Una absoluta genialidad de Fernando Ortiz y Cristina Alonso, propietarios del proyecto Territorio Luthier, que dinamitan cualquier prejuicio absurdo sobre la longevidad de este perfil. Que un clarete alcance la categoría de Gran Reserva es una declaración de intenciones que busca igualar al rosado con los vinos tintos de mayor envejecimiento. En esta añada 2021, la bodega demuestra un dominio absoluto de la cofermentación tradicional, combinando la uva tinta con el porcentaje justo de variedades blancas y sometiendo el conjunto a una afinada crianza que alterna el hormigón con el roble español.
Se trata de un clarete muy diferente por el aporte oxidativo de este roble, con notas dulzonas de su crianza muy bien ensambladas con un vino afilado y vertical. Una mezcla entre lo contundente y lo afilado. El resultado en la copa es un vino de una complejidad sobrecogedora. Un clarete serio, de profundo calado gastronómico, que busca un perfil de clarete nuevo del que nunca se ha escrito antes.