Cómo maridar con vinos dulces
Descubre el arte del maridaje por contraste. Reglas básicas para combinar dulces con salados, grasos y picantes.
Los días son más largos, empieza el buen tiempo, las terrazas se llenan y también han llegado los estornudos haciendo que el pañuelo de papel se convierta en tu acompañante infalible. Todo esto solo puede significar una cosa: la primavera. Más allá de los ojos hinchados, la astenia y los cambios de tiempo, la primavera trae consigo algo que nos encanta: las flores.
Seguro que más de una vez has metido la nariz en una copa y has pensado: “esto me huele a flores”; pero te has quedado ahí sin saber si eran rosas, jazmines o manzanilla. Las uvas tienen su propio lenguaje floral; desde el azahar del Mediterráneo hasta las violetas más elegantes en un tinto joven. Hoy dejamos a un lado los aromas a madera y cuero, para centrarnos en lo más primario: la flor.
Una de las preguntas más repetidas es: ¿pero le han echado flores al vino? La respuesta es un no rotundo. Todo lo que hueles estaba ya en la uva o se ha liberado durante la fermentación.
Aromas primarios: son los que vienen de la propia uva, de su piel y de la variedad. En este caso son los terpenos (compuestos orgánicos naturales responsables del aroma, sabor y color de muchas plantas, flores y frutos). Son los responsables de que una moscatel huela a jazmín o una gewürztraminer a rosas. El linanool, en concreto, es un terpeno que está presente tanto en la lavanda como en algunas variedades de uva blanca. Tu cerebro no te engaña, ¡es que huelen a lo mismo!
La fermentación como altavoz: a veces estos aromas están “escondidos” en la uva y solo aparecen cuando las levaduras hacen su trabajo durante la fermentación, liberando esos perfumes que estaban atrapados en la piel del fruto.
En el vino, como en la naturaleza en general, el color nos da pequeñas pistas de lo que vamos a encontrar. En el caso de las flores, no es lo mismo el perfume sutil de una margarita que la intensidad de una rosa roja.
Ahora que ya te sabes la teoría, viene la parte divertida. Los aromas florales son de los más volátiles y delicados del vino. Si quieres que salten de la copa a tu nariz, sigue estas tres reglas de oro:
Ya has visto que la primavera no solo se siente en las terrazas; también se siente en tu nariz (y ya sabemos que no hablamos de la alergia). Tu copa de vino es un jardín, solo tienes que prestar atención para descubrir en cuál te apetece pasear hoy. ¿Te atreves a buscar tu primera violeta?
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