tres años los vinos de un joven elaborador desconocido para el gran público, pero que desarrolló su trabajo en Celler del Roure. 

Javi Revert Viticultor
Javi Revert Viticultor
Pablo Calatayud (Celler del Roure)
Pablo Calatayud (Celler del Roure)

Javi Revert llegó como una exhalación con unos vinos francamente silvestres, con mucha sapidez a pesar de su estilo “ligero” y con una gran tensión. Simeta 2021 fue el Vino Revelación de la Guía Peñín 2025 por todo lo que implicaba para Valencia y los vinos mediterráneos, algo así como la culminación de una secuencia de acontecimientos productores que en la comunidad valenciana habían iniciado Rafa Bernabé, en primer lugar y Pepe Mendoza. Javi viene influido por la escuela de Casa Castillo, como muchos otros productores de nuevo cuño que han triunfado con el silvestrismo de sus vinos.

Fil·loxera & Cía. brotó con toda su energía creadora en 2011 en Fontanars. Nacía con todo el argumentario localista bajo el brazo, y lo hizo fuera de modas, como salen las cosas buenas y auténticas. Su trabajo de recuperación de variedades locales (arco, ullet de perdiu y valencí) es asombroso y su forma de acercarse a estas variedades sin artificios y con honestidad, todo un ejemplo de independencia y convicción. Sus trabajos han servido de inspiración para muchos de sus vecinos valencianos. Su gama de vinos tiene una gran aceptación entre el público más wineloverista por todo lo que subyace detrás de cada botella. Para nosotros, vinos como Bienvenidos al Extraordinario Mundo de la Mujer Caballo mitad Mujer, mitad Caballo Verde (Ullet de Perdiu) 2024, son auténticas revelaciones.

José Ramón Domenech y Pilar Esteve (Fil.oxera & Cía)
José Ramón Domenech y Pilar Esteve (Fil.oxera & Cía)

Lo que hace especial al triángulo Fontanars, Moixent, y La Font ha sido la coherencia y labor de viticultura y elaboración de sus bodegueros. Aquí, la zonificación ha servido para proteger un patrimonio que estuvo a punto de desaparecer.

El nuevo Canon Mediterráneo

La tendencia es imparable. Estamos viendo cómo los vinos valencianos, especialmente los más artesanales y los más volcados en el viñedo, están ganando posiciones en las guías y en las cartas de los mejores restaurantes por tres pilares fundamentales. En primer lugar por el acierto de apostar por uvas como la mandó, arcos o forcallat. Capaces de gestionar el estrés hídrico y que entregan alcoholes moderados y acideces más vibrantes. En segundo lugar la decisión de hacer una intervención justa en sus elaboraciones, recuperando la tradicional arcilla local y apostando por el respeto por la fruta. Y por último por hacer que la madera ya no sea protagonista, sino un discreto acompañante. Todos estos vinos contemporáneos conviven a la perfección con otros grandes ejemplos de enología y viticultura, lo que hace de Valencia una DO muy completa y plural.

El camino emprendido por las bodegas y su creciente respaldo por la DO Valencia al potenciar sus municipios y parajes es un acierto en su camino hacia la distinción. El camino ha de ser el de ofrecer vino del lugar donde se cultiva, con la conciencia de que el nombre del pueblo en la etiqueta vale tanto, o más, que la propia marca comercial. El Mediterráneo ha vuelto, pero esta vez no viene a demostrar su fuerza, sino a darnos una lección de elegancia y territorio.

    Escrito por Javier Luengo, director editorial de Peñín