Vino Mediterráneo alicantino: naturaleza en rebelión

3 July 2025

Los vinos mediterráneos están ganando fuerza en los últimos años y lo hacen precisamente reivindicando el clima que da cobijo a sus variedades autóctonas. ¡Cómo debe ser! Alejándose del efecto dominó que generó los vinos atlánticos y su influencia estilística en los últimos 15 años. Ya no es prioritario elaborar vinos afiladísimos, de acidez descollante, para poder encontrar el reconocimiento de un público entendido. Ahora el silvestrismo mediterráneo es un valor y lo celebramos, pues obedece a la identidad del terreno al trasladarnos a su paisaje en cada sorbo de vino. Y es que el vino mediterráneo tiene su propia identidad y estilo, y se está revelando para tener su propio reconocimiento.

La Comunidad Valenciana como eje de un nuevo despertar estilístico

Hasta hace poco, los vinos mediterráneos parecían vivir un reconocimiento casi aislado de la mano de las bodegas de Priorat, en mayor medida, pero también de múltiples denominaciones de origen catalanas. Sin embargo, en los últimos años han surgido varios puntos calientes en toda la franja levantina, especialmente en la Comunidad Valenciana, que nos muestran una tendencia de grupo, algo muy relevante.

Las primeras señales de este movimiento las vimos con Rafa Bernabé (2012) y su proyecto Viñedos Culturales, un precursor de los vinos de corte regionalista de la Comunidad Valenciana y también de estilos menos ortodoxos. Rafa llegó antes de tiempo, lo que le impidió ser comprendido como realmente merecía y lo que es más importante, impidió que su mensaje calara mucho más hondo de lo que lo hizo. Con todo, él dejó la semilla que ya vemos florecer en esta comunidad autónoma.  

Los vimos también con Rafael Cambra, otro precursor en la zona de Valencia, que pasó desapercibido por ser un ente aparentemente aislado. Y lo volvimos a ver con proyectos tan transgresores como los que desarrollan Pilar Esteve y José Ramón Domenech en Fontanars dels Alforins, Fil.loxera & Cía (DO Valencia) o con los nuevos embotellados de un cirujano del viñedo y de los vinos sutiles como Javi Revert, en La Font de la Figuera, Valencia, ganador del premio Vino Revelación Guía Peñín 2025 con su vino Simeta 2021.

Ya no son hechos aislados. Pepe Mendoza hizo lo propio en el año 2020, cuando nos sorprendió con su Pepe Mendoza Giró de Abargues 2019, también Vino Revelación, reivindicando precisamente el vino silvestre mediterráneo. Todos estos puntos calientes revelan una tendencia, el auge de unos vinos mediterráneos de corte artesano, localista y de su folclore vinícola.  

Colección Toneles Centenarios y el camino hacia el silvestrismo alicantino

Este año pudimos recorrer dos proyectos que siguen la senda de estas micro-localizaciones embotelladas. El primero es el que desarrollan David Carbonell, José Ferrero y Regino Ballester en La Cayanda, Alicante y que lleva por nombre Colección de Toneles Centenarios. Es un proyecto que nació en 2019 con el objetivo inicial de dar a conocer la excepcional reserva de fondillones familiares que atesoraba la familia Ferrero.  

Colección de Toneles Centenarios dio la campanada en la Guía Peñín en el año 2020, cuando catamos su fondillón Luis XIV (Tonel Saboners) con 96 puntos y terminó de conquistarnos con el descomunal Fondillón Luis XIV 50 años (Tonel Luna), 99 puntos en la Guía Peñín 2023, marcando la puntuación más alta alcanzada nunca antes por un fondillón alicantino.

Tinajas de barro de Toneles Centenarios.Tinajas de barro de Toneles Centenarios.

De forma natural la bodega amplió su catálogo hacia vinos blancos y tintos en los que dar rienda suelta a esa exaltación de lo local y propio que recorre muchos de los rincones productores de España.

Este proyecto, aún incipiente si tenemos en cuenta los lentos procesos del vino, empezó la elaboración de vinos tranquilos en 2021, siguiendo las directrices tradicionales de elaborar en tinaja de barro y recurriendo a un amplio abanico de variedades locales como la monastrell, la giró, arcos, bonicaire, bobal o forcallat en tintas y merseguera, verdil, moscatel y tortosí en blancos. El estilo de sus vinos coquetea con la madurez atemperada de su clima mediterráneo y profundiza en el silvestrismo de las hierbas aromáticas locales, todo ello acompañado de fruta roja madura en el caso de los tintos, donde buscan encontrar una jugosidad que genere un consumo muy disfrutón.

David Carbonell, José Ferrero y Ana Molina junto a algunos toneles emblemáticos.
David Carbonell, José Ferrero y Ana Molina junto a algunos toneles emblemáticos.
David Carbonell y Ana Molina.
David Carbonell y Ana Molina.
Vinos de Toneles Centenarios.
Vinos de Toneles Centenarios.

El viñedo de esta bodega se concentra en las inmediaciones de La Cañada, unas viñas que se encuentran a 600 metros de altitud y que están separados del mar por 70 kilómetros de tierra. Se trata de unas viñas ubicadas en un corredor natural formado por la disposición este-oeste de varias sierras pertenecientes a la Cordillera Prebética, como la Sierra de Mariola, Sierra Benicadell, Sierra de Aitana, Sierra de Agullent y Sierra de Enguera, que canalizan la brisa del mar empujada por el viento de levante. Esa ruta entre montañas traslada la humedad y el frescor marino al lugar donde se encuentran el viñedo. 

Cuentan con suelos con un alto contenido en caliza activa, lo que puede verse en el poco vigor de las plantas. Todo esto actúa como un bloque, haciendo que sus vinos gocen de una excelente tensión caliza que contrasta con el lado más maduro y mediterráneo del vino.

El nuevo horizonte de Casa Balaguer

A escasos tres kilómetros de distancia en línea recta fuimos a visitar la bodega Casa Balaguer, proyecto familiar de Andrés Carull y Marta Ribera. Al igual que sucede con Toneles Centenarios, esta bodega posee una filosofía de aproximación a su origen desde el frente de lo autóctono (arcos, valencí, tortosí, verdil, garnacha peluda y monastrell) y con un cuidado de la viña en biodinámico, a la vez que coquetean con las elaboraciones poco intervencionistas, pero trabajadas con pulcritud y técnica.

Estos jóvenes, tercera generación de viticultores, empezaron su andadura en 2008 con más de 13 hectáreas en el Parque Natural de Las Lagunas de la Mata. En 2017 les llama Rafa Bernabé para decirles que ellos mismos van a comprar su antigua bodega: Casa Balaguer. 

“No era una pregunta, era una afirmación, así es Rafa” afirma Andrés, “por lo que tuve que aceptar”, dice entre risas.

Es en enero de 2018 cuando se hacen cargo de la finca y cuando empiezan a desarrollar su proyecto hasta convertirlo en lo que es hoy. Se trata de 30 hectáreas de viña y 10 de olivar en Villena, con una casa y una nave de elaboración de grandes dimensiones. En todo este tiempo sus propietarios han iniciado un profundo trabajo de asimilación y conocimiento de lo que tenían entre las manos, profundizando en el estudio de sus suelos para afrontar una redefinición de sus viñas, re-injertando variedades más apropiadas para el lugar donde se encuentran. El proyecto despliega autenticidad, primero por las personas que lo desarrollan y, en segundo lugar y más importante, por los vinos que están empezando a desarrollar, donde crecen los matices silvestres que tanto nos han gustado en los vinos mediterráneos más locales.

El re-injerto de uvas mediterráneas locales y la plantación de nuevas viñas en suelos altamente calizos ha dado un nuevo impulso a esta bodega en manos de una familia que cuenta con la sensibilidad de querer hacer vinos que acerquen su paraje al consumidor. Las nuevas añadas de sus vinos van este camino y su futuro se plantea prometedor.

Andrés Carull en una de sus nuevas plantaciones.Andrés Carull en una de sus nuevas plantaciones.

La Comunidad Valenciana encierra a día de hoy infinidad de puntos calientes en la elaboración de vinos auténticos, artesanales y muy mediterráneos. Ya no son focos aislados, sino que son ya una tendencia que va sumando nuevos protagonistas. El futuro de este rincón productor sea de la denominación que sea, es prometedor. Los vinos mediterráneos están dando un salto muy trascendente y en Guía Peñín estamos ahí para contároslo.

    Escrito por Javier Luengo, director editorial de Peñín