Los 100 puntos: La Bota de Manzanilla Pasada Nº 130
La Bota de Manzanilla Pasada Nº 130 alcanza la máxima puntuación en la Guía Peñín 2027.
Tipo: blanco fortificado
Variedades: pedro ximénez
Productor: Toro Albalá
Zona de producción: DO Montilla-Moriles
Don PX Ginés Liébana 1943
Pocos estilos de vino representan tan bien el valor de la paciencia como los grandes Pedro Ximénez de añada. El Don PX Ginés Liébana 1943, distinguido con 100 puntos este año, pertenece a una categoría de vinos que forman parte del patrimonio enológico español.
Este reconocimiento no responde a la excepcionalidad de conservar un vino durante más de setenta años en tan buen estado. Lo realmente extraordinario de este vino es comprobar cómo una crianza estática tan prolongada ha conseguido algo sumamente difícil: transformar una materia prima de enorme concentración en un vino de equilibrio casi perfecto.
Los Pedro Ximénez suelen asociarse a una imagen de opulencia, dulzor intenso, textura densa y potencia casi inabarcable. Este vino demuestra que también se puede recorrer otro camino. La dulzura sigue presente, como corresponde a una elaboración nacida de uvas Pedro Ximénez pasificadas, pero deja de ocupar el centro de la escena. El tiempo ha ido ordenando cada elemento hasta construir un conjunto donde nada sobresale por encima del resto: café, avellanas, canela, incienso….
Antonio Sánchez Romero
Esa es, probablemente, la mayor virtud de una crianza estática bien ejecutada. Durante más de 79 años, el vino permaneció en botas de roble americano, sin mezclarse con otras cosechas y evolucionando lentamente en distintos espacios de la bodega, mientras la oxidación pausada fue afinando el perfil del vino hasta alcanzar una complejidad difícil de reproducir por cualquier otro método.
Detrás de esta forma de entender el vino está la filosofía de Toro Albalá. Ya en 1922, José María Toro Albalá comenzó a conservar vinos con la convicción de que el tiempo podía convertirlos en auténticas joyas enológicas.
Décadas después, Antonio Sánchez Romero llevó esa idea aún más lejos, reivindicando los Pedro Ximénez de añada como uno de los grandes patrimonios de Montilla-Moriles.
La copa de este vino confirma toda una sensación de armonía. El color caoba oscuro, con reflejos yodados, anticipa una enorme profundidad. La nariz se despliega lentamente con notas de fruta pasificada, piel de naranja confitada, avellanas, café aromático, canela y otras especias dulces que aparecen de forma sucesiva, sin atropellarse.
En boca resulta cremoso y untuoso, largo y concentrado, pero sorprende por una cualidad mucho menos habitual en este estilo: la ligereza con la que recorre el paladar. Un delicado amargor y una afinada acidez equilibra el dulzor y aporta tensión al conjunto, evitando cualquier sensación de pesadez.
Esa convivencia entre concentración, frescura y profundidad explica buena parte de su grandeza.
Se trata de un vino que invita a volver una y otra vez a la copa, porque siempre ofrece un matiz distinto. Este cien puntos habla de excelencia de un vino desde su calidad, pero también de algo más valioso: de la vigencia que siguen teniendo los vinos tradicionales cuando el equilibrio se convierte en su principal argumento.
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