Vinos dulces: mucho más que un postre
¿Crees que el vino dulce es solo para el postre? Aprende cómo se elaboran y cómo disfrutarlos como un experto.
Si tu primer pensamiento al leer el título ha sido: “con postre” o “solo”, ¡bienvenido!, estás en el lugar perfecto, pero con matices. Esa idea de que el dulce solo sale a la mesa cuando ya estamos pidiendo la cuenta está pasada de moda; por eso hoy hemos venido a reivindicar su papel en cualquier momento de la comida, porque siendo sinceros, esperar al postre para disfrutar de estos vinos también nos puede hacer perder el tiempo.
Estamos educados en el maridaje por afinidad que busca la armonía de los sabores haciendo incidencia en matices que puedes encontrar tanto en el alimento como el vino seleccionado. Por eso asociamos los vinos dulces a los postres, porque casan a la perfección.
Pero ¿has escuchado alguna vez eso de que “los polos opuestos se atraen”? Nunca tuvo tanto sentido como ahora. El maridaje dulce te permite jugar con el arte del contraste de extremo a extremo, y para dominarlo solo necesitas entender estas 4 reglas básicas:
Llegados a este punto te invitamos a olvidar todo lo que te han enseñado o has escuchado. El maridaje más emocionante ocurre cuando te atreves a enfrentar sabores que, aparentemente, no tendrían por qué funcionar. ¡Verás que sorpresa!
Sí, dulce con dulce siempre será un acierto, pero te proponemos otras combinaciones que quizá, a priori, no te habías planteado pero que funcionan igual de bien.
Pedro Ximénez con queso roquefort: un clásico que nunca falla. El contraste entre la salinidad y potencia de un queso azul y la dulzura del vino es pura armonía.
Un fondillón con frutos secos: son los aliados perfectos para potenciar el sabor de nueces, avellanas o almendras.
Moscatel ligero y semidulce con aperitivo salado: la salinidad de unas aceitunas o unos berberechos unido a una dulzura floral y suave del moscatel pueden abrirte un nuevo mundo.
PX o Cream con foie: es el equilibrio en estado puro. La untuosidad grasa del foie y la complejidad del vino son un clásico gastronómico.
¿Sigues aquí? Eso es porque te gusta el riesgo o porque te pica la curiosidad. Sea como sea, aquí tienes otras combinaciones que son una auténtica locura. O no.
Tinto dulce (Oporto) y chocolate negro con sal. El clásico renovado. El toque salino hace que la fruta del vino se sienta mucho más en la boca.
Vino de hielo y kimchi (o fermentos picantes): el kimchi es una bomba de relojería: ácido, picante y fuerte. El vino de hielo tiene una acidez tan alta que "limpia" la lengua de la fermentación del kimchi, permitiéndote volver a saborear cada bocado sin que te arda la boca.
Sauternes (o dulce botritizado) + alcachofas confitadas: La alcachofa es el enemigo público nº1 del vino porque tiene cinarina, que hace que todo sepa metálico o dulzón. Si la alcachofa se prepara bien, un sauternes puede ser la solución a todos tus problemas.
Te hemos dado las reglas y te hemos retado con combinaciones que parecen imposibles. Ahora la pelota está en tu tejado. El mundo del vino dulce es demasiado rico, complejo y divertido como para dejarlo encerrado en el momento del postre.
La próxima vez que pidas una pizza, abras una bolsa de patatas o te atrevas con unos boquerones descorcha ese dulce que tienes guardado "para una ocasión especial". Porque la ocasión especial es hoy y el maridaje perfecto es el que tú decidas probar.
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