¿Por qué nos atrae tanto la novedad en el vino?

15 October 2026

Los lugares inexplorados, cuando te acercas a ellos por primera vez, suelen traer consigo sentimientos de emoción y aventura. Lo vemos claro cuando viajamos a algún lugar exótico y desconocido, donde el viaje se plantea como una experiencia sensorial trepidante e impredecible. Solo un día de emociones dominadas por lo desconocido nos parece como una semana de vida monótona y monocorde.

A los profesionales del vino nos sucede algo parecido cuando vemos una botella desconocida. Sentimos un hormigueo y, con él, la necesidad de descifrar qué hay detrás de esa misteriosa etiqueta. Muchos productores de toda la vida se frustran por esta obsesión por la novedad, porque a nivel mediático parece darse más pábulo a lo novedoso que a lo de toda la vida. No les falta razón, pero todo esto tiene una explicación científica. Las grandes tecnológicas que dominan el mercado de las redes sociales lo saben muy bien: utilizan la novedad para atraparnos en espacios de microsegundos empaquetados, constantes e inacabables. El famoso scroll infinito.

A nivel periodístico es más fácil hablar de un nuevo proyecto que del vino de siempre. ¿Por qué? Primordialmente porque el lector quiere estar al día de las novedades, igual que ocurre en otros sectores como la industria musical o la textil. Eso no significa que, como consumidores, no tengamos vinos o marcas de bodegas recurrentes. Los valores refugio en el mundo del vino siguen vigentes y cada winelover tiene los suyos propios.

Sucede también entre los profesionales, y aquí añado el adjetivo de «algunos», ya que no a todos les pasa, que tras catar muchos vinos con ciertas similitudes tiendes a enfatizar lo diferente. La rareza te saca de la monotonía. Esto es mucho más evidente en zonas productoras donde no existe una gran diversidad estilística. Esa monocromía te sume en un letargo sensorial del que sales de golpe cuando llega un vino diferente.

¿Nos pasa a los prescriptores por nuestro trabajo diario o hay algo científico detrás de todo esto?

¿Cuál es el papel que juega nuestro cerebro en todo esto?
¿Cuál es el papel que juega nuestro cerebro en todo esto?

Un metaanálisis publicado en 2026 por Ern Wong y otros investigadores reunió 62 estudios de neuroimagen para analizar cómo responde el cerebro ante la novedad. Los resultados identificaron una red neuronal vinculada a la memoria, la atención y el control cognitivo, distinguiendo entre aquello que nos sorprende sin buscarlo y lo que descubrimos por iniciativa propia. En el vino, esa primera reacción puede explicar parte del interés que despiertan las variedades recuperadas, las elaboraciones poco habituales o los estilos que se salen de lo conocido. Nos acercamos a lo diferente porque rompe nuestras expectativas. 

Otra cosa será si una vez en la copa encontraremos razones para seguir explorándolos.

¿Por dónde puede venir la diferencia?

La diferencia es buena en su justa medida y más si tenemos presente la idiosincrasia del vino. Este mismo año la revista neurocientífica Neuron publicó un interesante trabajo de Sophia Becker, Alireza Modirshanechi y Wulfram Gerstner. En él demostraban que la percepción de novedad depende también de la similitud con aquello que ya conocemos. Nuestro cerebro siempre compara lo nuevo con representaciones previas. Y esa semejanza condiciona la respuesta neuronal y el impulso a explorarlo. 

Aplicado al vino, la idea resulta muy interesante. Una variedad desconocida puede despertar curiosidad si reconocemos la zona. Una elaboración poco habitual puede resultar atractiva si conocemos al productor. Una etiqueta rompedora puede funcionar si seguimos entendiendo que aquello es una botella de vino. Quizá no buscamos tanto lo desconocido como aquello que se diferencia de lo conocido sin dejar de resultarnos comprensible.

La novedad nos empuja a explorar

Un estudio publicado en 2025 llegó a una conclusión todavía más curiosa. En un experimento en el que los participantes buscaban recompensas, éstos siguieron explorando zonas novedosas incluso cuando hacerlo ya no resultaba necesariamente rentable. Esta conducta se explica más mediante el impulso hacia la novedad, más que a la simple búsqueda de información o a la sorpresa.

Esto tiene una traducción directa en el vino y muy especialmente en nosotros los prescriptores. Pues cuando descubrimos una botella extraordinaria de una zona más desconocida, no solo encontramos un vino, sino que vemos el potencial de crecimiento que esa zona plantea gracias a ese vino en particular. Los vinos revelación son un buen ejemplo de lo que aquí comento. En estos casos la primera botella es la que tiene el potencial de cambiar nuestro mapa mental del vino.

En una cata profesional, después de veinte vinos que responden a un patrón parecido, aquel que se desvía del patrón adquiere inmediatamente una capacidad de atracción mayor.

No necesariamente porque sea mejor, sino porque obliga al cerebro a detenerse y replantear la situación. Esto mismo nos pasó con los primeros vinos blancos de corte oxidativo que empezaron a florecer en Priorat hace ya más de una década. La novedad nos llevó a pensar inicialmente en un defecto oxidativo al que prestamos mucha atención. La tendencia nos hizo entender que se creaba una nueva tipología de vinos igualmente interesante, primero por su diferencia, pero respaldado por la complejidad que podía ofrecer.

No todo el mundo quiere lo nuevo

En 2025, Celia Criado, María Ángeles Pozo-Bayón, Laura Domínguez, Virginia Fernández-Ruiz y Carolina Muñoz-González estudiaron la neofobia hacia el vino (miedo o rechazo a probar cosas nuevas) en 376 consumidores españoles. Los consumidores con mayor resistencia a los vinos nuevos mostraban menor frecuencia de consumo y mayor inclinación hacia vinos afrutados y suaves, mientras que los menos neófobos presentaban una mayor disposición hacia otros estilos. Por lo que se ve la novedad es una invitación para unos consumidores, mientras que para otros es una advertencia.

Y quizá aquí esté una de las claves para el vino de nuevo cuño. No se trata de hacer que todo sea nuevo, ni tampoco de conservarlo todo como siempre se ha hecho. Se trata de encontrar la distancia adecuada entre lo conocido y lo desconocido, aprovechando lo mejor de cada mundo.

El consumidor necesita diferencias para no aburrirse, pero también referencias para no perderse. Por eso la innovación más interesante no es siempre la que rompe con todo, sino la que introduce una nueva lectura sobre algo que creíamos conocer.

    Escrito por Javier Luengo, director editorial de Peñín