Ejemplo práctico: suele ser el vino ideal para llevar a una cena donde no conoces los gustos de los invitados. Le gusta al que sabe de vino y al que no, porque no satura el paladar y se bebe con mucha facilidad.
4. Vino frutal: Es el triunfo de los aromas primarios (los que vienen directamente de la uva) sobre el resto; olerlo es como estar en una frutería. Un vino que prioritariamente sabe y huele a fruta de verdad (manzana, melocotón en los blancos; fresas, moras en los tintos), aunque pueda tener más cosas en un segundo plano.
Ejemplo práctico: perfil muy interesante para el verano pues abres una botella a la hora del aperitivo y, antes de dar el primer trago, te llega una explosión limpia de fruta fresca recién cortada.
5. Vino atlántico: Un término muy de moda que a veces confunde. En verano buscamos frescura, y los vinos de zonas de influencia atlántica huelen literalmente a verano: piedra mojada, a brisa marina o a salinidad. Este término suele aplicar a vinos con alta acidez, vinos afilados, habitualmente finos y que entran en boca como una flecha.
Ejemplo práctico: das un sorbo a tu copa y, en lugar de saber a macedonia, te transporta directamente al norte de España. Tienen un toque salino al final que te incita a seguir bebiendo.
Otros términos menos ortodoxos pero fáciles de entender